España, 09-12-2016

Sucesos extraños; reflexiones de un mal pensado (III)

Juan Carlos y su hermano Alfonso

Juan Carlos y su hermano Alfonso

Mi Columna
Eugenio Pordomingo (31/8/2016)
Como imagino que habrán leído las dos anteriores columnas, vamos a adentrarnos en las entretelas del trabajo de los sicarios en España, que aunque no tienen virgen que les ampare -como si dicen tener sus homólogos colombianos-, aquí ha sido un trabajo muy bien remunerado, sobre todo si el patrón que encarga el trabajito lo hace por “razones de Estado” y en nombre de tal.

Comenté algunos de los extraños óbitos, acaecidos en España, por ejemplo las cinco muertes de personas relacionadas estrechamente con el ´caso Gürtel`, la del fiscal jefe de Lugo, Juan José Begué, que llevaba sobre sus espaldas recientes casos de corrupción político-empresarial en Galicia con conexiones en España; más lejano el de los cinco asesinados (puede que hubiera más) por el ´caso REACE´ (millones de litros de aceite “desaparecidos” en la localidad de Redondela); el del almirante Luis Carrero Blanco (´Operación Ogro´) en diciembre de 1973, con extrañas conexiones entre ETA, CIA y servicios secretos españoles de la época.

Me dejé en el olvido, pero ahora lo resumo, un óbito aristocrático. Acaeció en el año 1956. No está nada claro qué pasó aquel fatídico 29 de marzo de aquel año. Nunca hubo una investigación oficial. Aquel día, murió Alfonso de Borbón, hermano del rey de España, Juan Carlos I, ambos hijos de Don Juan de Borbón, hijo de Alfonso XIII. “Alfonsito”, como así se le conocía, falleció a consecuencia de un disparo en la cabeza, mientras los dos hermanos jugaban con una pistola. Eso al menos es lo que figura en el comunicado que hizo la embajada española en Portugal.

Lo que pasó aquel día sólo lo sabe el rey de España y, probablemente, se llevará a la tumba ese sórdido secreto. Por entonces, Juan Carlos tenía 18 años, y 15 su hermano “Alfonsito”. Siempre se ha dicho que Juan Carlos era menor de edad cuando ocurrió el suceso, pero es incierto. No hace falta ser lumbreras en matemáticas para deducirlo. Juan Carlos nació el 5 de enero de 1938 y el “accidente” tuvo lugar el 29 de marzo de 1956. Ho hace falta echar ni siquiera la cuenta de la vieja.

La extraña muerte aconteció en la mansión La Giralda en la localidad portuguesa de Estoríl, lugar de residencia de Don Juan, Conde de Barcelona. Se dice que Don Juan hizo jurar a su hijo Juan Carlos, ante el cadáver de “Alfonsito”, que él no había tenido culpa alguna y que el disparo fue un mero accidente. Algunos historiadores afirman que esa escena tuvo lugar durante el funeral. Pero lo que sí parece cierto es que Don Juan le exigió ese juramento.

El comunicado de prensa de la embajada rezó así: «Estando el infante don Alfonso de Borbón limpiando una pistola de salón con su hermano, la pistola se disparó, alcanzándole en la región frontal, falleciendo a los pocos minutos. El accidente sucedió a las veinte horas y treinta minutos al regresar de los oficios del Jueves Santo, donde había recibido la sagrada comunión».

El régimen de Francisco Franco ocultó la noticia a los españoles, ya que no era conveniente que el pueblo albergase duda alguna de quien iba a ser su sucesor. El régimen de  Salazar hizo otro tanto en la vecina Portugal.

Y ahora –tema híspido- la muerte de Francisco Herrero Teje­dor y de otros prebostes de la época. Nos encontramos en plena vorágine por acceder al poder antes de que llegue la democracia. Desde la perspectiva del régimen había tres candidatos que reunían las suficientes condiciones para ser Presidente del Gobierno: Fernando Herrero Teje­dor, Torcuato Fernández Miranda y Alejandro Rodríguez de Valcárcel. Pero los tres desapare­cie­ron sin haberlo sido.

Estamos en 1975. Para aumentar la confusión reinante, el 12 de junio de ese año, fallecía en accidente de circulación el Ministro Secretario General del Movimiento, Fernando Herrero Tejedor. Su coche oficial se estrelló contra un camión en el kilómetro 108,400 de la carretera de Madrid a la Coruña (N-VI), en el cruce de Adanero. El general Franco conoció la noticia mientras presenciaba la corrida de toros de la Beneficencia. Y Adolfo Suárez, por entonces Vicesecretario General del Movimiento, se hizo cargo del puesto que dejaba Tejedor, un escalón para acceder a la presidencia.

Eugenio Pordomingo

Eugenio Pordomingo

Un rumor creciente se hizo eco de lo extraño del siniestro, pero es casi seguro que jamás se sepa si fue fortuito o no. Indudablemen­te, Tejedor era una de las personalidades más importantes del momento, que mantenía una postu­ra muy sólida y definida en esa etapa de la pre-transición española.

A pesar de que en el régimen parecía que todo “estaba atado y bien atado”, para ello se habían preparado “soluciones muy genero­sas e integradoras”, no todos estaban de acuerdo y, lógicamente, surgieron algunos obstáculos muy difíciles de salvar y que, sin duda alguna, erosionaron los resultados de una operación sumamente delicada.

Dejamos para la próxima entrega el fallecimiento de Alejandro Rodríguez Valcárcel (1976), Presidente del Consejo de Regencia; de Torcuato Fernández-Miranda (1980), ex presidente de las Cortes y del Duque de Cádiz, Alfonso de Borbón y de Dampierre, acaecida el 30 de enero de 1989. Su testa fue literalmente segada por un cable, mientras se deslizaba por una pista de nieve en Beaver Creek, Colorado (Estados Unidos).


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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826