España, 22-10-2017

Ni censuramos ni cortamos; al contrario, somos la tierra donde crecen las buenas hierbas

Eugenio Pordomingo

Mi Columna
Eugenio Pordomingo (24/12/2016)
Estaba terminando una de mis Columnas, en esta ocasión sobre el despilfarro de la dote, herencia o préstamo que millones de ciudadanos han entregado a Podemos, cuando hete aquí que me encuentro con una cierta polémica que ha generado la carta de un lector a este modesto periódico digital, llamado Espacios Europeos.

Ayer un lector nos envió un correo electrónico en el que decía tener la “impresión” de que habíamos censurado a Norberto Pico cuando expresaba su opinión sobre lo que acontece y la posible relación en el “conflicto de Siria, los atentados de Berlín y el asesinato del diplomático ruso destinado en Turquía”, y que un servidor “no le dejó terminar lo que estaba diciendo sobre Siria, que repito es una pena”.

El mismo lector nos preguntaba sobre la sección o apartado de Comentarios (donde los lectores vierten sus opiniones), y se preguntaba ¿dónde está?; pues amigo, la quitamos porque nos daba mucho trabajo, y ello nos quitaba de volcar noticias, entre otras cosas. Pero, posiblemente, en poco tiempo, volvamos a insertar ese “buzón”. Entre tanto, nuestros lectores disponen de los correos electrónicos para hacernos llegar sus críticas, opiniones y halagos.

Pero volvamos a lo de la “censura” y los “cortes”. Nos da un poco de reparo contar el motivo de la “impresión” que nuestro lector de Almería ha apreciado como método drástico de impedir que nuestros invitados se exprese como siente y padecen. Nada más lejos de la realidad.

Si ha seguido nuestro digital y los programas radiofónicos, habrá apreciado que no ponemos vallas, obstáculos, muros, cortapisas ni valladares a nadie que, sin recurrir a agresiones verbales o insultos, exprese sus ideas, críticas u opiniones, sobre esto o aquello. No voy a citar la larga lista de artículos, comentarios, reportajes o programas de radio que avalan y ofrecen testimonio  de lo que expongo.

Lo que aconteció en el programa del día 21 de este mes, fue –me da un poco de reparo decirlo- una especie de sainete o mejor una película de Luís García Berlanga, y no lo digo por el contenido del programa que fue, como casi todos, magnífico. Si se ha dado cuenta, querido lector, habrá apreciado que ese día no filmamos la tertulia como últimamente solemos hacer para volcarle en Youtube. Eso tampoco fue censura.

Le cuento, querido oyente. Los programas que se emiten a través de internet y Youtube, técnicamente los realiza Jaime –en este momento desconozco si quiere que se pongan sus apellidos-, pero ese día, el 21 de diciembre, no pudo acudir a cumplir con su cometido; la verdad es que no percibe ni un euro. Buscamos un sustituto, y aquí viene la trama del asunto. Los invitados a la Tertulia Espacios Europeos de ese día, debatimos sobre los temas programados sin darnos cuenta que el regidor sustituto se había quedado frito, o sea, dormido encima de un  sillón. La cámara de video estaba desconectada y por algún error el programa no fue grabado en audio más allá del minuto 55. Quedaban unos 14 jugosos minutos que no habían sido emitidos por algún problema relacionado con el “bello durmiente”.

Cuando nos percatamos del fallo técnico -por no herir la sensibilidad del sustituto no menciono lo que realmente pienso-, casi al unísono gritamos ¡Oiga! ¡Oiga!. Pero nuestro clamor no le llegaba al regidor sustituto.  El “incidente técnico”, pareció una escena propia de Berlanga. Tenían que haber visto ustedes a un tío de casi un metro noventa centímetros de estatura, arrugado en un pequeño sillón. Eso sí, con una cara de felicidad, que vayan ustedes a saber en qué o con quién estaba soñando.

La complejidad del asunto técnico quedó resuelta añadiéndole una despedida, final de programa. De ahí que nuestro oyente tuviera la “sensación” de que hubo censura. ¡Hasta ahí podíamos llegar!

Recapacito y ahora me percato de que no sé si el regidor-sustituto estaba durmiendo o dormido. Y eso me trae a la memoria una anécdota real sobre la que escribí. Corrían los tiempos de la llamada Transición Española, y en el Senado había uno de esos plenos en lo que se habla de lo divino y de lo humano. Entre los senadores se encontraba el Premio Nobel de Literatura, Camilo José Cela, que por entonces aposentaba sus posaderas en uno de aquellos escaños.

Don Camilo estaba sesteando en su sillón senatorial, cuando el Presidente del Senado, Antonio Fontán, le recriminó tal actitud:

– ¡Señor Cela, está usted durmiendo!

A lo que el senador elegido por el “dedo” regio, tras un suave respingo, le contestó: “No, estoy dormido…

– ¡Es lo mismo!, le respondió el presidente de la Cámara.

– No, no es lo mismo. No es igual estar durmiendo que estar dormido, al igual que no es lo mismo estar jodiendo que estar jodido.

Florituras del lenguaje y su dominio.

Hoy, por la noche, antes de que nos reunamos en familia, el rey Felipe VI, lanzará a los cuatro vientos, su discurso Navideño. TVE ha dicho que “su Majestad lleva varias semanas preparándolo…”, y una persona que se encontraba a mi lado –obvio su nombre, pues nunca se sabe lo que puede pasar- soltó: “¡Pues sí que es torpe!”. Por si algún despistado no lo ha entendido, se refería a lo que le cuesta revisar y leer unos folios.

En fin, ¡Feliz Navidad, y que los ricos sean menos ricos  y los pobres menos pobres!


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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826