España, 30-03-2017

Fidel también le escribió a Trump

Donald Trump y Fidel Castro.

Donald Trump y Fidel Castro.

Internacional
Marco A. Gandásegui (2/12/2016)
Cuando el presidente de EEUU, Barack Obama, visitó La Habana hace apenas unos pocos meses, sentía que cada uno de sus movimientos era seguido por la mirada atenta del comandante en jefe de la Revolución cubana, Fidel Castro R. Al lado del líder cubano todos los aguerridos guajiros de la isla mayor de las Antillas estaban vigilantes.

Detrás de Obama hay una historia cincuentenaria de invasiones, asaltos, agresiones económicas y humanitarias que le han costado a los cubanos vidas, bienes y felicidad. Un total de 11 presidentes norteamericanos han hecho todo lo posible por acabar con la Revolución cubana. Incluso, antes del triunfo de la Revolución, durante 60 años, EEUU sometió a la isla a una especie de protectorado al servicio de las mafias que controlan el tráfico de ‘blancas’, de ‘drogas ilícitas’ y armas de guerra (aún activas en Norte, Centro y Sur América).

Fidel ha muerto, pero la Revolución sigue viva y es a través de este proceso que mueve a millones de cubanos y a miles de millones de mujeres y hombres en todo el mundo, que el comandante seguirá vigilante y su voz se escuchará por muchas generaciones por venir. Existe la falsa idea en Wall Street, y en las mentes de quienes explotan a los pueblos del mundo, que pueden derrotar a la Revolución cubana penetrando su economía con promesas de espejitos. A cambio de juguetitos, los cubanos deben entregar su soberanía a Washington y, de paso, el gobierno a los especuladores cubanos que ladran sin cesar desde Miami.

Durante su visita a La Habana, el presidente Obama dijo que, “vine aquí para dejar atrás los últimos vestigios de la guerra fría en las Américas. Vine extendiendo la mano de amistad al pueblo cubano”. Fidel le respondió “no, muchas gracias”, en una carta publicada posteriormente. El comandante cubano agregó que “no necesitamos que el imperio nos regale nada. Nuestros esfuerzos serán legales y pacíficos, porque es nuestro compromiso con la paz y la fraternidad de todos los seres humanos que vivimos en este planeta”.

Obama abandona la Casa Blanca en apenas siete semanas. Se lleva con él su estilo de política exterior. En su lugar, aparecerá en Washington el actual presidente-electo, Donald Trump. Tiene un estilo totalmente diferente. El objetivo sigue siendo el mismo: Destruir la Revolución cubana. En vez de la llamada ‘política suave’, Trump inaugurará su estilo de ‘política dura’. Cuestionará todo lo hecho por Obama mediante ‘órdenes ejecutivas’ y amenazará con suspender las relaciones diplomáticas así como las pequeñas ventanas abiertas a los viajeros norteamericanos con destino a Cuba.

Definirá su comercio exterior –incluyendo inversiones en el extranjero– sobre la base de la lealtad política. Con Trump surge la pregunta si su política exterior será diseñada sólo para beneficiar a la fracción de la clase capitalista que controla el Congreso y las oficinas del poder ejecutivo. Puede también estar orientada a apoyar sus propios intereses como especulador.

En 1998, un consultor de Trump viajó a La Habana con una propuesta para abrir una cadena de hoteles, con casinos, clubes y acceso a playas. El gobierno cubano lo rechazó sin mayores consideraciones. ¿Estará el presidente-electo de EEUU pensando en negocios de este tipo? ¿Qué puede ofrecer a cambio? ¿Le pagará a Cuba los miles de millones de dólares que le debe por daños y perjuicios a la economía de la isla? ¿Piensa devolver la Bahía de Guantánamo que ocupa ilegalmente? ¿Levantará el bloqueo contra la isla?

Trump recuerda a sus amigos y enemigos, dentro y fuera de EEUU, que es un ‘dealer’. Es decir, un negociador. Se cree el mejor negociador del mundo. Al pueblo norteamericano le prometió que una vez en la Casa Blanca haría los mejores negocios para crear más empleo y hacer a “EEUU grande nuevamente”.

Fidel falleció, pero ya le recordó a Trump (cuando le escribió a Obama) que todos los cubanos no se olvidan del “bloqueo despiadado que ha durado ya casi 60 años”. Que “nadie se haga la ilusión de que el pueblo de este país renunciará a la gloria, a los derechos y a la riqueza espiritual que ha ganado con el desarrollo de la educación, la ciencia y la cultura”.

“Somos capaces de producir los alimentos y las riquezas materiales que necesitamos con el esfuerzo y la inteligencia de nuestro pueblo. No necesitamos que el imperio nos regale nada”.

N. de la R.
Marco A. Gandásegui (hijo), es profesor de Sociología de la Universidad de Panamá e investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos Justo Arosemena (CELA)
Este artículo se publica con la autorización de Alainet.org.


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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826