España, 24-05-2017

¡Se jubila Paco!

Francisco Cumbreño, Paco, se ha jubilado.

Mi Columna
Eugenio Pordomingo (5/4/2017)
En mi trasegar de acá para allá –me refiero a ir de casa a Madrid y regreso-, casi siempre suelo hacerlo en autobús, en el 632, de forma habitual, pero a veces en el 635, que da una generosa vuelta desde La Navata, pasando por Torrelodones, hasta que se incorpora a la Nacional VI. Suelo viajar, por eso de acortar distancias, en el 632. Lo prefiero al tren de cercanías, cuya rigidez en los horarios es mucho menor de la que dice la propaganda oficial. O no funciona la megafonía, o los letreros luminosos se han estropeado. O bien, “se comen” algún tren, pero ni siquiera te avisan, al menos en la mayoría de los casos. No es a menudo, pero siempre a diario.

En fin, que soy partidario del autocar o autobús de línea. Suelen ser puntuales, y no sé cómo se las apañan, pero aunque haya atascos, buscan mil y un resquicio por la red de autovías, comarcales. El caso es que puedes contar con bastante seguridad con acudir a tus obligaciones, con cierta seguridad de que no te vas a retrasar.

Por supuesto, esos vehículos van limpios. Me estoy refiriendo a los autocares Julián de Castro. Y qué decir de sus conductores y servicio de atención al cliente. Si llamas para que te informen del horario de recogida de pasajeros en una parada determinada, al teléfono un empleado de la compañía, hombre o mujer, te atiende de inmediato y te informa eficaz y eficientemente.

Seguro que alguno de ustedes, los más críticos o conspicuos, estarán pensando, y éste –en referencia al que suscribe- no se acuerda de los conductores o conductoras. Pues sí señores, sí,  me acuerdo de ellos, y me quito el sombrero –es un decir, pues no suelo portar tal prensa- por su buen hacer. La mayoría, por no decir todos,  suelen ser correctos, amables y, sobre todo, buenos profesionales. Pero hay uno en particular al que me voy a referir y que, por motivos genéticos, abandona la empresa en la que lleva 26 años. Se llama Francisco Cumbreño, aunque se le conoce más por Paco.

Paco deja la empresa porque se jubila, cumple la edad. Afortunado él, que va a cobrar una excelente pensión, algo que según intuyo va a ser problemático para las generaciones venideras.

Conocí a Paco, conductor de Julián de Castro, por casualidad. Fue con motivo de su buen quehacer cuando un matrimonio de avanzada edad y de naturaleza algo deteriorada, sobre todo él, se aprestaba a subir en el autocar de línea que pilotaba Paco Cumbreño. Era en una de las paradas del alto de La Navata. Paco, solicito, les ayudó “volcando” o “ladeando” el autocar mediante un ingenioso y humanitario dispositivo que llevan esos vehículos, a fin de facilitar la entrada a pasajeros con algún tipo de dificultad. Paco no mostró la más mínima prisa, y partió cuando ambos dos depositaron sus cansados cuerpos en los cómodos sillones del autocar.

Yo, que estaba sentado detrás de él, de Paco, le mostré mi agradecimiento en nombre de la pareja –ellos también, por supuesto-, y mantuvimos una breve charla hasta que se bajaron en la parada del Centro de Salud: “Es que tenemos consulta con Don Venancio –se referían a Venancio Díaz Castány no queremos ser impuntuales”, me dijo el marido. Por cierto, entonces reparé en él, y no me pareció ni tan mayor ni tan deteriorado.

Esta anécdota aconteció hace ya algunos años, pues como todos ustedes deben saber, Don Venancio está jubilado, vamos, le han jubilado las leyes, pues considero que es una pena, un derroche y un despilfarro, que personas como él tengan que dejar de laborar, de ejercer su profesión. Estoy por asegurar que cuando él lea esto se molestará, pues ahora se dedica más a la lectura, a escribir y a tocar el violín; sí, el violín. Y de vez en cuando acude a tertulias de coincidentes y amigos. Venancio ha sido, además de amigo, médico de un servidor, de mi mujer y de mi prole, aunque gracias al de Arriba le hemos dado poco trabajo y menos molestias.

Nuestro amigo Paco, que se jubila, creo que el 31 de este mes, ha pasado 26 años de su vida trabajando en la empresa Julián de Castro, como conductor. Según me han contado, ha sido un profesional como la copa de un pino, como se dice por estos lares; no ha sido culpable de accidentes en su largo kilometraje. Vamos, un empleado, un trabajador, que ya quisieran tener en su nómina muchos empresarios. A esa profesionalidad se une su humanismo, demostrado en su trabajo y en su vida particular. He sabido que ha dedicado muchas horas a servir a la Cruz Roja de Galapagar, imagino que como conductor.

Francisco Cumbreño, se jubila en la empresa Autocares Julián de Castro, tras 26 años al volante, el 31 de marzo de este año. Es vecino de Galapagar. En su historial no figuran accidentes, ni multas ni bajas por enfermedad, fuera del típico constipado, y poco más. Nunca una mala palabra; nunca un mal gesto. Y menos, un mal volantazo.

Cuando me comentó hace pocos días que se jubilaba, me relató una pequeña anécdota, que no me resisto a citar: “Recuerdo como Doña Conchita Sanz, la madre de los actuales herederos y dirigentes de la empresa, nos ofrecía un café a los conductores antes de subirnos al autobús. Era una mujer muy culta y fue la que hizo lo posible por incorporar a las mujeres como conductoras en la empresa”, me dijo Paco.

Desde aquí, amigo Paco, yo te mandó un fuerte abrazo y con él mi más sincero homenaje a tu labor. Te has jubilado, pero vas a empezar a vivir de verdad. Ya lo verás.

Recuerda que te vas a retirar del trabajo, pero seguro que no de la vida. A partir de ahora te vas a dar cuenta que nunca tienes un día libre. Que si laboras tu excelente vino, que si atiendes a tus perros, que si el aperitivo… En fin, que vas a estar más ocupado que un destajista.

Ya sabéis, ¡Paco se jubila!

 


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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826