España, 22-11-2017

Sentido metapolítico del castellano o español  (I)

Miguel de Cervantes Saavedra

SinAcritud…
Alberto Buela  (4/8/2017)
Como despedida del 2008 el El País  de España en la edición argentina publicó un artículo a doble página en el centro del diario firmado por Tereixa Constenla titulado “El español, un filón huérfano de prestigio”, en donde se vuelcan una sarta de mentiras a designio que sublevan al más calmo.

Este artículo confirma el título del último libro del pensador español Fernando Sánchez Dragó Si habla mal de España… es español  que a su vez viene de un viejo verso de Joaquín Bartrina que decía así:

Oyendo hablar a un hombre, fácil es
acertar dónde vio la luz del sol;
si os alaba Inglaterra, será inglés,
si os habla mal de Prusia, es un francés,
y si habla mal de España, es español”.

Hablando con amigos colombianos que en esos días nos visitaron recordábamos que tanto en sus escuelas como en las nuestras nos enseñaban que la lengua que hablábamos era el castellano y que el término español designaba  la nacionalidad de los nacidos en España.

Pero la fuerza de las cosas hace que hoy, Internet mediante, se hable de español para referirse a nuestra lengua y no al castellano. En general, en España, Europa y los Estados Unidos se habla de lengua española y en Hispanoamérica de lengua castellana. Para el caso de esta conferencia los términos son intercambiables.

Pero la estulticia, para decirlo elegantemente, de los  que  hablan de su lengua, que es también nuestra lengua[1], es que lo hacen de manera menguada, recogiendo los argumentos de nuestros históricos enemigos políticos: los angloparlantes.[2]

La primera de las razones falsas argumentada por la autora es que “el español es la cuarta lengua más hablada del mundo, detrás del chino, del inglés y del hindi”. Esto, como salta a las claras es falso de toda falsedad, pues el castellano es hablado por 240 millones en América del Sur (incluidos los 20 millones que lo hablan en Brasil), 45 millones en Estados Unidos, 68  millones en América Central y Caribe, y 130 millones en México. Lo hablan 1 millón en Guinea Ecuatorial, Israel y Europa Oriental;  45,9 millones en España, 10 millones en Filipinas [3] y alrededor de 2 millones en Marruecos[4] más 3 millones en el resto del mundo, lo que suma un total de 547 millones de hispano hablantes, con lo cual se desmienten totalmente las cifras divulgadas por el artículo de marras. En este racconto no tenemos en cuenta que el número de estudiantes que lo aprenden en Estados Unidos son algo más de ocho millones, número que supera la población de Cataluña.[5] El aprendizaje del español en las universidades de la Costa Este, es decir, entre los wasp, se disparó estos últimos años.

El castellano, patrimonio común a españoles, americanos y a algunos africanos y asiáticos, es la primera de las lenguas habladas en el mundo, pues el inglés no llega a 400 millones[6] y el chino no es un idioma sino 129 a la vez, de los que se destacan el mandarín, idioma oficial desde la revolución cultural de 1966, el wu, el cantonés o yué, el min, el jin, el xiang, etc.), cuyas diferencias entre sí son mayores de las que existen entre el castellano y el portugués. Pues si a sumar fuéramos- julio de 2017- nosotros contabilizaríamos juntos la bicoca de 831 millones. (Brasil: 211,5 millones; Mozambique: 29,5 millones; Angola: 26,6 millones;  Portugal: 10,5 millones, Timor Oriental: 1,2 millones; Macao: 600 mil; Goa: 1,6 millones; Santo Tomé y Príncipe: 195 mil; Guinea Bissau: 1,9 millones; Cabo Verde: 550 mil).

Además, esto que estamos afirmando no es ninguna novedad, porque buscando en Internet hay muchas páginas que muestran que el castellano es el segundo idioma hablado del mundo, pero estas páginas no hacen la distinción que hacemos nosotros entre las distintas lenguas que se hablan en China.

Bueno, y si así fuera vaya y pase, pero de ahí a afirmar que está en un cuarto lugar y tan lejos en millones de hablantes como sostiene el artículo de El País es una mentira ex profeso y una falta de respeto a los millones que lo hablan y no fueron tenidos en cuenta.

La segunda falsedad es que “el español es la lengua de 18 países”. Solo en América somos 19 países, a saber: Argentina, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Cuba, Chile, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay y Venezuela. En Europa está España y en África, Guinea Ecuatorial y lo que queda de la República Saharaui. De modo tal que no son 18 los países de lengua castellana sino 22. No es pequeño  el error cuando se comete sobre cifras tan menudas y precisas, lo que denota una intención para desviar y desvirtuar los datos objetivos y reales. Y así a renglón seguido afirma “la gallega”[7] que “no tenemos datos confiables del español pero si del inglés”. Lo que confirma que la que no es confiable es la autora y el diario que le publica con los datos que maneja y tergiversa.

Y para fundamentar su tesis de que el español padece de una capitis diminutio congénita trae la opinión de un compatriota suyo, Antonio Muñoz Molina, alguien que dirigió  el Instituto Cervantes de Nueva York, quien afirma suelto de cuerpo: “soy escéptico sobre la futura relevancia social, cultural y política del español veamos sino la escasa calidad de la TVE Internacional nada que ver con la parrilla exterior de la BBC de Londres”.

Otra falsedad más, la Televisión Española Internacional (cualquiera que tenga TV por cable lo puede apreciar) es de una calidad poco común y superior a la media de los canales internacionales alemanes, franceses, italianos o ingleses que, en general, gastan su tiempo en programas de entretenimientos y musicales.

El problema de los canales internacionales de noticias no es el mayor o menor apoyo tecnológico que, en general, es parejo para todos sino la producción de sentido de las noticias que se levantan y las que se dejan pasar sin más. Y en esta “producción de sentido” la Televisión Española Internacional adopta “el sentido” de las cadenas anglo-norteamericanas. Y esto es lamentable, pues a ojos vista se ha producido una nefasta  “americanización” de esta televisora.

El nacimiento del Español.

No es quejándose de “la escasa calidad” como se supera la calidad sino haciendo y produciendo calidad. Si el español no sirve como lengua mediática no es por el castellano en sí, sino por la incapacidad de sus usuarios.

En este sentido el trabajo a contrario sensu  de su objetivo principal que lleva a cabo el Instituto Cervantes es lamentable. En su momento le tocó el turno a la directora del Instituto, Carmen Cafarell, quien muy suelta de cuerpo afirmó al presentar el Anuario el español en el mundo que “en Brasil el español ocupa el cuarto puesto como lengua extranjera en dura competencia con el italiano y el chino mientras que el francés y el alemán retroceden en sus posiciones”.  ¿Pero quién asesora a esta señora, los ingleses? Esto es una mentira ex profeso, es una mentira a designio.

Vamos a responderle palabra por palabra para que no queden dudas. En Brasil el español no es considerado una lengua extranjera sino una lengua cohabitante con el portugués. La cohabitación de ambas lenguas se prueba y se ve en el hecho que en las universidades del Brasil no exista profesor que no hable el castellano. Incluso en bastas regiones del sur del país –Río Grande do Sul, Santa Catalina y Paraná– se lo habla popularmente como portuñol, ningún turista tiene necesidad de traductor. En Brasil lo hablan muy bien veinte millones de brasileños.

La segunda observación es que el español no está cuarto en la enseñanza de lenguas extranjeras sino primero puesto que es obligatoria su enseñanza en todas las escuelas del país, tal como lo estableció el gobierno de Lula en el 2007, reemplazando los acuerdo que había firmado Francois Mitterand con Sarney privilegiando la enseñanza del francés allá por los años 80. Se acaba de crear la Universidad del Mercosul/sur cerca de la triple frontera entre Brasil. Argentina y Paraguay donde la enseñanza es indistintamente impartida en ambos idiomas.

La directora Cafarell tendría que tomar nota de lo que está ocurriendo en Brasil y sus planes de proyección suramericana para luego emitir un juicio medianamente serio. El esfuerzo ciclópeo del gobierno de Itamaraty para transformase en el representante del los intereses de la América del Sur lo lleva a privilegiar la enseñanza del español por sobre cualquier otra lengua. Lo lleva incluso a proponer a la Academia brasileña de letras la eliminación de los idiotismos del portugués (por ejemplo, la cerilla) que lo alejan del castellano para que se haga más comprensible nuestra lengua por parte de ellos.

La directora termina sosteniendo la vieja tesis de la Ilustración francesa utilizada por los enciclopedistas enemigos de España, que “el español no es una lengua científica”. Son las mismas tesis que sostenían, que en América los indios no son fuertes porque no tienen barba o nuestros pumas son menos peligrosos que los leones porque no tienen melena. Las tesis de Paw y el conde de Boufon, las tesis de Hegel y de tanto ilustrado suelto de los siglos XVIII y XIX.

Estos carajos, otro epíteto no se me ocurre, no tienen ni siquiera en cuenta los esfuerzos ciclópeos de un Ramón Cajal, de un Alberto Gaviola, de un Cecilio del Valle, de un Rey Pastor, y de tantísimos científicos e investigadores de primer nivel mundial que han fijado nomenclaturas científicas de todo tipo y en todos los campos. Incluso en Internet, ¿no se le ocurrió siquiera pensar a la directora quien dispuso que fuera la arroba (@), la cuarta parte de un quintal, el signo fundamental de los correos electrónicos? Ni que decir que el castellano puede como todas las lenguas romances nominar y denominar perfectamente por sí toda la nomenclatura científica que por convención es griega y latina.

Cualquiera que haya estudiado seriamente griego y latín, nuestra larga experiencia avala lo que decimos, sabe que los que hablamos castellano tenemos una ventaja exponencial en el aprendizaje y manejo de estas lenguas respecto de los franceses, ingleses o alemanes. Tanto en la escritura pero sobre todo en la pronunciación que se torna en ellos casi ininteligible. Por  ejemplo, un francés pronuncia maximum  “maximó”, un inglés “máximu” y un alemán “maxíma”, ninguno de ellos “máximum” como debe ser pronunciado el término.

El último filósofo que tuvo España, don Gustavo Bueno, sostenía cuando estuvimos en Oviedo allá por el 2012, que el concepto de nada logra su expresión más acabada en lengua española.

Si poco sabemos qué es lo que sucede en nuestra Argentina menos podemos conocer sobre aquello que sucede en España, pero todo indica, y ya van varios años que venimos siguiendo esa política pusilánime sobre el castellano, que a las autoridades del Instituto Cervantes mas valdría tenerlas por enemigas que por amigas.

Es de lamentar, es una verdadera pena que las escuálidas arcas del Estado español se vean menguadas por funcionarios que no cumplen con su tarea, o lo que es peor aún, realizan una tarea a la inversa de la propuesta.

Plagiando a Rubén Darío les decimos: Tened cuidado funcionarios. ¡Vive la América española!. Hay mil cachorros sueltos del León Español.

Por supuesto, que ni una palabra siquiera a la dimensión antiimperialista del castellano como lengua de pueblos oprimidos por el imperialismo anglo-norteamericano.[8] Porque para “los gallegos” como el presidente Rajoy el imperialismo no existe, por ello se jacta de imponer el inglés como segunda lengua en todas las escuelas, mientras que un sindicalista pobretón como Lula, reemplazó al inglés por el castellano como enseñanza obligatoria en todas las escuelas primarias y secundarias del Brasil. Claro está, unos renuncian a la capitalidad de un mundo que habla su propia lengua en homenaje a la lengua de sus enemigos históricos y otro quiere asumir la capitalidad de una ecúmene, la iberoamericana, que habla casi la misma lengua suya. En unos hay y se denota un esfuerzo gigantesco por instalarse con un lugar en el mundo y en otros una desidia producto de la autodenigración que los lleva a un seguro suicidio.

Por último, ¿tienen derecho españoles como la directora y el diario El País a bastardear temas importantísimos como lo es la lengua oficial de 20 países, más allá de España? No, no tienen ningún derecho porque es un tema delicado, valioso y que involucra los sentimientos de más de 547 millones de personas. Eso sí, tienen la obligación de tratar “seriamente” el tema de nuestra lengua común porque no se puede renunciar gratuitamente a una capitalidad de la lengua que, aunque no la quieran ejercer, les corresponde, al menos, históricamente.

Alberto Buela

El músico que competía con Mozart, Salieri se queja a Cristo y arroja el crucifijo al fuego diciendo: Toma, esto es lo que te mereces, porque me diste la vocación pero no los talentos. Todo indica que España marcha al revés de Salieri, tiene los talentos y tantos y tan grandes que posee, pero parece ser que no tiene la vocación de tomar el toro por las astas y ocupar un lugar de liderazgo en un mundo al que pertenece raigalmente y que le pertenece desde el fondo de la historia y desde el corazón de nuestros pueblos.

Modificado, el viejo proverbio podemos afirmar que: Dios le da pan a quien no quiere usar los dientes.

[1] Ocho de cada diez hablantes estamos allende el Atlántico.

[2] Por si no lo saben tres mil criollos colombianos al mando de Blas de Leso derrotaron a la armada inglesa de veintitrés mil hombres al mando de Vermont en 1741 en Cartagena de Indias y criollos argentinos al mando de Santiago de Liniers derrotaron también a los ingleses en 1806 y 1807 en Buenos Aires. El enfrentamiento con Inglaterra viene de lejos.

[3] Sin contar los que hablan el tagalo o el chabacano que, por ejemplo, cuando saludan dicen: kamustá= cómo está y así tiene unas 8000 palabras en castellano. Claro está, que no hablan como nosotros pero cuando el Papa Francisco estuvo en Filipinas habló todo en español, porque se percató que hablando italiano no le entendía nadie.

[4] El Instituto Cervantes sostiene que son solo 6.586 personas

[5] Lafuente, Fernando R.: El idioma es el petróleo de España, diario ABC, 1/3/2013

[6] Nigeria con 191 millones que declara el inglés como lengua oficial reconoce 510 lenguas vivas. El inglés es “coto exclusivo de una pequeña minoría”, afirma Google.

[7] En Argentina es costumbre denominar a todos los españoles “gallegos”, pero no en forma peyorativa sino por brevitatis causa. Lo cual nos evita entrar en una polémica infinita, que nos es extraña, como la interminable entre los distintos regionalismos españoles, que se nos hace incomprensible.

[8] Nos llegó una carta del un gallego a pie firme, Don Alfonso Paz González, que nos dice: “En Galicia se ataca continuamente el idioma nacional o castellano. Pretenden que las clases en los colegios y universidades sean en gallego. Los padres se oponen alegando el problema que tendrán sus hijos si se les ocurre matricularse en otra universidad fuera de Galicia, pero ellos tiran hacia delante a sabiendas que el gallego aportuguesado, si algo destacó literariamente, ha sido los lloriqueos de Rosalía de Castro y alguno más, pero no resuelve nada a una región de emigrantes como esta. (carta personal, Ourense, 29/12/2008).

Con ocasión de estos trabajos y buscando datos en Internet me llamó la atención que las peores páginas sobre el castellano están en catalán. Es lamentable, porque el catalán les puede servir a los catalanes para expresar sus sentimientos más profundos y los matices más hondos de sus ideas, pero a nadie más. De la misma manera como les sirve el lunfardo a los 14 millones de habitantes de Buenos Aires, pues una cosa es decir “chamuyar” y otra muy distinta es decir “hablar”. Pero la lengua con funcionalidad política e ideológica frente al mundialismo, la homogeneización cultural y la globalización es para nosotros de estirpe hispana el castellano, y el que no entiende esto, no entiende nada.


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