España, 20-05-2018

La música de siempre, pero con distintos concertistas

Mi Columna
Eugenio Pordomingo (11/2/2018)
Alguna prensa ha publicado, que no informado, que el Gobierno Español “quiere mejorar la democracia y los derechos humanos en Guinea Ecuatorial”, olvidando que ese país africano es independiente desde el 12 de octubre de 1968. España ha podido –y ha tenido miles de ocasiones- tratar de influir e incluso presionar para que en Guinea Ecuatorial se instalase la democracia y la libertad, y en consecuencia una mejora en la calidad de vida de sus habitantes, pero ha tirado por la vereda de lo contrario: llevarse bien con el dictador que la Madre Patria colocó a través del llamado Golpe de Libertad, eufemismo que camufla un cruento golpe militar.

Todos los gobiernos españoles, con la casi segura excepción de Leopoldo  Calvo Sotelo –que casi nadie recuerda que fue presidente del Gobierno de España- han mantenido una doble política con el dictador guineano Teodoro Obiang Nguema. Por un lado, apoyar a la oposición guineana en España –moderadamente, claro- y por otro, tratar de llevarse lo mejor posible con el dictador, sobre todo en los asuntos de negocios.

Pero al final, el dictador siempre les hacía cambiar de opinión y todos, todos, terminaban “constataban” que la situación en Guinea Ecuatorial iba mejorando. Y de esta guisa, el dictador seguía dirigiendo su país con mano dura y acumulando capitales. Y España, por su parte, permanecía apoyándole en el exterior. Un ten con ten que beneficiaba a políticos sin escrúpulos y empresarios ocasionales de la misma ralea.

Cuando la situación se ponía un tanto oscura –exceso de muertes, torturas o expolios- el gobierno español de turno, presionaba un poco a Obiang, mostraba cierta crítica en público, con algunas declaraciones, como “no toleraremos” o similares. Pasaba el tiempo, y todo volvía a la normalidad.

La situación adquiría otros niveles, cuando era Estados Unidos, Francia o la Unión Europea, las que mostraban cierto malestar con el régimen de Malabo. Entonces, la bilirrubina de los opositores subía, “parece que todo va a cambiar”, escribían en sus web o afirmaban en sendas declaraciones, sobre todo en la prensa francesa, pues aquí, ya se sabe… Todo atado y bien atado, la Materia Reservada persiste, aunque el BOE la anulase.

Ahora, en 2018 –se acercan elecciones-, el gobierno española reacondiciona su política de declaraciones. Y con esa filosofía en su maletín, el ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, Alfonso Dastis, afirma que España mantendrá un “diálogo constructivo” con Guinea Ecuatorial para mejorar la democracia y los Derechos Humanos. Olvidando que Guinea Ecuatorial ya no es una colonia española, la semana pasada afirmó ante la  Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de los Diputados, que los ejes de la política española serán la “mejora de las condiciones democráticas” y el respeto a los Derechos Humanos.

Y de nuevo renacen las esperanzas entre opositores, ciudadanos guineanos y europeos expoliados por el régimen creado por España en 1979, de que puede haber un cambio en Guinea Ecuatorial.

Hasta Portugal nos está dando lecciones a toda Europa sobre la posición que hay que mantener con la dictadura guineana.

Pero no hay que perder las esperanzas. La muerte, un día u otro –como a todos- le llegará al dictador. Y entonces –ya está pasando- los cachorros del régimen tomarán totalmente las riendas y la cosa cambiará. Ellos son más refinados, han estudiado, están asesorados. Pero tras las bambalinas, lo mismo, lo mismo.

¡Qué pena!


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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826