
Sin Acritud…
Eva Mayen (17/1/2024)
Tras la abdicación de la reina madre, la reina consorte dijo en voz alta: “ahora o nunca”. Casualmente, un periodista, oculto tras una cortina, pudo escuchar estas palabras.
A la ceremonia de abdicación, la reina llegó en carroza y su hijo Federico en coche. Luego, a la vuelta, intercambiaron los vehículos. La reina cojeaba, pero a la mañana siguiente dejó de cojear mientras se dedicaba a su gran aficionada, la caza, costumbre suya matutina, inalterable.
En los programas de radio, equipos de locutores de ambos sexos, se pasan el tiempo emitiendo carcajadas sobre las propias ocurrencias. Al menos, no utilizan risas grabadas. Los oyentes lo agradecen. No hicieron gracietas sobre Federico de Dinamarca sino sobre la experiencia de un locutor al pisar excrementos de perro: las risas fueron largas y en conjunto, aunque el más carcajeante fue el narrador de la propia experiencia.
Los oyentes, ríen también. Giovanni Papini se planteaba a sí mismo, si era imbécil o no lo era. Albert Camus afirmaba que la estupidez siempre insiste. Johann Erdmann decía que el estúpido solo tiene un punto de vista: el suyo.
Erdmann era optimista. Creía aún en la existencia de puntos de vista. La realidad es que el número de estúpidos totales, carentes siquiera de algún punto de vista, va superando de forma acelerada a los semiestupidos.
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Albert Camus, Coronación de Federico de Dinamarca, Federico de Dinamarca, Giovanni Papini, Johann Erdmann




