Arrodillarse en defensa de la justicia

Colin Kaepernick, jugador de fútbol americano.

Estados Unidos
Amy Goodman y Denis Moynihan (4/10/2017)
En agosto del año pasado, un valiente atleta llamado Colin Kaepernick adoptó una postura de protesta: no ponerse de pie. El mariscal de campo de los San Francisco 49ers permaneció sentado mientras sonaba el himno nacional previo a un partido de la Liga Nacional de Fútbol Americano de Estados Unidos (NFL, por su sigla en inglés). “No me voy a parar para demostrar mi orgullo por la bandera de un país que oprime a las personas negras y de color”, declaró ante NFL.com. “Esto va más allá del fútbol americano. Hay cadáveres en la calle y personas con licencia paga que quedan impunes del asesinato que cometieron”, agregó, en referencia a la creciente cantidad de hombres afroestadounidenses abatidos impunemente por la policía. Como Rosa Parks, Colin Kaepernick se sentó y se negó a levantarse. Y como Rosa Parks en ese autobús de Montgomery hace más de 60 años, Colin Kaepernick dio inicio a un movimiento.

“Lo que hizo Colin no fue un ataque contra el himno, ni contra los militares. Ni siquiera fue un ataque contra la policía. Fue un ataque contra la injusticia”.

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