Cortando manos y exterminando a millones de personas: cómo el rey de Bélgica estableció un régimen de terror en el Congo para enriquecerse

Castigo corporal de un esclavo.
Wikipedia / CC 3.0

Internacional
Espacios Europeos (19/6/2020)
Se calcula que entre tres y más de 20 millones de personas murieron víctimas del régimen establecido por Leopoldo II en el llamado Estado Libre del Congo, que el monarca administró como su propiedad privada a finales del siglo XIX y principios del XX.

A medida que en EE.UU. y otros países se desarrollan protestas contra el racismo y la brutalidad policial, en Bélgica la ira de los manifestantes se dirige contra el símbolo histórico de las atrocidades de la política racial: el rey Leopoldo II.

Una petición que exige eliminar todos los monumentos al monarca en la capital del país, Bruselas, ha sido suscrita ya por más de 42.000 personas desde el lunes. Otra petición análoga, dirigida a las autoridades de la ciudad de Ostende, cuenta con más de 7.000 adhesiones.

Entre tanto, varias estatuas de Leopoldo II han sido atacadas en distintas partes del país. Por ejemplo, en Gante un busto del rey fue cubierto con una tela con la inscripción ‘I can’t breathe’ (‘No puedo respirar’ en inglés), las últimas palabras que pronunció el afroestadounidense George Floyd antes de morir como consecuencia de la brutalidad policial en Mineápolis. En un suburbio de Amberes, un grupo de desconocidos prendió fuego a una estatua del monarca.

Para entender la repulsión que sienten algunos belgas hacia la figura del rey, hay que echar un vistazo a la colonización del Congo, considerado por varios contemporáneos e investigadores como uno de los peores ejemplos del colonialismo europeo.

Administrar el Congo como una propiedad privada
Nacido en 1835, Leopoldo II ascendió al trono en 1865 y gobernó Bélgica hasta su muerte en 1909. Casi la mitad de este periodo, entre 1885 y 1908, fue el monarca absoluto y el único propietario del Estado Libre del Congo, que gestionó como una posesión privada con el beneplácito de las otras naciones europeas con intereses coloniales en África.

A pesar de que formalmente el objetivo del proyecto era ‘civilizar’ a los habitantes locales y mejorar sus condiciones de vida, pronto la empresa se redujo a la explotación ilimitada de las riquezas de la enorme colonia, 80 veces más grande que Bélgica.

Debido a la falta de contabilidad, el volumen de los recursos extraídos por los funcionarios del monarca, que nunca puso un pie en el Congo, sigue siendo desconocido. Se estima, sin embargo, que en los 23 años que el territorio africano estuvo bajo la dominación personal de Leopoldo II el rey ganó cerca de 220 millones de francos de la época, equivalentes a más de 1.000 millones de dólares de hoy.

El corazón de las tinieblas
Estos niveles de explotación podían lograrse solo mediante un régimen de terror generalizado y con la ayuda de la impunidad de los oficiales europeos. En el Congo de Leopoldo II eran comunes prácticas como la toma de rehenes entre la población local, así como los castigos corporales, las mutilaciones y las expediciones punitivas contra aldeas que no hubieran cumplido la cuota de producción de marfil o caucho.

A partir de los años 1890, varios contemporáneos —entre ellos Anatole France, Mark Twain y Arthur Conan Doyle— denunciaron el régimen de terror establecido en el Congo. El texto más famoso que refleja las atrocidades que se cometían diariamente en la colonia privada del rey belga es la novela ‘El corazón de las tinieblas‘, del escritor británico nacido en el Imperio ruso Joseph Conrad.

Antes de que una campaña pública internacional obligara a Leopoldo II a vender su posesión africana al Estado belga, su existencia resultó en la muerte de una gran parte de la población congolesa.

A falta de censos, el número exacto de las víctimas del régimen colonizador se desconoce, aunque las estimaciones varían entre tres y más de 20 millones de personas.

Ciertamente, con una pérdida de población estimada en 10 millones de personas, lo que sucedió en el Congo podría razonablemente llamarse la parte más asesina del reparto europeo de África.
Adam Hochschild, historiador

“En Berlín no hay estatuas de Hitler”
En ese contexto, es comprensible que una parte de la sociedad belga repudie la figura de Leopoldo II.

Muchos turistas vienen a Bruselas cada año. ¿Es esta realmente la imagen que queremos darles de esta ciudad?“, dijo al diario belga De Standaard el impulsor de la petición, Noah, un adolescente de 14 años.

Niños y mujeres con manos amputadas como medida punitiva.
Wikipedia / CC 3.0

En Berlín no hay estatuas de Adolf Hitler, ¿verdad? Me molestan las estatuas y me siento mal cuando las veo en Bruselas“, agregó Noah, que asegura que el racismo sigue vigente en el país.

Arrestan en Francia a “uno de los fugitivos más buscados del mundo“, responsable del genocidio de cerca de 800.000 personas.

Apuesto a que todas las personas negras en Bélgica han tenido alguna experiencia relacionada con el color de su piel. Finalmente, después de un tiempo te pones un arnés para dejar de sentir emociones cuando experimentas algo racista. Me temo que es una armadura que tendré que usar el resto de mi vida“, confesó el chico, cuyos padres inmigraron a Bélgica desde el Congo.

Sin embargo, hay otra visión de la polémica. En una publicación en Facebook, el alcalde de Ostende, Bart Tommelein, se negó a retirar las estatuas del monarca, argumentando que esta medida no resolverá el problema.

La eliminación de una estatua histórica no elimina el racismo en nuestra sociedad. Es mejor informar claramente sobre él“, escribió Tommelein.

Fuente: Actualidad RT.



Un explorador belga diferencia la costa de Marruecos de la del Sáhara (y III)

Refugiados Saharauis.

Sáhara Occidental
Joaquín Portillo (31/3/2018)
En el último capítulo de esta serie en la que se han aportado documentos que apoyan las tesis de soberanía por la que combaten los independentistas saharauis en la antigua colonia española, Joaquín Portillo revela nuevos datos y concluye diciendo que el Sáhara Occidental «no ha pertenecido ni pertenece al Reino de Marruecos». «Parece claro incluso -añade- que ni siquiera al norte del río Draa los marroquíes poseían derechos de soberanía sobre la totalidad de los territorios.» Hoy se cumple el tercer aniversario de «los acuerdos de Madrid cuyo resultado final fue el reparto de la colonia española entre Marruecos y Mauritania”.

Desde el año 1900 hasta 1902, Tacquin, a bordo del costero «Federico» especialmente construido para su misión en Las Palmas, surca en todas direcciones las costas saharianas y, gracias al apoyo que obtiene de los tripulantes canarios que le acompañan y de los saharauis que encuentran en las costas del desierto, elabora una completísima carta de la zona, en la que anota las grandes posibilidades de pesca que ofrece el Sáhara occidental y recoge gran cantidad de informaciones de todo orden. El resultado de sus trabajos está recogido en dos importantísimas obras editadas en Bélgica en 1903 y 1904, así corno en diversos artículos aparecidos en revistas científicas y económicas parisienses. Poco antes de morir, en 1966, el científico belga escribe a un amigo:



El Sáhara Occidental era independiente de Marruecos (1)

14 de noviembre de 1975, firma de los llamados Acuerdos Tripartitos de Madrid

Sáhara Occidental
Joaquín Portillo (25/3/2018)
A los tres años de la firma, el 14 de noviembre de 1975, de los llamados «Acuerdos de Madrid» entre el último Gobierno franquista, el anterior régimen mauritano y el presente marroquí, documentos encontrados en los archivos de la Corona belga permiten establecer que, por lo menos, dos Gobiernos europeos (Bélgica y Gran Bretaña) disponían de valiosos argumentos que hubieran modificado, si no se hubiesen hurtado al conocimiento del Tribunal de La Haya, el ambiguo fallo que este tribunal internacional dio a la consulta sobre la soberanía de la ex colonia




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