Todo por el Imperio, nada fuera del Imperio…

Mi Columna
Eugenio Pordomingo (20/11/2009)

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Los actos forzados nunca son buenos ni convenientes. Y en los asuntos de la política, aún menos. A José María Aznar, siendo presidente del Gobierno, le “forzaron”, le “aconsejaron” o le “indicaron” que debía poner o colocar como ministro de Defensa a Eduardo Serra, personaje muy bien relacionado con los chicos que ocupan las oficinas centrales de la CIA sitas en una de las orillas del río Potomac (aunque lo ocupan todo). Otro tanto le aconteció a Aznar con el diplomático Jorge Dezcallar, a quien Él decidió que debía estar al mando del CNI (Centro Nacional de Inteligencia). Y así le fue a Aznar en estas dos áreas, siempre  unidas por un fino cordón umbilical no identificado ni descifrado.

La imposición de Eduardo Serra como ministro de Defensa en el primer Gobierno de Aznar -él tenía intención de nombrar a Rafael Arias Salgado-, fue uno de los asuntos más sorprendentes en aquella quiniela de “designados”. Serra ocupaba por entonces un cargo en la Asociación de Ayuda contra la Drogadicción, una organización cuya presidenta de honor es la Reina Sofía y que en esa etapa presidía el general Gutiérrez Mellado.




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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826

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