España, 13-12-2018

La dudosa diplomacia de Bono en Guinea Ecuatorial

España/Guinea Ecuatorial
Ana Camacho (11/2/2011)bono-obiang-aristegui-y-duran-i-lleida
En un momento clave para la causa de las libertades, en el que dictadores como Teodoro Obiang se sienten amenazados por el efecto contagio de la explosión de hartazgo popular contra los regímenes opresores y corruptos que ha barrido en Túnez y ahora azota Egipto, el presidente del Congreso, José Bono se ha ido de viaje a cargo de los contribuyentes a Guinea Ecuatorial. Como ha dicho en UPyD el responsable de Política Internacional, Fernando Maura, el momento no parece ser el más oportuno, ni siquiera para los intereses de esas empresas española cuya presencia en Guinea dice Bono quiere reforzar con su delegación parlamentaria.

La coartada de que hay que tragarse el sapo y hablar con Obiang por la influencia que ha adquirido en la Unión Africana tras su nombramiento como presidente de honor de la Unión Africana no vale. Obiang ha movido sus hilos, los de las ganancias del petróleo, como lo hizo en la UNESCO para intentar legitimar su régimen. Intenta apuntalarse en la silla mientras el tsunami antitiranos que sopla en el norte del continente africano está ocupado con Mubarak porque, previsiblemente, cuando acabe con él, la ola seguirá la marcha contra otras dictaduras y quién sabe si el siguiente no pudiera ser él.

De hecho, lo primero que hizo al estrenar el título fue marchar a Washington a asistir Desayuno Nacional de Oración. Pensaba probablemente que su nueva condición de representante de todos los africanos iba a hacer cambiar el tono al portavoz del departamento de Estado, Phillip J. Crowley que, pocos días antes, lo tachado inequívocamente de dictador repugnante. Pero, al parecer, lo que le dijeron en Washington es que su nombramiento sólo sirve para desprestigiar a la Unión Africana y restarle fuerza a los argumentos de la legitimidad democrática con la que en Costa de Marfil, por ejemplo, se intenta eliminar Laurent Gbabo y apoyar a su rival Uattara.

Vamos, que después de haber comprobado con Túnez, el poderoso impacto que pueden tener los comunicados que tuitea Crowley a favor de los oprimidos, Obiang debía estar impaciente por ganar voluntades en Washington a favor de comunicados benévolos. Ahora debe estar que no vive porque, a pesar de sus esfuerzos, Obama no quiso hacerse una foto con él en Washington y, evitó su compañía a solas.

Momento ideal, pues, para que desde España se presionase a Obiang para que tome medidas antitsunami. Pero no, por lo visto, el Gobierno de Zapatero ha preferido seguir el mal ejemplo Sarkozy con el derrocado Ben Alí, al que protegió hasta el último momento con planes de envío de fuerzas antidisturbios francesas incluidos (para acabar con la revuelta como Alá manda).

Las declaraciones de Bono, van por el camino contrario, el de animar a Obiang a perseverar en sus crímenes y en la rapiña de los ingresos petroleros. Así que no nos extrañemos de que un día los intereses comerciales de España tengan que apechugar como los franceses en Túnez, con las graves secuelas del rencor del pueblo contra quienes no quisieron escuchar su voz. Quién sabe si entonces no tendremos que pasar por el mal trago por el que están pasando los franceses al descubrir que la sordera de sus políticos tenía mucho que ver con los efectos adversos para el oído de tantas vacaciones y cruceros regalados a costa del contribuyente tunecino.

Por el momento, que Bono no diga que nadie le dijo nada, porque en Malabo el escritor y bloguera Juan Tomás de Ávila Laurel le ha escrito una carta con un duro acuse de recibo: el comienzo de una huelga de hambre con la que pone su vida en manos del presidente del Congreso de los diputados de España. Aquí tenéis la información.

N. de la R.
Este artículo se publica con la autorización de Ana Camacho, periodista, activista intelectual y física, de los derechos humanos, que también se puede leer en su página de internet, enarenasmovedizas.

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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826

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