Walter Russell

Sin Acritud…
Ángel Luis Martín  (1/7/2025)
Todo el mundo conoce o ha escuchado el nombre de Bertrand Russell, a excepción de buena parte de la población (permítaseme la ironía). No hay que demonizar a los ahogados en las redes de las Redes (tiernos pescaditos seguramente bondadosos), los versados y versadas en las concupiscencias amorosas e infidelidades, chismes, bulos y patrañas sin fin.

Son una tropa numerosísima, es verdad; de ahí el peligro.

Es sabido que el idiotismo, antes puesto a buen recaudo y forzado a vivir en sus rincones, ahora se despliega, ufano y envalentonado, a calzón quitado, sin recato alguno.

También del idiotismo forman parte, aquellos que ni por asomo se consideran tales y esto no debe sorprender: se toman en serio, según la matrícula adscrita a su cerebro pasmado y momificado, los vaivenes, las corruptelas del juego político de marionetas para marionetas.

Pero no estamos hablando del conocido Bertrand Russell sino del desconocido Walter Russell.

No hay nada tan atractivo como indagar en los personajes heréticos, ocultados: vaporiza el tedio y la costumbre, oxigena las neuronas que claman por ejercitarse para no sucumbir.

Walter Russell fue coetáneo de Albert Einstein y amigo de Nikola Tesla (admirado por Elon Musk al parecer, cosa que a un redivivo Tesla le produciría retorcimiento de intestinos y vómito salvífico). Tesla le dijo a Walter, sobre las teorías de éste:

“Guárdalas bajo llave en una caja fuerte y escribe que no se abra hasta dentro de mil años, cuando la humanidad, más avanzada, esté preparada para entenderlo”.

Walter Russell fue científico, filósofo, poeta, pintor…Una especie de Leonardo da Vinci.

En el campo científico tuvo la “ocurrencia” de concentrarse en la Causa y no tanto en el Efecto: llevando la contraria a la Ciencia formalista. Según él, el Efecto no es más que una ilusión de percepción, siendo la Causa la verdadera realidad y muy difícil de conocer porque solo percibimos los efectos: el Mundo, el Universo sería mucho más de lo cognoscible por los sentidos: telescopios, microscopios, aceleradores de partículas… (en su época no era posible hablar de materia y energía oscuras que son, en el presente, uno de los más importantes desafíos de la física actual).

Russell se asombraba de la imposibilidad de la repetición exacta de las formas:

“No hay dos hojas de un mismo árbol, dos granos de arena, dos alas de moscas, dos pupilas, dos huellas dactilares o ni siquiera dos gotas de agua exactamente iguales. Y así  es, en toda la Inmensidad…”

El profesor Ken Libbrecht creó dos copos de nieve (cristalización de hielo) prácticamente idénticos en su laboratorio y admitió que no eran exactamente iguales.

Para Russell, esto ocurre con todas las moléculas: jamás se encuentran dos exactamente iguales en todo el Universo, desde el Big Bang.

Y tal cosa, ocurre del mismo modo en el mundo de probabilidades de las partículas subatómicas:

“Seguramente, a una suficiente distancia, también nos parecerían idénticas todas las galaxias”.

Es decir, que percibimos solo los efectos en el mundo subatómico (son los “ladrillos” de toda la Realidad, nosotros incluidos). Según Russell, si fuera posible observarlo, veríamos una eclosión de formas infinitas y distintas (no idénticas).

Sirva este recuerdo del ignorado y ahora recuperado, por los descubrimientos actuales, Walter Russell, para reivindicar la individualidad del ser humano. No se confunda con la individualidad depredadora egoísta que vive de la explotación del prójimo.

Hablamos de individualidad natural humana, no de malformaciones y aberraciones que crean sistemas políticos, económicos, sociales… real y verdaderamente enfermos.

Si sólo nos regodeamos en los efectos y nos lamentamos o simplemente permanecemos en una indiferencia indigna… e ignoramos la Causa, la enfermedad devastadora proseguirá.


Etiquetas:
, , , , , ,