
Sin Acritud…
Agnès Bardon (14/7/2926)
En un momento en que cualquiera puede publicar, comentar y compartir contenidos, la idea de prescindir de intermediarios quizá parezca seductora. Pero se trata de un espejismo. La abundancia de información no garantiza ni su calidad ni su veracidad. Aunque las redes sociales y las plataformas digitales ofrecen posibilidades infinitas para documentar sucesos en tiempo real, llegar a públicos diferentes y dar voz a los menos representados, también plantea enormes desafíos en cuanto a la calidad de la información y la supervivencia del periodismo.
Durante los últimos conflictos o las grandes citas electorales, la circulación masiva de informaciones falsas puso de relieve hasta qué punto la frontera entre la información y la manipulación puede ser frágil. La creación de contenidos generados por IA y los contenidos ‘ultrafalsos’ (deepfakes), que atribuyen declaraciones ficticias a determinadas personalidades, ponen en tela de juicio nuestra facultad colectiva de discernimiento. Lo que ahora está en juego no es únicamente la capacidad de producir o de acceder a la información, sino la de fortalecer el espíritu crítico, distinguir lo verdadero de lo falso, lo esencial de lo anecdótico y los hechos de las opiniones.
Esa es, precisamente, la función del periodismo: investigar, verificar y contextualizar. Pero para realizar esta tarea, es preciso que la prensa disponga de los medios necesarios. Privadas de una parte de sus recursos publicitarios, confrontadas a la erosión de sus audiencias y a la desconfianza de un segmento de la opinión pública, muchas redacciones luchan por sobrevivir. A estas dificultades, cabe añadir las amenazas que pesan directamente sobre los profesionales de los medios. En muchas regiones del mundo, los periodistas mueren asesinados o son víctimas de actos de intimidación, violencia y de procesos penales abusivos.
La defensa de la libertad de prensa no afecta únicamente a los profesionales de los medios: es un compromiso que concierne a la sociedad en su conjunto. Detrás de cada investigación que destapa una injusticia, de cada reportaje que esclarece una crisis o de cada verificación que desmiente un rumor, lo que se compromete es la capacidad colectiva de comprender el mundo. Las modernas herramientas digitales y las nuevas coaliciones de periodistas trabajan mano a mano para analizar sucesos o expedientes de alcance mundial y ampliar las fronteras de la cooperación intelectual, en nombre de la verdad y el bien común.
Las bases del periodismo independiente siguen siendo las mismas, pero el contexto en el que se ejercen se ha transformado profundamente. ¿Qué podemos hacer para que el periodismo perdure y se renueve? ¿Qué nuevas competencias hay que desarrollar para que opere a favor del bien común y de la búsqueda de la verdad? Es urgente dar respuesta a estos interrogantes a fin de preservar un espacio público que esté basado en hechos verificados y en un debate ilustrado.
Agnès Bardon
Jefa de redacción
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Fuente:
Correo de la Unesco
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