El atentado contra Cubillo, las cloacas del Estado y los eminentes

Antonio Cubillo, líder del MPAIAC,

Mi Columna
Eugenio Pordomingo (30/1/2017)
Tan enfrascados estamos en lo cotidiano, y ensimismados en nuestros propios problemas, que marginamos, apartamos de nuestra mente, todo aquello que creemos no nos afecta. ¿Por qué digo esto?  Sencillamente, porque muchos de esos sucesos, escandalosos en su mayoría, afectan en lo más profundo a nuestra calidad democrática. Y, por otro lado, los personajes protagonistas de hechos o acontecimientos acaecidos en tiempos pasados, aunque no muy lejanos, deambulan todavía por estos lares como si lo sucedido no fuera con ellos. A estos personajes les suelo llamar “eminentes”. Ellos ocupan los puestos más altos en nuestra sociedad –generalmente en lo político o institucional-, y están por encima del bien y del mal. Son intocables. Los hay de todo pelaje, condición, ideología y creencia religiosa. Ya se sabe que a esos puestos eminentes, como a las cimas, sólo suben las águilas y las serpientes.

Un sucio asunto nos desvela como actúan. Situémonos en el 5 de abril de 1978 en Argel, capital de Argelia. Mejor, en los prolegómenos de esa fecha. Y conozcamos a un personaje de novela negra, utilizado por eminentes del momento. Me refiero a  José Luis Espinosa Pardo, confidente, espía, y hombre de pocos



La muerte de Rita Barberá y la incredulidad de los “inmovilistas mentales”

Rita Barberá en una de sus últimas imágenes.

Rita Barberá en una de sus últimas imágenes.

Mi Columna
Eugenio Pordomingo (28/11/2016)
El pasado día 23 de este mes, antes de comenzar la grabación de la Tertulia Espacios Europeos, comenté fuera de micrófono, con el resto de compañeros de ese programa, lo extraña que parecía la muerte de la senadora Rita Barberá en un momento en el que sus declaraciones, o un simple enfado ante la prensa, podían alterar el estatus y la buena imagen de más de uno. Alguno de los compañeros que comparte micrófono conmigo, calló; otro puso un gesto de extrañeza; y otro, al que yo llamaría “inmovilista mental” –hombre de cabeza amueblada como se suele decir-, emitió una risita sardónica, como pretendiendo desacreditar las dudas que expuse.

El inmovilismo mental, viene de la escasa formación filosófica que tenemos. La filosofía germina en los cerebros que se preguntan, ¿qué?, ¿cómo?, ¿cuándo? ¿por qué?, etc. El síndrome del inmovilismo, la vagancia mental, no se ha estudiado lo suficiente. Se suele dar en individuos de sesgo miedoso, amarrados y amamantados al sistema imperante, sea cual fuere. Con mentes que no indagan lo que acontece a su alrededor, sea el asunto social o físico, no se hubiera descubierto la rueda ni cómo se movían el Sol y la Luna, por ejemplo. Por supuesto, Cristóbal Colón, que no padecía ese síndrome, se fue en busca de otro mundo, y descubrió




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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826

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