En España, con un 10% de extranjeros, los no españoles son el 53% de las ‘manadas’

Manadas

España
Espacios Europeos (15/4/2019)
Los magrebíes no llegan al 2% de la población pero son el  22% de las ´manadas´.
Desde hace tiempo, el feminismo de izquierdas está llevando a cabo una campaña de criminalización de los hombres, en la que se ha llegado a presentar a todos los varones como violadores en potencia.

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A mí me gusta mucho la lógica, y las generalizaciones me repugnan. Que en un grupo de personas haya un determinado porcentaje de criminales no convierte en criminal a todo el grupo. Quienes hacen esas generalizaciones contra los hombres están cayendo tan bajo como los que culpan a los judíos de todos los males. Lo que sí resulta muy extraño es que entre el feminismo de izquierdas se hagan generalizaciones muy selectivas. Por ejemplo, si un extranjero comete un crimen, según nuestros progres la culpa no es de los extranjeros, sino de los hombres, aunque entre los extranjeros haya mayor proporción de delincuentes.

El Mundo ofrece datos sobre la procedencia de los violadores de las ‘manadas’
Ángeles Escribá
publicó en El Mundo un interesante estudio sobre las 101 “manadas” -los violadores en grupo- que han actuado en España desde 2016. Ese estudio recoge un dato que casi nunca da nadie al abordar esta cuestión: la nacionalidad de los violadores. Cito lo que señala Escribá al respecto, citando como fuente datos del Instituto de Ciencia Forense y Seguridad (ICFS) de la Universidad Autónoma de Madrid: “un 31% de los integrantes de las manadas son españoles, un 49% son extranjeros, grupo en el que destaca el 22% de ciudadanos procedentes del Magreb, principalmente de Marruecos, y el resto está por determinar. Una sobrerrepresentación muy controvertida y muy ocultada“. Una pregunta obvia: ¿por qué se suelen ocultan estos datos?

Los magrebíes no llegan al 2% de la población pero son el 22% de las ‘manadas’
Según datos del INE del 1 de enero de 2018, España tiene 46.698.569 habitantes, de los cuales 4.719.418 (un 10,1%) son ciudadanos extranjeros. Esto significa que el porcentaje de extranjeros entre las “manadas” de violadores quintuplica el porcentaje de extranjeros residentes en España. Por otra parte, la zona del Magreb incluye Marruecos, Argelia, Libia, Túnez, el Sáhara Occidental y Mauritania. Los citados datos del INE sólo proporcionan las cifras de residentes de dos de esos países: Argelia (60.820) y Marruecos (769.050). Juntos suman 829.870 residentes, es decir, que marroquíes y argelinos suman el 1,77% de la población de España. Es decir, que el porcentaje de magrebíes en esas “manadas” multiplica por 12 a su porcentaje entre los habitantes de España.

Un problema de inmigración e integración que no se resuelve ocultándolo
Como ya señalé aquí, las estadísticas hay que tomarlas como lo que son: un indicador de la realidad social, pero no una descripción de cada individuo del grupo en cuestión. Que haya un alto porcentaje de magrebíes entre las “manadas” de violadores no significa ni remotamente que todos los magrebíes sean unos violadores. Esa generalización, como cualquier otra, sería tremendamente injusta. Estoy convencido de que la mayoría de los magrebíes, y de las personas de cualquier otra nacionalidad, son gente honrada que no hace daño a nadie. Lo que sí implican esas estadísticas es que tenemos un problema en materia de inmigración e integración. No es un problema de fácil solución, pero lo que es indudable es que no se puede resolver ocultándolo. Si ciertos colectivos son más problemáticos, esto ha de tenerse en cuenta a la hora de regular los flujos migratorios. No se puede asimilar indefinidamente a personas que vienen de entornos culturales muy diferentes, y en los que la mujer ocupa un papel muy subordinado respecto del hombre, sin que haya consecuencias graves en el país receptor. Esto se está comprobando en otros países de Europa que se encuentran ya en una situación peor que la de España. Estamos a tiempo de evitar que este problema vaya a más. El problema es que algunos prefieren cerrar los ojos y negar el problema. Y así lo único que se consigue es que ese problema engorde.

Fuente: contandoestrellas.





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