Apuntes de la DH (VIII y última parte): La realidad pandemónica y el giro al Nuevo Paradigma

Sin Acritud…
La Excepción (17/10/2021)
Madrid, Dictadura Humanitaria, día 573

En 2021 se han cumplido veinte años del nacimiento de LaExcepción.com (LEx). Un proyecto surgido como «respuesta al totalitarismo emergente», según todavía puede leerse en su lema. Era la primavera de 2001, meses antes del 11-S, el episodio que abrió la puerta definitiva hacia la tiranía globalitaria hoy ya tan presente.

Amparada en esa emblemática fecha, llegó la “Guerra Contra el Terror”, que serviría para legitimar (sin aval de la ONU) las guerras contra Afganistán y contra Irak. O para cobijar múltiples atentados “yihadistas” de oscuro origen, pero también para acosar e intimidar a Irán. Además del pretexto antiterrorista, las campañas bélicas invocaban fines humanitarios, basándose en que los gobiernos oportunamente demonizados (el afgano, el iraquí) violaban los derechos humanos. Aprovechando la estela belicista llegarían también, en 2011, las llamadas “primaveras árabes”. Otra ocasión, bien preparada, para perpetrar nuevas guerras (contra Libia, Siria, incluso Yemen). Esta vez, ya sin pudor, recibieron la etiqueta de “intervenciones humanitarias”.

Entremedias, aparte de alguna crisis económica de consecuencias profundas y buenos réditos para los “mercados”, tuvieron lugar varios amagos de “pandemia”. Eso sí, no hubo empacho en considerarlos mucho más que amagos. Así ocurrió especialmente con la llamada “gripe A” (más de treinta millones de vacunas desperdiciadas en España, p. ej.; luego, un icono mediático acabaría reconociendo, por supuesto tarde, que todo había sido un montaje).

Quienes vivimos de cerca esos años y reflexionamos sobre ellos, no pudimos dejar de sentir que detrás de unos y otros fenómenos (o sea, de la “Guerra Contra el Terror”, del “terrorismo yihadista”, de las “intervenciones humanitarias” y de los amagos de “pandemia”) se hallaban los mismos intereses de una Élite Global empeñada en rediseñar el mundo. Una élite que revestía de humanitarismo (lo denunció Jean Bricmont en lo que a la parte bélica respecta) los pasos que paulatina pero eficazmente la llevaban a sus objetivos. Y así se llegó al año 2020, con una nueva y decisiva vuelta de tuerca (otro acelerón histórico, aún más audaz que el 11-S). Fruto de ella, el presente escenario pandemónico.

Algunos lectores de LEx se habrán preguntado el porqué de llamar “Dictadura Humanitaria” a dicho escenario. Ciertamente la podíamos haber llamado “Sanitaria”, pero ya debiera estar clara la razón de nuestra preferencia. Se trata de subrayar que la “crisis covid” no brotó en el vacío. Se inserta en los acontecimientos y la evolución geopolítica de las décadas previas. Como muestra de que este no es, al menos, un análisis descabellado, recordemos lo que decíamos en 2013: «Pandemias artificiales: La llamada “gripe A” de 2009, como la aviar de unos años antes, fueron experimentos de control social con las más oscuras intenciones facilitados por el escenario post11-S, obsesionado por la seguridad y signado por una globalización crecientemente autoritaria. Destacado papel en ellos lo tuvo la OMS, esa agencia de la ONU (i.e., del S-I) que supuestamente se dedica a promover la salud en el mundo. Nadie debería descartar que, no tardando mucho, vuelvan a aterrorizarnos con una campaña similar, esta vez aún más sutil y con más éxito, salvo que estemos realmente preparados.»

¿Se cumplió nuestro modesto pronóstico? (Nótese que, además, en ese artículo aludíamos al «barniz “humanitario”» con que se justificaban algunos pasos de la Élite [el “Sistema-Imperio”, S-I]). Es difícil concebir un éxito mayor que el obtenido por los padres del presente pandemónium con la poderosa excusa (humanitaria) de proteger nuestra salud. Todo un salto adelante en su ambicioso programa de cerrar el mundo, implantando su anhelado gobierno mundial. Y con la llamativa anuencia, cuando no abierta complicidad, de casi toda la izquierda política y sociológica (en los casi dos años covidianos, solo ha habido pronunciamientos relevantes de lo más esporádicos en ese sector ideológico: citemos el caso de los autores de este libro y el de la ex diputada al Congreso Ángeles Maestro, una presencia crítica excepcional dentro de la izquierda).

El éxito pandemónico incluye la definitiva demonización de las “teorías de la conspiración”, que ya todo el mundo confunde con puras “conspiranoias”. El Poder ha conseguido que una verdad elemental, la de que el Poder conspira, sea un concepto tabú y maldito, solo defendible por seres delirantes, “ultras”, “negacionistas”, “magufos”… y ralea similar (poco importa que pensadores relevantes, como el Nobel Elias Canetti, sostuvieran que «el secreto se halla en la médula misma del poder»). Se trata, como estamos constatando, de una batalla perdida, aunque buena parte del coste consista en renunciar a un grado de libertades mínimamente decente. Ahora bien, esta derrota nuestra no nos quitará de la cabeza lo que hemos vivido a lo largo de tantos años en que anduvimos pegados a los hechos. Vivencia que fue la que nos permitió realizar predicciones no fallidas.

Es mi deseo completar esta “carta” con unos escuetos apuntes. En ellos, la idea es sintetizar por qué las circunstancias actuales del mundo, que no parecen meramente coyunturales, aconsejan seguir otros derroteros que los que llevamos décadas siguiendo. Es algo que se irá explicando de manera sucinta en los sucesivos apuntes y se concretará en el último de ellos.

Feliz Dictadura,

Pacífico-Cordura

Apunte 1. ‘La carta robada’
En la novela corta así titulada, Edgar Allan Poe refiere cómo su detective Auguste Dupin encuentra un importante documento robado. Se hallaba en el lugar más insospechado: un sitio perfectamente visible (y solo con un ligero cambio externo). Para resolver el caso, Dupin se puso en la mente del ladrón, lo que le llevó al éxito. Se trata de una historia con algún elemento (paradójico) de lo que suele llamarse “psicología inversa”.

¿No es de algún modo asimilable a nuestro caso pandemónico? Recordemos hechos como el Event 201 (octubre de 2018), con una web descaradamente estrenada pocos meses antes del estallido público de la covid (si aún no lo has hecho, quizá sería bueno que por fin le echases un vistazo). Quien alberga en esa web toda la documentación del Event 201 es la Johns Hopkins University, casualmente la misma entidad que desde finales de 2019 y de manera destacada viene compilando las estadísticas “pandémicas” (ver también esto y esto otro). Contamos además con las abiertas “predicciones” –en realidad, anuncios– del Foro Económico Mundial en 2017. La misma entidad que, con similar desparpajo, viene proclamando el Gran Reinicio al calor de la crisis covidiana, y cuyo presidente ha declarado públicamente que nunca volveremos a la “vieja” normalidad.

¿Qué hacemos con todo esto?

Ocurre igual que con la carta robada de Poe: está delante de nuestras narices y justo por eso no lo reconocemos (i.e., no vemos lo que entraña).

Si aquí no hay conspiración, solo será porque las conspiraciones suelen hacerse a escondidas…

Apunte 2. “Vacunarse es un acto de amor”
Y ya que hablábamos de la Élite, refirámonos a uno de sus más conspicuos representantes, el respetable papa Francisco«Vacunarse es un acto de amor», repetía Bergoglio en un mensaje oficial dirigido a Iberoamérica. Eso sí, un mes después sabíamos que el Vaticano exigirá el pasaporte sanitario a empleados y turistas (a pesar de la escasísima incidencia y nula mortandad del covid en ese pequeño estado). ¿El amor se puede forzar, Francisco? Si hay presión, coacción, obligación, ¿cabe esperar como respuesta “un acto de amor”? ¿No sería más bien en tal caso un acto basado en el miedo a las represalias? Dice el apóstol Juan: «En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor, porque el temor lleva en sí castigo» (1 Juan 4: 18).

Pero, implícitamente, ahí Francisco imputaba egoísmo a quienes se negasen a vacunarse. Es la tan reiterada acusación de insolidaridad al no vacunado voluntario. Ahora bien, al acusarle de ella, ¿no se está dando por sentado que esa persona asume las premisas sobre la maldad de la enfermedad y la bondad de las vacunas? Y siendo así, ¿por qué no se considera que no será tan egoísta si está dispuesta a arriesgar su propia salud? Cabe preguntarse cuántas personas han llegado a analizar la cuestión en estos términos, por lógicos que resulten. Seguramente no muchas, dada la avalancha mediática en favor del “¡Vacúnate!”.

Campaña que en general no llegó a incurrir en una expresa obligatoriedad, al menos en principio. Y eso que un cuarenta por ciento de españoles eran reacios a ponerse la vacuna… o tal vez justamente por eso. Frente a lo cual, nuevamente, se impuso la psicología inversa. “Cuanto más los obligues, peor les olerá la vacuna y mayor será la resistencia”, pensaron los estrategas. Así que, en lugar de obligar, jugaron a hacer deseable lo que a tantos ciudadanos no se lo parecía. Y los comienzos de la campaña vacunil fueron meses de indignación popular, sabiamente inducida por los medios, frente a los privilegiados o carotas que “se saltaban la cola” para vacunarse (disfrutar de la inmunidad) antes que los demás (ver 12 y 3). Un medio de la “izquierda real” resumía así los escándalos relacionados con esas fechorías.

Apunte 3. Qué nos cabe esperar
En vista de la facilidad que tiene el Poder para proceder a nuestra domesticación colectiva, la pregunta sería ahora qué fue de la (sana) rebeldía cívica en estados supuestamente democráticos. No hace tanto tiempo que, un 15-M, la llama de “los indignados” prendiera en las plazas, para durar unos cuantos años. Aún menos, del surgimiento de Podemos como «partido de la gente contra la Casta»; es decir, contra las élites. Hablamos, como quien dice, de anteayer mismo. Hoy la mayor parte de esos críticos “antisistema” parecen agentes comerciales –por supuesto involuntarios– de la Big Pharma, la Big Tech y demás respetables megamillonarios que están acabando de “forrarse” gracias al pandemónium, a la vez que gestionan el Gran Rediseño.

Un panorama, téngase en cuenta, que solo es posible porque el miedo ha adormecido las instancias críticas de tantos y tantos (?) rebeldes como parecían pulular por estos lares (y de los cuales ya parece que apenas se encuentran en otras filas que las de la ultraderecha; fenómeno que, al menos, ojalá sirva para que muchos votantes de Vox y similares abran los ojos a la cruda realidad del capitalismo “liberal”, una vez que la izquierda parece definitivamente entregada a él).

Con semejantes perspectivas, ¿qué nos cabe esperar? Si la mayoría de nuestros congéneres, legítimamente, prefiere la seguridad que les vende el Poder a la libertad autogestionaria, ¿hacia dónde nos dirigimos? Y más cuando se comprende que la emergente “guerra fría” actual parece tener no poco de farsa (de nuevo, para entenderlo mejor, vale la pena escudriñar el Event 201, pero es solo un ejemplo). Sonará derrotista y “pasivista”, pero quizá sea hora de reconocer que apenas queda margen para la política. Entendida, al menos, como el noble activismo público en favor de los más necesitados, de los débiles y pisoteados de este mundo, y de un programa radicalmente democratista que cada vez se aleja más pese a los cantos de sirena aún recientes. Lo más que puede esperarse es parches en un mundo cada vez menos garantista y auténticamente solidario. (Íñigo Errejón, alguien poco dado a creer en visiones trascendentes, o incluso “apocalípticas” en el sentido popular del término, decía recientemente: «Nadie se imagina que hay un futuro mejor. De hecho, todos los escenarios del futuro son escenarios de descomposición del futuro. Es una especie de presente empeorado»).

Se está acabando de cerrar el círculo (y el mundo). Unos poderes planetarios, más afines de lo que a menudo se muestran, encierran a los pobladores de la tierra en el limitado habitáculo de sus smartphones. A eso están reduciendo nuestras libertades. Y al bombardeo del miedo a través de sus grandes medios de intimidación, en su mayor parte controlados por los mismos megamillonarios. Pero ya lo dijimos: la verdadera economía de la vida, la ecuación realmente relevante, es fe versus miedo. En la medida en que nuestra fe esté bien anclada, asentada en el Amor genuino, el miedo no prevalecerá en nuestros corazones. Brotará la esperanza cierta de que las cosas no tienen por qué ser como nos las imponen. Y que no lo serán finalmente. Se trata de una esperanza pacífica, respetuosa, humilde, pero segura y resuelta a disfrutar de la libertad y la felicidad que, como hijos de la Trascendencia, nos han sido prometidas. Así nos lo aseguró el siempre amoroso Jesús de Nazaret: «En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo» (Juan 16: 33).

Es, pues, la hora del Nuevo Paradigma.

@Pacífico / LEx

Anteriores partes de la DH:
Apuntes de la DH (VII): Elegía por Pablo Iglesias
Apuntes de la DH (VI): ¿Qué nos queda?
Apuntes de la DH (V): La Nueva Infranormalidad
Apuntes de la DH (IV): ¿Y si la vida fuera esto…?
Dictadura Humanitaria: El Poder Global toma posiciones
Apuntes de la DH (III): Covid-19 vs. gripe anual, “Pedro y el lobo” y alguna otra historia
Apuntes de la Dictadura Humanitaria (II): Sobre Bill, Francisco y otras historias
Apuntes de la Dictadura Humanitaria (I): De bruces con el futuro

N. de la R.
Este artículo se publica con la autorización de Apuntes de la Excepción.

 





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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826

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