
Sin Acritud…
Ángel Luis Martín (22/3/2026)
Es probable que citar una frase atribuida a Albert Einstein, no relacionada con los conceptos extremadamente difíciles de comprender aunque verificados científicamente, del espacio, el tiempo y el Cosmos, sino con el funcionamiento de la sociedad humana, resulte inapropiado.
Los asuntos sociales son estudiados por profesionales concretos: historiadores, sociólogos, filósofos, ideólogos políticos y cada vez con más intensidad por neurólogos, biólogos o psiquiatras.
Añádanse opinadores de amplio espectro como periodistas televisivos, debatidores egocéntricos de ínfimo nivel intelectual y rotunda estupidez, militares jubilados, profetas de medio pelo, profetisas de bola de cristal, políticos en activo, expolíticos… Y por último los opinadores-esponjas que absorben contenidos con sus filtros personales muchas veces ideologizados y en otros casos meramente repetitivos.
En las actuales circunstancias de genocidio y exterminio de población inocente civil, bombardeada sin la más mínima misericordia, que convulsiona el orden internacional y amenaza al modelo económico en sus cimientos, el miedo produce una eclosión de opiniones sobre el presente amenazante y la visión de hongos nucleares explosionando en el futuro planetario.
Pero no es el mundo sino el propio ser humano el que ocasiona esta situación. Será, por tanto, necesario, indagar en la naturaleza humana y en su construcción social.
Contestar a la pregunta lógica sobre qué es lo que está haciendo el ser humano y si es consciente o no de sus actos.
La respuesta viene de un físico teórico, un hombre de ciencia matemática empírica y no de un filósofo, historiador, etc.:
Según Albert Einstein, son tres las fuerzas que dominan la sociedad humana actual: la Estupidez, el Miedo y la Avaricia.
Se dice que desde la noche de los tiempos, han dominado estas tres fuerzas. Admitirlo como un axioma, no deja de ser un bálsamo, un conformarse excusatorio: no hay nada que hacer, el ser humano es así sin remedio; está sometido, predestinado, a la Estupidez, el Miedo y la Avaricia.
Cualquier intento de superar este destino innato no solo será un fracaso sino que producirá efectos desastrosos.
Es contraproducente, y evidente muestra del poder de una de esas fuerzas como es la Estupidez, que no se tengan en cuenta los estudios antropológicos científicos de Pierre Clastres que desmienten la pretendida eternidad de sociedades basadas en la Avaricia.
Igualmente, no son admisibles, por ensoñadoras y utópicas, las ideas de Jesús de Nazaret: las religiones basadas en su pensamiento se han cuidado mucho de no llevarlas a cabo por medio de la adulteracion y proseguir el consabido camino de la Avaricia resguardada por el Miedo y la Estupidez.

Es innegable el éxito del trinomio, claro es si consideramos como éxito la anulación de la Ética. Sin máscara, con escalofriante nitidez, puede contemplarse en el actual panorama global. En el presidente Donald Trump y en sus acólitos, la Avaricia desenfrenada camina junto a la Estupidez como una pareja de baile desquiciada que produce Miedo global. Y no es un miedo falso programado como herramienta de dominio sino verdaderamente real.
La única esperanza radica en esas ideas que los bien pensantes consideran ilusorias.
Efectivamente, parece existir una zona rebelde donde residen personas cuyas ideas se revuelven contra esas tres fuerzas desde hace milenios.
Su sola existencia supone la extraña constatación de una consciencia que desafía el poder omnímodo de las tres fuerzas: demostración de esa dialéctica que descubriera Hegel, de esa lucha constante entre tesis y antítesis. Y aquí radica la posibilidad de superar esas tres fuerzas: existe la resistencia, existe el deseo de superación aunque sea minoritario. Es tan innato al ser humano como también lo son la Estupidez, el Miedo y la Avaricia.
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Albert Einstein, avaricia, Donald Trump, Estupidez, Fuerzas que dominan el mundo, Miedo




