
España
Ángel Luis Martín (24/7/2026)
La señora ministra de nuestra salud no podía conciliar el sueño: es tal el hervidero social, la desazón, la angustia existencial que produce sentarse en una terraza y ver a un desalmado/a expulsar volutas de humo venenoso por su boca, que era preciso el decreto de prohibición: a fumar, a otra parte.
Algún cándido, con la timidez del pensante, expresó la paradoja de una terraza desierta de cigarrillos encendidos junto a la orquesta sinfónica de cientos de tubos de escape de motos, coches y autobuses pasando a escasa distancia del santuario decretado por la señora ministra de nuestra salud.
Y es que los coches eléctricos son muy caros: España está a la cabeza en antigüedad de su parque automovilístico. Es muy posible que ello tenga que ver con unos salarios desajustados respecto del coste de la vida.
Y claro es, con el precio de la vivienda: inasequible para una mayoría, jóvenes en concreto.
Sí, señora ministra, el tema de la vivienda es un hervidero social y lo suyo del cigarrillo de terraza aireada, una real y solemne majadería.
O quizás no lo sea. Pueden ser otras las razones: Una perseverancia en actuaciones meramente cosméticas del llamado progresismo caniche (falso progresismo domesticado, mascota del Sistema, bien alimentado y con alto nivel de vida) que jamás osa tocar en lo más mínimo los engranajes del Aparato. O un jugar al despiste para necios y dejar claro que “nosotros hacemos cosas en favor de la pobre ciudadanía en plan modernísimo”.
Un decreto serio, directo y efectivo sobre el problema angustioso de la vivienda no es acuciante, al parecer. La señora ministra gendarme de los fumadores de terraza (muy permisiva con los tubos de escape contiguos) debería saber que esa imposibilidad de acceder a un techo genera problemas de salud graves: imposibilidad de llevar a cabo el proyecto vital natural y la consiguiente frustración depresiva que se produce no sólo a niveles personales sino sociales y de una envergadura que afecta a todo un país.
Pero, claro, resolver este tema supone trastocar ciertos mecanismos del poderoso Mercado y para ello sería necesario un mastín leonés: el caniche, recién salido de la peluquería canina y aunque lleve la pegatina de progresista de categoría VIP, no sirve en absoluto. Y el gentío empieza a llegar a la conclusión que no solo no sirve sino que es un obstáculo. Es lo que tiene la caída de careta, la complicidad, aunque se quiera disfrazar con estupideces de no poder fumar en una terraza.
Una idea de resistencia al dislate, sería la proliferación de terrazas para uso exclusivo de fumadores. Es notorio, no se sabe muy bien el porqué, que las reuniones de fumadores son más atractivas, creativas y divertidas que las de los no fumadores. De hecho, muchos no fumadores se acercan a estas conversaciones. Nadie les obliga a fumar aunque hay que reconocer que el aroma de una pipa con tabaco egipcio o virginiano puro, es un deleite para el sentido del olfato (me lo dijo un no fumador dotado de salud y también de buen gusto).
En resumidas cuentas, señora ministra plenipotenciaria de mi salud, le digo lo que me dijo mi tío Benjamín en mi niñez:
-Esto es lo fácil (bajó su mano desde mi frente hasta debajo de mi nariz). Y esto es lo difícil (subió su mano desde debajo de mi nariz hasta mi frente).
A Vd, señora ministra, le va lo fácil. No me lo disfrace.
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Juventud sin casa, ministra de Sanidad, Progresismo caniche, Prohibido fumar, salud, tabaco, Terrazas



