
¡No queremos volver a casa, queremos ir a España! Ilustración realizada en colaboración con ChatGPT (OpenAI).
España
Ángel Luis Martín (16/8/2026)
Hay situaciones en las que la diplomacia internacional parece escrita por un humorista o por ese payaso de sonrisa fría que genera terror y pesadilla en los niños.
Tras la llegada masiva a Ceuta de decenas de miles de jóvenes procedentes de Marruecos, permanecen allí miles de menores no acompañados. Y ahora Rabat reclama que esos menores regresen a Marruecos.
La noticia tendría sentido si no fuera porque existe desde 2007 un Acuerdo entre España y Marruecos sobre cooperación para prevenir la emigración ilegal de menores no acompañados, su protección y su retorno concertado. El acuerdo contempla precisamente la posibilidad de retorno, siempre respetando la legislación y los derechos del menor.
El ministro marroquí de Justicia, Abdellatif Ouahbi, reclama que España devuelva a Marruecos a los menores y asegura que Rabat quiere activar las vías jurídicas y políticas para conseguirlo. Es, curiosamente, la misma solución que Marruecos ya había planteado anteriormente sin que después se produjeran avances efectivos.
Pero Ouahbi añade una pirueta todavía más sorprendente: responsabiliza a España de la situación migratoria, criticando que España reciba y regularice inmigrantes.
Es decir: Marruecos reclama que España devuelva a sus menores y, al mismo tiempo, acusa a España de ser responsable de que esos jóvenes hayan llegado.
La lógica es magnífica: “Devuélvanos a nuestros menores, pero la culpa es de ustedes”.
Mientras tanto, en los últimos días de julio, unas 80.000 personas llegaron a Ceuta desde Marruecos, según las cifras manejadas por las autoridades españolas.
Y aquí aparece el problema jurídico. El acuerdo de 2007 no permite devoluciones automáticas (en caliente). El Tribunal Supremo estableció que los menores no pueden ser enviados colectivamente a Marruecos sin seguir el procedimiento legal y valorar individualmente su situación.
Por tanto, Marruecos puede pedir ahora que sus menores regresen, pero no puede ordenar al Tribunal Supremo que cambie su jurisprudencia. Si existen nuevas circunstancias y garantías concretas por parte de Rabat, los tribunales podrán valorarlas. Todo esto suena más bien a que Marruecos prosigue con su estrategia de desestabilización. Ha demostrado sobradamente que el destino de sus menores le importa muy poco, diríase que nada. Aparentemente parece un surrealismo, una comedia, que en realidad es drama y con una base estratégica malintencionada, ridícula sí, con una hostilidad apenas disimulada, también:
Después de diecinueve años, Marruecos descubre que quiere recuperar a sus menores.
—¡Oiga, que son mis niños! ¡Devuélvamelos!
—Naturalmente -responde España-, pero primero hay que cumplir la ley.
—¡Pues la culpa de que estén ahí es de ustedes!
-Es que no quieren volver a Marruecos ni de coña. Yo que ustedes reflexionaría sobre ello: es muy vergonzoso. Y a ver cómo me explica que de su zona pasen decenas de miles de personas a la nuestra así por la buenas sin su colaboración…
La solución debería ser sencilla: que el acuerdo de 2007 deje de ser papel diplomático y funcione realmente, con todas las garantías jurídicas para los menores.
Si Marruecos quiere ahora a sus menores, perfecto, sólo queda una pequeña pregunta:
¿Por qué hemos necesitado diecinueve años, miles de menores deambulando por Ceuta en pésimas condiciones y una avalancha de decenas de miles de jóvenes para descubrir que el acuerdo ya existía?
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Abdellatif Ouahbi, Ceuta, España, Marruecos, Menores no acompañados, Ministro de Justicia de Marruecos




