
A Coruña (España)
Diego Fernández Villar (17/10/2026)
Centenares de acampados en la Puerta del Sol en demanda de medidas para hacer frente a la crisis de la vivienda se han concentrado a las inmediaciones del Congreso de los Diputados.
En la presentación de un libro, el señor Carrillo dijo: «En ambas partes se han cometido atrocidades, pero hoy no sería prudente traer el pasado al presente, ya que la situación es totalmente diferente».
Sin embargo, hay intereses particulares en que, después de un largo período de paz y democracia, lleguemos a un extremo peligrosísimo de confrontación entre españoles, como se ha visto el Día de la Hispanidad, en la Puerta del Sol y como se observa a diario en las calles y en las discusiones entre familiares y amigos. Cada uno trata de imponer su criterio sin pensar en lo que hemos conseguido con la democracia: respetar las opiniones de los demás y acatar la decisión de la mayoría.
El problema comienza cuando todos creen tener la razón, sin darse cuenta de que estamos dirigidos por hilos invisibles, como si fuéramos marionetas, que nos empujan a enfrentarnos unos a otros. Mientras tanto, no vemos la realidad que nos rodea y que nos conduce hacia la pobreza. España se encuentra entre los países europeos con peores indicadores económicos, una situación que contribuye a la pérdida de poder adquisitivo de la clase media, al deterioro de las prestaciones sociales y al encarecimiento de la vida.
Las disputas internas solo traerán el desastre colectivo. Mientras tanto, la clase política parece más preocupada por alcanzar el poder y modificar las leyes a su antojo que por resolver los problemas de los ciudadanos. Sus integrantes se erigen en representantes del pueblo sin darse cuenta de que el pueblo somos todos.
NOTA:
Diego Fernández VIllar
A Coruña
Carta publicada en Europa Press.




