
Sin Acritud…
Espacios Europeos (5/10/2026)
A 62 años de su aparición, Mafalda sigue interrogando el mundo: su historia atraviesa la política, el feminismo, Cuba y la cultura popular.
Mafalda no ha muerto. Puede encontrársela en cualquier sitio. Quizá debajo de una mesa, frente a un plato de sopa; con un globo terráqueo entre las manos, detrás de una pregunta incómoda o en una plaza, sentada junto a otros personajes que tampoco han envejecido.
Mafalda es un nombre. Tal vez. El nombre de una niña argentina. El nombre de una historieta. El nombre de una creación de Joaquín Salvador Lavado Tejón, Quino. Pero Mafalda, más que nombre, más que personaje, constituye un símbolo.
Símbolo de una época y, al mismo tiempo, de problemas que la sobrevivieron. Símbolo de una clase media que en los años sesenta experimentaba las promesas de la modernización mientras convivía con desigualdades y conflictos políticos. Símbolo, también, de una generación que comenzaba a cuestionar algunas de las certezas recibidas.
La historiadora argentina Isabella Cosse dedicó buena parte de su investigación a reconstruir precisamente esa relación entre Mafalda, la clase media, la vida cotidiana y la política. En su estudio Mafalda: Middle Class, Everyday Life, and Politics in Argentina, 1964–1973, publicado en Hispanic American Historical Review, sostiene que la historieta puede leerse como una representación emblemática de la clase media argentina y propone estudiar el humor como una vía para comprender identidades sociales y políticas.
Mafalda comenzó a tomar forma en 1962, a partir de un encargo publicitario relacionado con Siam Di Tella. La agencia Agens buscaba una historieta para promocionar Mansfield, una línea de electrodomésticos. El proyecto no llegó a concretarse y aquellos primeros dibujos quedaron guardados.
Quino retomaría el personaje dos años después. El 29 de septiembre de 1964, Mafalda apareció por primera vez en Primera Plana. Había nacido para una campaña comercial y terminó ocupando un espacio bastante diferente: el de una historieta que iba a convertir la vida cotidiana en materia de discusión política.
La clase media en una viñeta
Aquí la investigación de Cosse resulta especialmente útil.
En lugar de considerar a Mafalda una simple portavoz de las ideas de Quino, la historiadora reconstruye las condiciones sociales en las que apareció. Su tesis es más compleja: Mafalda permitió representar las contradicciones de la clase media argentina en un momento de modernización, pero también fue apropiada por lectores con posiciones políticas diferentes.
La clase media que aparece en la historieta no constituye un bloque homogéneo.
Manolito piensa en términos de dinero y negocios. Susanita imagina su futuro alrededor del matrimonio y los hijos. Felipe duda. Miguelito se interroga sobre sí mismo y sobre el mundo. Libertad hace de su propio nombre una posición. Los padres de Mafalda encarnan otras tensiones: el trabajo, la casa, el consumo, la educación y las expectativas familiares.
Cosse ha señalado precisamente que una de las riquezas de la historieta está en esa representación heterogénea de la clase media, atravesada por diferencias ideológicas y culturales. En su reconstrucción, Mafalda llegó a ser acusada tanto de “subversiva” como de “pequeñoburguesa”, según quién interpretara sus viñetas y desde qué posición política.

Cuando el humor se vuelve político
Mafalda apareció en 1964, en un país que atravesaría pocos años después un nuevo golpe de Estado. En junio de 1966, Juan Carlos Onganía derrocó al presidente Arturo Illia y estableció una dictadura que se prolongaría hasta 1973.
Cosse ha estudiado cómo Mafalda incorporó referencias al contexto político y cómo Quino utilizó la ironía para intervenir en debates que excedían la vida familiar. La investigadora señala incluso que el personaje llegó a expresar su oposición al golpe de 1966 mediante recursos propios de la historieta, entre ellos la ruptura de la cuarta pared.
En este sentido, un estudio de Mireya Sosa-Abella y Ricardo M. Reyes sobre el humor político en las tiras de Quino destaca precisamente la utilización del humor para abordar la política desde situaciones aparentemente ordinarias.
Una niña y las mujeres de su alrededor
También existe otra dimensión que ha generado una importante producción académica: el género.
Mafalda cuestiona con frecuencia el destino que se presenta como natural para las mujeres. Su madre, Raquel, dejó los estudios para dedicarse a la familia. Susanita, en cambio, habla de matrimonio, maternidad y posición social como aspiraciones centrales.
La tira comenzó a circular fuera de Argentina pocos años después de su aparición y terminó convirtiéndose en una de las historietas latinoamericanas de mayor circulación internacional.
Cosse estudió ese proceso en términos de circulación cultural: Mafalda fue apropiada por lectores de distintos países y adquirió significados diferentes según los contextos. En España, por ejemplo, su imagen apareció vinculada a movilizaciones estudiantiles; en otros lugares, se convirtió en una representación de América Latina o de determinados ideales generacionales.
La misma niña podía significar cosas distintas.
El 25 de junio de 1973 apareció la última tira regular de Mafalda. Quino decidió dejar de dibujarla.
Siguió publicándose en libros. Sus personajes continuaron circulando. Las tiras comenzaron a ser leídas por generaciones que no habían vivido la Argentina de los años sesenta y setenta.
La relación con Cuba
La historia posterior de Mafalda tiene además un capítulo cubano.
Quino mantuvo una relación intelectual y artística con Cuba y con el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos. En 1984 comenzó a trabajar con el realizador cubano Juan Padrón en Quinoscopios, una serie de cortos basada en sus dibujos y su humor.
La colaboración continuó con Mafalda. En 1993 se produjeron 104 cortos animados de un minuto, dirigidos por Padrón, en coproducción con Televisión Española.
Después de Quino
Quino murió el 30 de septiembre de 20
20. Tenía 88 años. La muerte del autor no significó, por tanto, el final de la historieta. Pero abrió una nueva etapa en la gestión de su legado.
Su sobrina Julieta Colombo, que había trabajado durante años en la administración de la obra, murió en 2023. Otros sobrinos de Quino asumieron posteriormente distintas responsabilidades relacionadas con el legado.
En 2025, después de 55 años, Mafalda dejó Ediciones De La Flor y pasó a Penguin Random House en Argentina. La multinacional anunció que comenzaría a publicar nuevas ediciones desde agosto de ese año.
Una historieta nacida en los años sesenta, capaz de cuestionar el consumo y las relaciones de poder, circula ahora bajo la administración de uno de los mayores grupos editoriales del mundo.
Fuente:
Almayadeen.
N. de la R:
Nos ha extrañado que Almayadeen y los autores de este texto no mencionen el paso de Quino por Madrid (España). Quino pasó largas temporadas y vivió durante años en Madrid, la mayor parte de ellos en el barrio de Salamanca, en la conocida calle Don Ramón de la Cruz.
En Madrid llevó una vida de barrio muy cotidiana –a Quino le gustaba pasear, comprar en los comercios de la zona y disfrutar de los inviernos madrileños- antes de regresar a su Mendoza natal en sus últimos años. En Madrid cuenta con una placa conmemorativa en la fachada del edificio donde vivió y una estatua de Mafalda en el Matadero de Madrid.
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