
Sin Acritud…
A.L. Martín Álvaro (7/1/2924)
El modelo occidental, se dice, está en demolición; a la vista de la monstruosidad que se perpetra en Gaza, con la mirada puesta en los miles de niños/as masacrados. Es tan difícil poder imaginarse sin estar allí, todos esos pequeños cuerpos muertos.
Occidente es culpable, es cómplice, es coautor de esta infamia. Esto es cierto. Algunos piensan que supone una demolición moral de Occidente, pero cómo va a ser posible que lo inmoral sea afectado por lo moral: es ajeno, no sabe de moral desde hace mucho tiempo, quizás y seguramente, desde siempre.
Pensar, entonces, en una demolición moral, no deja de ser una ingenuidad, un pensar con el deseo: Gaza, como el aldabonazo que ha dejado a la bestia, desnuda ante el mundo, con dientes sangrientos y billetes sucios saliéndole por las orejas.
Nos hemos confundido de palabra: no es el mundo, no es el pueblo. Es el público. La ingenuidad, el deseo, puede hacernos creer que este público se enfurezca y arremeta contra quien le pastorea inteligentemente porque, al fin, ha visto la desnudez de toda moral y la maldad insoportable. Y el público arrojará a este espantajo a la basura de la Historia.
Solo hay un problema: las revoluciones las hacen los pueblos, no las hacen los públicos. Y la palabra revolución es un tabú, una incorrección, fuera del presente, algo irreal. No importa que la Historia señale que existieron porque la Historia, dicen, ha terminado.
El público, aplaude y acepta esta idea; no hace falta que lo comprenda o se sienta feliz por ello o triste; lo importante es la aceptación. Está, del todo, conseguido. Aliviada y serena, la inmoralidad se concentra en lo suyo. No existe el pueblo, existe el público. La inmoralidad está creando todos los segundos, todos los minutos, todas las horas, público. Es fácil que aplauda y fácil que grite. Al fin y al cabo, no es más que público. Se le procuran vías de escape y se contempla que pueda expresar su protesta o su indignación. Hay que suministrar algo de oxígeno al público, lo justo para hacerle creer que no es público sino pueblo.
La inmoralidad es sabia y aunque sabe que no es perfecta, esconde muy bien sus debilidades. Inteligente, conoce la Historia y nunca ha creído que el Imperio Romano hubiera sido demolido por su inmoralidad.
Etiquetas:
Decadencia de Occidente, Gaza, Inmoralidad de Occidente, Israel, Occidente es culpable




