Obispo evangélico Joshua Mulinge

Internacional
Espacios Europeos (7/1/2024)
Israel trata por todos los medios de contrarrestar las movilizaciones que en varios países se llevan a cabo en protesta por las operaciones militares (más de 23.000 asesinados, de ellos 10.000 son niños/as) del ejército israelí. Especialmente numerosas han sido las celebradas en Turquía. Y dentro de ese operativo mediático, el gobierno de Tel Aviv no deja de lado, ni mucho menos a la Iglesia Evangélica.

En esa línea de actuación, hace unos días, una delegación de “líderes cristianos” africanos visitó Israel en una “gira de solidaridad”, encabezada por el obispo Joshua Mulinge (evangélico, presidente de la Iniciativa África-Israel) y el reverendo Dennis Nthumbi (director de la Fundación Aliados de Israel), ambos de Kenia, según informa el medio israelí Enlace Judío México.

En el transcurso de su visita, el obispo Joshua Mulinge “cerró los ojos con reverencia y, con los brazos cruzados en oración, susurró: Que las naciones de África se unan y trasladen sus embajadas a Jerusalén”, según el mismo medio. Para el obispo evangélico, la población que cree en la Biblia debe abogar para que sus países trasladen sus embajadas a Israel. Ya se sabe, de la religión a la política solo hay que dar un paso.

Sin duda alguna, el enfrentamiento entre Israel y Hamas está dejando ver las distintas posturas que tienen los gobiernos de África: “la mayor parte del mundo no sabe lo que ocurrió en Israel el 7 de octubre y el dolor que sufre Israel” -declaró el obispo Mulinge al perióidco anteriormente aludido-, y añadió “vine aquí para ver lo que no se dice, para poder hablar de ello en toda África y llegar a la diáspora africana en otros continentes. Podemos aportar el lado de la información que los medios no suelen transmitir”.

Las autoridades israelíes llevaron al obispo keniata y a su séquito de clérigos evangélicos a visitar a los colonos que padecieron el ataque de Hamas el 7 de octubre. También visitó el Monte del Templo, eventos que fueron ampliamente divulgadas por la prensa.

No hubiera estado de más que el obispo visitase la Franja de Gaza, lo que queda de sus hospitales, escuelas, centros de asistencia de la ONU y edificios públicos. En ese paseo se hubiera percatado de que no queda ninguna casa en píe. La zona es una escombrera de ladrillos, cemento, hormigón y un cementerio de cadáveres.