
España
Alberto Fernández-Veiga (12/9/2026)
La extrema derecha española posee una característica histórica que la diferencia de buena parte de la derecha radical europea: su profunda vinculación con el catolicismo político.
Mussolini o Hitler no fueron esencialmente católicos: el fascismo italiano y, sobre todo, el nazismo desarrollaron ideologías propias, aunque mantuvieron relaciones tácticas con las Iglesias. El franquismo fue diferente: convirtió el nacionalcatolicismo en uno de los pilares ideológicos del régimen.
Ese legado se percibe en Vox: defensa de la familia tradicional, oposición al feminismo y a determinadas políticas de igualdad, junto a una concepción jerárquica de la sociedad. En este terreno aparecen también conexiones evidentes de algunas personas vinculadas a Vox con el entorno de Hazte Oír y El Yunque, organizaciones integristas católicas.
Marine Le Pen ha construido buena parte de su discurso alrededor de los trabajadores y de las clases populares francesas, defendiendo medidas como la protección del poder adquisitivo, la reducción de impuestos sobre productos básicos y la reversión de la reforma de las pensiones.
Esto no convierte al Rassemblement National en un partido de izquierdas: mantiene una política económica nacionalista, antiinmigración y favorable en numerosos aspectos a propietarios y empresas. De hecho, su actuación parlamentaria también ha recibido críticas por favorecer a propietarios, rentas altas y grandes empresas.
Mientras Le Pen intenta disputar a la izquierda la representación política de sectores obreros y populares, Vox aparece mucho más identificado con una concepción tradicional de la jerarquía social y con posiciones económicas favorables al empresariado.
También en el terreno cultural existen diferencias: Marine Le Pen ha recurrido a la tradición republicana francesa y a la laicidad; Meloni, en el caso de Italia, combina nacionalismo, conservadurismo y referencias cristianas pero no representa una posición de tipo integrista católico; y Alice Weidel, dirigente de la AfD alemana, vive abiertamente en pareja con otra mujer y muestra una laicidad en absoluto relacionada con corrientes conservadoras religiosas. La extrema derecha europea ha sabido, por tanto, incorporar determinadas figuras femeninas y discursos modernos sin abandonar su nacionalismo.
La singularidad española reside en que una parte de su extrema derecha conserva con fuerza la herencia del nacionalcatolicismo y del integrismo religioso, de origen histórico proveniente del Carlismo (no hay más que ver las banderas carlistas del aspa de san Andrés en sus concentraciones y manifestaciones) donde nación, familia, religión y una concepción tradicionalista jerárquica de la sociedad son señas de identidad.
La identificación de buena parte de la derecha radical, extrema o según algunos analistas, postfascista, española con corrientes ultraconservadores, integristas, que operan dentro de la Iglesia Católica es una obviedad.
Cuando se habla de esta identificación, es necesario distinguir entre partido y votantes o seguidores: es muy probable por no decir evidente que muchos votantes de Vox no comparten el ideario ultracatólico reaccionario y también que los propios dirigentes procuran no exhibir en demasía, aunque no siempre se consigue, el contenido religioso de forma abierta.
La propia Iglesia Católica sufre una escisión interna que amenaza con una posible ruptura, entre las corrientes modernizadoras y las arcaizantes. Tanto el papa Francisco, denostado por la derecha radical española como el actual, también crítico con las posiciones radicales antiinmigratorias, ejercen una influencia muy importante en el votante.
La comparación entre una derecha radical como la española, con claras connotaciones nacional-católicas, y el movimiento evangelista-sionista de gran importancia en USA por su apoyo a Donald Trump, salvando todas las distancias sociológicas, no deja de ser ilustrativa sobre la relación entre política y religión.
Esta concepción ideológica de la derecha radical española está más cerca de ello que los partidos de Francia, Alemania o Italia.
Pero existe un problema: el votante español no es mayoritariamente clerical o religioso a ultranza como sucede en amplias capas de la población USA.
Este es uno de los frenos de Vox, que no tienen Le Pen, Meloni o Weidel.
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