Vuelve Aristarco a Espacios Europeos

José Manuel González Torga. Foto: Santiago Pordomingo.

Sin Acritud…
Espacios Europeos (27/9/2026)
Hay firmas que desaparecen de las páginas de un periódico, pero no desaparecen de la memoria de quienes las leyeron.

Hace años, nuestro compañero y amigo,  José Manuel González Torga, periodista, escritor y profesor de Periodismo en el CEU, publicó en Espacios Europeos algunos de sus artículos bajo un nombre que ya forma parte de la pequeña historia de esta casa: Aristarco.

Torga participó activamente en el programa radiofónico Tertulia Espacios Europeos, junto a colaboradores tan destacados como la periodista Ana Camacho, los coroneles Diego Camacho y Javier Perote, así como líderes de la oposición guineana y representantes del Frente Polisario. La lista es inmensa, como lo es su extraordinaria participación.

Aristarco no era un seudónimo elegido al azar. Aristarco fue un filósofo y astrónomo griego que se atrevió a mirar el mundo desde otra perspectiva cuando hacerlo no resultaba fácil y cómodo. Quizá por eso el nombre le sentaba tan bien a González Torga.

Sus textos tenían algo difícil de conseguir: eran breves, pero no superficiales, irónicos, pero no gratuitos; cultos sin necesidad de presumir de ello. Una noticia de actualidad podía llevarle a Orwell, la historia, la literatura, la filosofía o la política, y de esa mezcla surgía un comentario que obligaba al lector a detenerse.

González Torga ya no está entre nosotros. Pero Aristarco puede volver.

Espacios Europeos recupera ese nombre en su memoria y como homenaje a quien lo utilizó con inteligencia, mesura y personalidad. No pretendemos sustituirle -sería imposible y, además, una pretensión absurda-, sino recuperar el espíritu de aquellos textos: mirar la actualidad con cierta distancia, buscar la ironía donde otros sólo encuentran solemnidad y llamar a las cosas por su nombre cuando las circunstancias lo permitan.

Aristarco

El nuevo Aristarco será necesariamente otro Aristarco.

El nuevo Aristarco tendrá personalidad propia.

Han cambiado España, Europa, el periodismo y, por supuesto, el mundo. También han cambiado las palabras y las formas de contar lo que sucede.

Pero hay algo que no debería cambiar: la curiosidad, la libertad para pensar y el derecho del periodista a mirar la realidad desde un ángulo diferente.

Por eso vuelve Aristarco.

Serán textos breves. Una noticia, un personaje, una situación, una contradicción, una frase o un acontecimiento podrán bastar para poner en marcha el pensamiento.

Y si alguna vez conseguimos que el lector sonría, se sorprenda y, después, se pregunte si aquello que acaba de leer no encierra algo más de lo que parecía… habremos hecho nuestro trabajo.

Bienvenido de nuevo, Aristarco.