Sin Acritud…

Kosovo y el camino a la guerra en Georgia. El Kremlin envía un claro mensaje político a Occidente y a su zona de influencia

Rafael Calduch Cervera (27/8/2008)
EL ATAQUE DE LAS TROPAS GEORGIANAS a Tsjinvali, capital de Osetia del Sur, el pasado 8 de agosto de 2008, constituyó el inicio de un breve pero intenso conflicto armado extendido a Abjasia, que la intervención de las tropas rusas ha resuelto militarmente con una aplastante derrota del ejército Georgiano de la que tardará años en recuperarse.

“Resulta sorprendente la iniciativa de Shajasvili de optar por el uso de la fuerza en lugar de recurrir a la negociación con Rusia”. La insensata decisión del presidente Shajasvili de utilizar la violencia para acabar con las tendencias secesionistas de ambas regiones, lejos de resolver el problema lo ha agravado haciendo, probablemente, irreversible la independencia de abjasios y osetios a medio plazo.

SORPRENDENTE INICIATIVA DE SHAJASVILI
Ni la contundente y decisiva reacción de Moscú, ni la tardía y diplomática respuesta de Estados Unidos y la UE a la intervención militar de Tbilisi han sido distintas de las que cualquier analista podía prever. En cambio, resulta sorprendente la iniciativa de Shajasvili de optar por el uso de la fuerza en lugar de recurrir a la negociación con Rusia que, por razones análogas de rechazo a las tendencias secesionistas, nunca había reconocido la independencia de ambas regiones.

“El desarrollo de los acontecimientos habría sido claramente distinto si en la reciente cumbre de la OTAN se hubiese aceptado la propuesta norteamericana de incluir como miembro a Georgia”. La información disponible sugiere que esta decisión fue la resultante de una conjugación de varios factores: un creciente temor y rechazo a la influencia rusa en ambas regiones, una flagrante sobrevaloración de la capacidad militar georgiana y, finalmente, la errónea convicción de que enfrentados a los hechos consumados, tanto Estados Unidos como la UE terminarían respaldando incondicionalmente la actuación georgiana.

¿Y SI GEORGIA HUBIERA ENTRADO EN LA OTAN?
Naturalmente, el desarrollo de los acontecimientos habría sido claramente distinto si en la reciente cumbre de la OTAN, celebrada en Bucarest (2 al 4 de abril de 2008), se hubiese aceptado la propuesta norteamericana de incluir como miembro a Georgia. Obviamente, conscientes de la fragilidad de las condiciones de paz en la zona y tratando de evitar verse involucrados en un conflicto directo con Rusia, los aliados europeos más importantes, con el Reino Unido al frente, se opusieron abiertamente a las intenciones del presidente Bush.

“El precedente de Kosovo ha jugado un papel crucial en la actuación del gobierno de Tbilisi”. La frustración de las expectativas del presidente Shajasvili de integrar su país en la OTAN, debieron desempeñar un papel sicológico decisivo en el convencimiento de que si no rompía de forma inmediata y abrupta el status quo, el tiempo terminaría consolidando la realidad de la independencia de ambas regiones, como acababa de ocurrir en Kosovo.

En efecto, el precedente de Kosovo ha jugado un papel crucial en la actuación del gobierno de Tbilisi. Aunque no quiera o no se pueda reconocer oficialmente, tanto Washington como Bruselas son conscientes de que el apoyo y posterior reconocimiento de la declaración unilateral e ilegal de independencia de Kosovo, les priva de la autoridad política y jurídica para rechazar ante Moscú su apoyo a la independencia de Abjasia y Osetia del Sur.

EL EJERCITO RUSO SE PROFESIONALIZA
En último extremo, el mismo argumento que llevó al Enviado Especial para Kosovo, Sr. Ahtisaari, a proponer en su informe al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas la independencia como única solución para Kosovo, ignorando el mandato de la Resolución del CS 1244, se podía aplicar al caso georgiano, a saber:

“La independencia es la única opción para un Kosovo (Abjasia, Osetia) políticamente estable y económicamente viable. Sólo en un Kosovo (Abjasia; Osetia) independiente podrán ser las instituciones democráticas plenamente responsables de sus actos y rendir cuentas de ellos. Esto será de importancia vital para asegurar el respeto del estado de derecho y la protección eficaz de las minorías. Si persiste la ambigüedad política estarán en peligro la paz y la estabilidad de Kosovo (Abjasia; Osetia) y de la región. La independencia es la mejor salvaguardia contra ese peligro. También es la mejor oportunidad para establecer una asociación sostenible a largo plazo entre Kosovo (Abjasia; Osetia) y Serbia (Georgia).”

“La política exterior practicada por el Kremlin durante la etapa de Yeltsin y, también, durante la etapa de Putin ha respetado todos los compromisos asumidos con la UE y Estados Unidos”. En cuanto a Rusia, resulta evidente que la intervención georgiana en Tsjinvali le ha servido en bandeja la oportunidad de demostrar la voluntad de aplicar su doctrina del extranjero vecino (Near Abroad Doctrine) y de mostrar la capacidad operativa de su ejército en pleno proceso de profesionalización. Los dirigentes políticos y militares del Kremlin han enviado un mensaje político inequívocamente claro tanto a las potencias occidentales como al resto de las repúblicas de la antigua Unión Soviética, especialmente a aquellas con las que existen conflictos como Ucrania, Moldavia (Transniester) o Lituania (Kaliningrado): cualquier alteración unilateral de los intereses de seguridad o de la influencia rusa en los países de su entorno, será respondida unilateralmente por Moscú con todos los medios necesarios. Incluido el uso de la fuerza, en cambio cualquier solución negociada con la participación de los dirigentes rusos será respetada y cumplida.

MOSCÚ HACE LO MISMO QUE WASHINGTON, LONDRES Y PARIS
Es frecuente escuchar en las cancillerías occidentales alusiones a la vuelta de la guerra fría y las argumentaciones sobre la necesidad de no hacer concesiones a los dirigentes rusos porque suelen ser interpretadas como una muestra de debilidad. Semejantes declaraciones traducen más el arraigo de los estereotipos políticos del pasado bipolar que el análisis de una realidad del presente. La política exterior practicada por el Kremlin durante la etapa de Yeltsin y, también, durante la etapa de Putin ha respetado todos los compromisos asumidos con la UE y Estados Unidos pero al mismo tiempo, y esa es la gran diferencia entre ambas etapas, ahora está haciendo valer sus intereses nacionales con la misma firmeza y convicción que lo hacen los países europeos y la Casa Blanca.

En esta defensa de sus intereses está utilizando, de forma deliberada y sutil, todos los instrumentos de poder (blando y duro) de que dispone, desde la propaganda hasta el recurso a la fuerza, pasando por la presión diplomática o económica. Nada distinto de lo que practican Washington; Londres o París, pero sí muy diferente de aquella época en la que la amenaza nuclear estuvo siempre presente como la última razón de toda decisión política internacional.

N. de la R.
Rafael Calduch Cervera es catedrático de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid y director del Master en Relaciones Internacionales y Comunicación de la misma universidad. Ha realizado un doctorado en Ciencias Políticas y Sociología y preside la consultora “Análisis Estratégico Internacional”.
Este artículo se publica gracias a la gentileza del autor y de Safe Democracy.



Lo políticamente correcto y la metapolítica

Alberto Buela (16/8/2008)
En estos días nos ha llegado desde varios lados un reportaje al militar franco-ruso, ahora devenido ensayista, Vladimir Volkoff sobre lo políticamente correcto. Las respuestas que da Volkoff son acertadas pero insuficientes, pues él limita lo políticamente correcto a un problema del decir: “circula a través de nuestro vocabulario. El vocabulario políticamente correcto es el principal vehículo de contagio”.



Notas sobre el resentimiento

Alberto Buela (1/8/2008)
En estos días se habla mucho desde los grandes medios de comunicación acerca del tema del resentimiento en el accionar político. Y como a nosotros nos han ya preguntado varias veces sobre el tema, intentaremos en forma breve y clara fijar algunas notas sobre el concepto mencionado.

El resentimiento es un fenómeno complejo, basado en la conciencia de la propia incapacidad y flaqueza,



Resurge la amenaza de un operativo bélico contra Irán: El Pentágono desconfía en la eficacia de una opción militar

Adrián Mac Liman (22/7/2008)
HAY QUE ACABAR CON EL PODERÍO MILITAR IRANÍ. Éste ha sido, desde mediados de la década de los noventa, el objetivo de los sucesivos gobiernos israelíes en relación a los avances del programa nuclear llevado a cabo por los científicos persas.

La mayoría de los gobiernos israelíes han exigido a Washington acciones militares concretas y contundentes contra la red de laboratorios iraníes, alegando el peligro del nacimiento de una nueva potencia atómica en la ya de por sí convulsa región de Oriente Medio.

CONSECUENCIAS DESASTROSAS
La preocupación de los políticos israelíes se reflejó claramente en las gestiones realizadas en los primeros meses. “El bombardeo de Osirak no generó protestas internacionales; medios y opinión pública occidentales acogieron la noticia con incredulidad” de 2003 por el entonces primer ministro, Ariel Sharon, quién llegó a pedir a los neoconservadores -que tenían acceso directo al Despacho Oval de la Casa Blanca- que contemplen la posibilidad de un ataque aéreo contra las instalaciones iraníes. Tras haber evaluado cuidadosamente las ventajes y los inconvenientes del operativo, el Estado Mayor de la Fuerza Aérea de Estados Unidos desaconsejó la intervención, alegando que la misma podría tener consecuencias desastrosas para el conjunto de los países de la región.

Pero la cosa no quedó ahí. Israel ideó su propio plan de intervención, reclamando el apoyo estratégico de Washington. Pero la iniciativa no obtuvo el aval de la Casa Blanca.

“En los 90, la estrategia de Israel iba más allá: se trataba de apoyar los cambios de los regimenes de Irak, Irán y Siria, en pro de un nuevo mapa socio-político de la región”. La preocupación de Israel por el programa atómico iraní viene de más atrás. Hace tres lustros, los estrategas israelíes detectaron los primeros indicios de un incipiente proyecto de investigación nuclear en el país persa. La reacción primitiva del establishment castrense fue muy parecida a la que desembocó, en 1981, en la destrucción del reactor iraquí Osirak, centro de investigación atómica financiado en su momento por Francia que, según los militares, podría haberse convertido en una seria amenaza estratégica para Israel.

El bombardeo de Osirak no generó protestas a escala internacional; al contrario, los medios de comunicación y la opinión pública occidentales acogieron la noticia con cierta incredulidad. En aquel entonces, parecía inconcebible que la aviación de un Estado atacará las instalaciones de otro país.

LA RADICALIZACIÓN DEL GOBIERNO PERSA
A mediados de la década de los noventa, los planes estratégicos de Israel no se limitaban a la eliminación del peligro potencial que supone un Irán dotado con armas nucleares. Su proyecto estratégico era más ambicioso. “La victoria electoral de Ajmadineyad, jomeinista fanático y exponente del nuevo radicalismo islámico, llevó el agua al molino de los conservadores israelíes”. Se trataba de apoyar los cambios de los regimenes políticos de Irak, Irán y Siria y de acompañar paralelamente un nuevo mapa socio-político de la región, contando con la creación de nuevos Estados étnicos y religiosos, basados en estructuras tribales.

¿Un paso atrás? Por supuesto. Pero un paso atrás que hubiese facilitado en control remoto de esos Estados por potencias regionales, como por ejemplo Israel y Turquía o mundiales, como Estados Unidos. El proyecto, extremadamente complejo y peligroso, quedó totalmente descartado por la cúpula militar estadounidense tras la guerra de Afganistán.

Diez meses antes de la invasión de Irak, Washington y Tel Aviv resucitaron el tema iraní. “Hoy las Cancillerías occidentales parecen más propensas a dar luz verde a una ofensiva militar”. Esta vez, el peligro parecía más real. A la hipotética amenaza nuclear se sumaba la radicalización de la clase política persa, el desembarco en la vida pública de la nueva generación de militantes islámicos, más afines al ideario de Jomeini, quien preconizaba, allá por los años setenta, la destrucción de Israel y la utilización del arma del petróleo contra Occidente.

La victoria electoral de Mahmud Ajmadineyad, jomeinista fanático y exponente de la nueva ola de radicalismo islámico, llevó el agua al molino de los conservadores israelíes persuadidos de la necesidad de borrar del mapa el peligro nuclear iraní.

EUROPA MÁS MODERADA
A esta postura se sumaron los conservadores estadounidenses, quienes exigieron a su vez medidas contundentes contra Teherán. Europa, que parecía haberse acostumbrado a ir a la zaga del aliado transatlántico, adoptó en esta ocasión una postura más moderada. “Una guerra entre Israel e Irán podría provocar entre 16 y 28 millones de víctimas iraníes y 800.000 bajas israelíes en tres semanas”. El fracaso de los operativos bélicos de Afganistán e Irak obligaban a los políticos del Viejo Continente a actuar con prudencia. Los europeos trataron por todos los medios de frenar los impulsos bélicos estadounidenses y de apreciar en su justo valor las declaraciones de los políticos israelíes.

En los últimos meses, las potencias occidentales llegaron, sin embargo, a la conclusión de que la amenaza nuclear iraní podría materializarse en un plazo de dos a tres años. ¿Indicios reales? ¿Resultado de una maquiavélica campaña de intoxicación?

Poco importa. El hecho es que hoy en día las Cancillerías occidentales parecen más propensas a dar luz verde a una ofensiva militar.

EL HORROR NUCLEAR
Anthony Cordesman, miembro del equipo de investigadores del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales de Washington. “Israel trataría de conservar armamento para posibles ofensivas contra sus enemigos”, estima que una guerra entre Israel e Irán podría provocar la desaparición de alrededor de 16 a 28 millones de iraníes en un plazo de tres semanas. Paralelamente, las bajas israelíes ascenderían a 800.000 personas.

Se cree que los iraníes -que difícilmente podrán disponer de más de una treintena de ojivas nucleares en 2010- escogerían como objetivo prioritario las ciudades de Tel Aviv o Haifa, mientras que los israelíes procurarían centrar sus ataques contra las instalaciones nucleares persas y contra las principales ciudades iraníes, Teherán, Isfahan, Tabriz, Shiraz, Quon y Ahwaz.

Israel, que dispone actualmente de más de 200 cabezas nucleares, trataría de conservar armamento para posibles ofensivas contra sus vecinos -Egipto y Siria-, o contra algunos Estados del Golfo Pérsico.

Actualmente, los consejeros de la Casa Blanca prefieren centrar su interés en las consecuencias de una campaña internacional concertada contra el régimen islámico de Irán, que podría desembocar en el posible abandono del programa nuclear persa. En el caso contrario, los más pesimistas estiman que Bush podría caer en la tentación de aprovechar sus últimas semanas en la Casa Blanca para lanzar una ofensiva militar contra los rebeldes persas. Un operativo desaconsejado por el Pentágono, cuyos estrategas no confían en la eficacia de una opción militar.

N. de la R.
Adrián Mac Liman es analista político y consultor internacional. Fue corresponsal de El País en Estados Unidos y trabajó para medios de comunicación internacionales (ANSA, AMEX, Gráfica). Ha sido colaborador habitual de Informaciones y de la revista Cambio 16, corresponsal de guerra en Chipre (1974), testigo de la caída del Sha de Irán (1978) y enviado especial de La Vanguardia durante la invasión del Líbano (1982).  En la actualidad está integrado en el Grupo de Estudios Mediterráneos de La Sorbona.



Kirchner: Una derrota innecesaria

Alberto Buela (17/7/2008)
Es fácil hablar después que el sol se puso, pero la filosofía como el búho de Minerva sale a volar a esa hora. No es una actividad de adivinos ni de horoscoperos sino siempre, en su uso sano,  se ocupa de lo que es pero y sólo recién a partir de allí -de la realidad- intenta barruntar lo que puede ser.

La derrota primero en las calles, creando un acto paralelo hace dos días, que le salió como la mona pues la gente del campo lo triplicó en asistencia. Un



El retorno de Bashar al-Assad: Francia y Siria desbloquean sus relaciones

Nicolas Sarkozy y Bashar al-Assad

Internacional
George Emile Irani (17/7/2008)
EL PRESIDENTE SIRIO, Bashar al-Assad, ha sido recibido con todos los honores por su homólogo francés, Nicolas Sarkozy.

El hecho es noticia porque, hasta hace poco, la comunidad internacional había aislado al régimen sirio por su responsabilidad y participación en la desestabilización de Líbano, por su apoyo a grupos violentos como Hezbolá en Líbano y Hamás en Gaza, y por su amistad con el régimen de los mullahs en Irán. A ello habría que añadir las críticas de la administración Bush, que acusó al régimen de al-Assad de desarrollar una bomba nuclear con la ayuda de Corea del Norte, acusación que Damasco negó vehementemente.

En 2005, todas las especulaciones apuntaban a que los días en el poder del líder sirio estaban contados. Sin embargo, sobrevivió a diversos desafíos, tanto internos como externos, y aquí está otra vez, recibiendo aplausos cual actor relevante en el escenario de Oriente Medio.

¿Qué explica el retorno del autócrata bien formado, como le



Inmigración, “de qué se trata, que me opongo”

InmigrantesAna Ortiz (10/7/2008)
Definitivamente, en este país ha habido un antes y un después para el Gobierno socialista cuya fecha clave es el 9 de marzo pasado. De antipatriotas y xenófobos, hemos pasado a hablar de “casi-crisis” (aunque muy deprisa y rápidamente), así como de los problemas que ha ocasionado el chorro de demagogia buenista que ha sido el hilo conductor de la legislatura pasada en materia de inmigración. Hasta el conocido gafe que se le presume al presidente del Gobierno parece que ha pasado a mejor vida, a juzgar por su pronóstico futbolístico.

“Algunas críticas a la directiva europea solo pueden proceder de la ignorancia supina o de la demagogia irresponsable”. Palabras de Rodríguez Zapatero publicadas en El País, acompañadas de un editorial que, lejos de apoyar al presidente, tacha sus argumentos de “poco convincentes”, sin olvidar la dosis diaria de demonización a la Oposición. La frase no tiene desperdicio: “esta norma la podría aplicar en su día un Gobierno menos garantista: Rajoy dijo ayer acoger ‘satisfactoriamente’ ese respaldo de la directiva”.

El problema es que un día llegará la derecha “comeniños” y “fagocitainmigrantes” y entonces sí que tendremos algo de lo que preocuparnos. Como ejemplo para poner las cosas en su sitio, hay que recordar el magnífico trabajo que se está llevando desde la Consejería de Inmigración de la Comunidad de Madrid, que ha aportado un buen número de soluciones tanto económicas como sociales. (Ver artículo en Gees).

El caso es que las palabras del presidente Zapatero venían a cuenta de las protestas de los grupos minoritarios en el Congreso de los Diputados, que han tachado de “Guantánamo Europeo” a la directiva aprobada por los socios de la Unión, que permite mantener en centros de internamiento a los inmigrantes ilegales, hasta por un período de dieciocho meses.

Un período dedicado a tratar de conseguir que la repatriación, sea, primero voluntaria y después obligatoria, como medida para atajar, en lo posible, el lucrativo negocio de las mafias que traen gente a Europa en condiciones infrahumanas y que las dejan abandonadas a su suerte, en el mejor de los casos. Un margen de tiempo en el que se deberá poner en marcha todo un procedimiento legal bajo todas las garantías que establece la ley.

Lo que ocurre es mucho más sencillo: el Gobierno está manteniendo un doble discurso. Uno, el de nuestros socios europeos, consciente de que es muy necesario adoptar una política común para el conjunto de la Unión Europea, que no sea solo un papel escrito, sino algo verdaderamente responsable, tanto para los que están, como para los que son doble víctimas: en su país, del que huyen por no encontrar oportunidades, y de las mafias, que obtienen pingües con la desgracia ajena.

Otro, de puertas para adentro: una de cal y otra de arena “nos sumamos a nuestros socios porque no hay más remedio, pero no es tan malo lo que apoyamos, aunque tenemos que encontrar la fórmula para desmarcarnos del Partido Popular que ofrece algunas soluciones pero no podemos aceptarlas”. Al menos esto es lo que parece, a juzgar por sus actuaciones, como la de rechazar la propuesta hecha por el Partido Popular en el Congreso el pasado 10 de junio.

Una Proposición No de Ley encaminada a establecer un contrato de integración para aquellos inmigrantes que deseen establecerse en nuestro país.

Una proposición que fue rechazada entre vaguedades, no solo por el PSOE
CiU alegó que la rechazaba porque lo que debería hacer el Gobierno es impulsar un Pacto de Estado en políticas de inmigración con las diversas fuerzas parlamentarias, con el objetivo de garantizar el control de los flujos migratorios y la plena integración de las personas inmigradas en la sociedad. Es decir, que todo lo que pase por el conseCongreso Diputadosnso de los dos grandes partidos con oportunidades reales de gobernar no se puede aceptar.

Todo tiene que pasar por el filtro nacionalista, que dicho sea de paso, lejos de contribuir con soluciones, se ha dedicado a difundir información en la que se explica al inmigrante que con el castellano tendrá menos oportunidades para todo que con el catalán.

 En paralelo, el Grupo Socialista insta a sustituir la proposición hecha por el Grupo Popular porque, lo que debe hacer el Gobierno y el resto de las Administraciones, es promover un consenso territorial y social en materia migratoria que “permita avanzar hacia la consecución de un Pacto de Estado en esta materia, basado en nuestros principios y valores constitucionales”.

Además, afirma, que el quid de la cuestión es lograr la integración de los inmigrantes sobre la base de las leyes y normas que regulan nuestra convivencia. Considera que la pieza clave para lograr el pretendido éxito está en lograr la cohesión social y la efectiva integración de los inmigrantes y que esto se conseguirá con el fortalecimiento de los instrumentos de cooperación territorial con las Comunidades Autónomas y Ayuntamientos, dentro de un Plan Estratégico de Ciudadanía e Integración.

Es decir, que lo que hay que lograr es llegar a acuerdos de Estado basados en la integración, que serán guiados por nuestros principios y valores. Lo mismo que ya llevaba en cartera el Partido Popular en la pasada Campaña Electoral, pero llamado de otra forma. La idea es buena, pero que no se entere la gente, porque lo menos que le dirán es lo que ya le han dicho a Zapatero, que se está “derechizando” (UpyD).

Palabrería aparte, la cuestión es que hay un consenso generalizado, tanto por parte de la sociedad, como por la clase política de que no podemos seguir como estamos. El problema es el dichoso cordón sanitario, fruto de complejos ultramontanos, además del disfrute del sillón parlamentario logrado basándose en demagogia.

Es cierto que de Corbacho a Caldera hay un trecho. Pero lo primero que debe hacer el Gobierno, y el resto de los Grupos políticos, es olvidarse de una vez de complejos y aunar fuerzas cuando así convenga a todos, porque todos, nos representan, incluidos los inmigrantes, que serán los primeros beneficiados cuando se pongan en marcha medidas integradoras respaldadas por la Ley y el Gobierno de turno.

Si seguimos anclados en complejos no conseguiremos más de lo que tenemos: oleadas de inmigrantes llegando a las puertas de nuestro país, sin papeles y sin futuro.

El paisajeParlamento Europeo
La fotografía ante la que nos encontramos es que la población extranjera se ha multiplicado en España por siete en la última década. De algo mas de 600.000 inmigrantes que había en 1997, a cuatro millones y medio que hay en la actualidad, que representa el 10% de la población.

Somos el país de Europa que más inmigración recibe y el segundo a nivel mundial, solo por detrás de Estados Unidos.

Otro dado. En 2007, entraron en España 725.000 inmigrantes, es decir, el 50% de los inmigrantes que llegaron al conjunto de la Unión Europea, superando los llegados a Francia, Reino Unido, Alemania e Italia, sumados todos juntos.

Gran parte de esta situación se debe al efecto llamada denunciado hasta la saciedad, tanto dentro, como fuera de España.

En cualquier caso, lo que tenemos que tener muy presente es que el fenómeno de inmigración es imparable a nivel mundial, gracias a las nuevas tecnologías y la facilidad para viajar. De eso no cabe ninguna duda. Lo que en ningún caso se puede obviar, es que si este fenómeno no se trata con seriedad, pueden ocurrir episodios como los que ocurrieron en Francia hace un par de años, por la falta de medidas de integración respaldadas por la sociedad en su conjunto, previamente establecidas por los políticos que nos representan.

La integración es un camino de doble vía. Debe partir de las administraciones del país receptor, que deben hacer un esfuerzo especial en el área de servicios sociales, sanidad y educación, así como de los extranjeros que deciden establecerse en otro país distinto al de su origen. Aquellos que han elegido España como lugar de residencia deben hacer también un esfuerzo por adaptarse e integrarse, aportando lo mejor de su cultura y costumbres, pero sin que ello vaya en menoscabo de los logros conseguidos en nuestra sociedad, que tienen que ver con el respeto a la ley e igualdad de derechos, deberes y consideración de hombres y mujeres.

Llegados a este punto, cabe preguntarse qué hay de malo en que tanto los que llegan como los que estamos -representados por nuestras instituciones- establezcamos un compromiso en firme en el que ambas partes respondan y se impliquen por igual en conseguir el ansiado objetivo de la integración.

¿No es acaso un verdadero Guantánamo encontrarse sin protección, sin conocer el terreno y sin que nadie te eche una mano?

Los países de nuestro entorno ya están dando los primeros pasos en relación a esto, bajo fórmulas distintas entre los ciudadanos extranjeros y el Estado. Francia ha establecido un contrato de acogida e integración, que tiene su origen en la reforma de la Ley de Extranjería, para quienes soliciten un permiso de residencia. Está basado en cuatro aspectos que tienen que ver con el control de los flujos migratorios, promoción de co- desarrollo, favorecer la integración y promoción de la identidad francesa.

En relación a los dos últimos puntos, el estado francés se compromete a fomentar el conocimiento de la lengua francesa, la formación sobre la vida en Francia, así como los usos, costumbres y valores de la sociedad gala.

Lo que el Gobierno francés pide a cambio a los que llegan, es que se comprometa a seguir esta formación cívica y lingüística. También se pretende reforzar los valores de Francia entre los propios franceses nativos.

En el Reino Unido se aplica un sistema de puntos con la finalidad de incentivar la entrada de determinados trabajadores cualificados. El sistema presenta setenta y cinco puntos para el examen de habilidades generales, diez para el dominio del inglés y otros diez para la capacidad económica. Se trata de una prueba integral a priori para la admisión, no para los que ya están.

En Holanda, la modificación en marzo de 2006 de la Ley de Integración de 1991 introdujo la obligatoriedad de aprobar un examen de integración ante de llegar al país. Nuevamente, se observa que la legislación aquí también prioriza la llegada, aunque luego se hace cargo de los que ya están y decidan quedarse. Para ello, se dotó con un presupuesto de 270 millones de euros, destinados a los inmigrantes de 16 a 65 años que quieran adquirir la residencia holandesa. Los inmigrantes que vivan en Holanda también están obligados a hacer el examen salvo que, entre otros casos, hayan vivido en el país un mínimo de ocho años o pertenezcan a la UE.

El examen, que se realiza en el país de origen antes de llegar a Holanda, consta de una prueba sobre el conocimiento del idioma y otra sobre cultura holandesa.

También Alemania dio un giro a su política de inmigración en 2005, cuando entró en vigor una ley sobre inmigración. Los destinatarios son los inmigrantes que quieran adquirir la residencia permanente o temporal. Los beneficiarios tienen dos años para superar la prueba. A los inmigrantes se les facilita un curso de alemán y un curso de orientación sobre derechos y obligaciones del ciudadano. Una vez realizados los módulos, deben superar dos exámenes. Uno de idiomas y otro de orientación.

A las personas que no superan el examen no se les retira el permiso de residencia. Si lo superan, otorga la posibilidad de aumentar el tiempo de estancia en Alemania.

También existen regiones europeas como Veneto y Calabria en Italia que cuentan con pactos de integración. Una fórmula similar que se utiliza en territorios de Francia y Suecia.

La integración comprometida es la clave
No hay otro camino. “La integración debe estar garantizada por la Administración española, tanto en derechos como en deberes y prestaciones. Hay que articular medidas que faciliten la integración de los extranjeros que les permita conocer, con el apoyo de las administraciones públicas, nuestra lengua, instituciones, normas, costumbres y valores”. “El Grupo Parlamentario Popular cree necesario la creación a través de un contrato que refleje el compromiso mutuo entre la sociedad española y el inmigrante que tenga deseo de permanecer de forma estable en nuestro país”.

“Me alegro de que ahora rectifique y apoye la política común en ese ámbito. (…) Yo no le llamaré xenófobo por esto; es más, le brindaré mi apoyo, porque ni nosotros lo éramos cuando lo proponíamos, ni creo que usted lo sea por rectificar ahora”. (Mariano Rajoy dixit)

A estas intenciones y propuestas se reduce el Guantánamo propuesto por Europa y por el Grupo Popular, que está derechizando al presidente del Gobierno de España, quien, a su vez, tacha de ignorantes y demagogos a los que piensan como antes del 9 de marzo y no han pasado al otro lado de la raya, como si parece que hará el Gobierno, previo cambio de camisa y por conveniencia.

Instauremos el 9 de marzo como día de Fiesta Nacional.

 

N. de la R.
Ana Ortiz es Analista Adjunta en el área de Medios de Comunicación. Este artículo se publica gracias a la gentileza de la autora y del GEES (Grupo de Estudios Estratégicos).



Distintas formas de ejecución de los Derechos Humanos

La patada ArgentinaAlberto Buela (4/7/2008)
El fin de la dictadura militar que duró del 76 al 83 supuso la restauración del sistema democrático en la Argentina.

Así, desde diciembre de 1983 a mayo de l989 gobernó el partido radical bajo la presidencia de Raúl Alfonsín quien renunció, en sus palabras “resignó” el poder a manos de Carlos Menem surgido de las filas del peronismo.

El régimen político de Alfon



El desembarco de China en América Latina. ¿Por qué Pekín es un socio “deseable” para la región?

China y BrasilXulio Ríos (3/7/2008)
LA DIPLOMACIA, ESENCIALMENTE ECONÓMICA, que China está implementando en América Latina está alterando a marchas forzadas las relaciones económicas exteriores de esta región y, con ello, quizás sentando las bases para una ulterior modificación de algunos ejes geopolíticos que hoy pudieran parecer inmutables.

En paralelo, mientras la imagen de Estados Unidos no mejora en la zona y la de la Unión Europea sigue experimentando quiebras sustantivas, China, aún estableciendo una clara diferenciación entre su modelo político interno (inadmisible, en términos generales) y externo (considerado de interés), es percibida globalmente en términos positivos, tanto por los gobiernos como por amplios sectores ciudadanos.

“La estrategia de Beijing tiene dos asuntos claves: el reconocimiento diplomático de Taiwán y el acceso a las materias primas”.  No obstante, la moderación que, en general, preside el acercamiento de China a la región latinoamericana, en poco comparable a su estrategia africana, la intensificación de los vínculos comerciales, la presencia cada vez mayor de su diplomacia cultural (especialmente a través de la promoción de los Institutos Confucio) y su escasa implicación en las dinámicas de seguridad (lo que en parte explica que no se le considere una amenaza), contribuyen a resaltar la identificación de China como un socio deseable y deseado en muchas cancillerías.

EL VALOR DEL MERCADO CHINO
Sabido es que la estrategia de Beijing en la región tiene dos asuntos claves en la agenda: el reconocimiento diplomático de Taiwán y el acceso a las materias primas. “Para los países latinoamericanos, el entendimiento con China reduce dependencias de otros socios y facilita una mayor autonomía de sus políticas exteriores”. Al abordar ambos temas, China se conduce con cautela y procurando evitar cualquier comportamiento que pudiera definirse como desafiante, no sólo en atención a cualquier país de la región, sino también en relación a Washington.

Este cúmulo de procederes le está permitiendo ganar influencia y respeto, aunque la región no se halle entre sus prioridades, esencialmente centradas en Asia y en Estados Unidos, y cierta decepción en algunos gobiernos que habían depositado grandes -y quizás infundadas- esperanzas en un boom de la inversión oriental.

Para los países latinoamericanos, el entendimiento con China reduce dependencias con respecto a otros socios y facilita una mayor autonomía de sus políticas exteriores. Esa diversificación es apreciada como un valor positivo.

RELACIONES EN ASCENSO: EL CASO DE BRASIL
“En 2007, el incremento del comercio entre China y Brasil fue del 46,4 por ciento en relación a 2006, alcanzando los 29.710 millones de dólares”. Las relaciones de cooperación no dejan de crecer. Los intercambios de visitas de alto rango se suceden continuamente, estableciendo mecanismos de diálogo que ganan en contenidos. Estos días, He Guoqiang, miembro del Comité Permanente del Buró Político del Partido Comunista de China (PCCh) y responsable de la lucha contra la corrupción, ha estado de visita en Cuba, Trinidad y Tobago, y Brasil, su principal apuesta en la zona.

Estos encuentros, al máximo nivel, en los que se involucra tanto a la diplomacia estatal como a la paradiplomacia partidaria, permiten mejorar la sintonía política y sustentarla en avances progresivos en el ámbito de los intercambios económicos.

Las relaciones entre China y Brasil constituyen un claro ejemplo. En 2007, el incremento del comercio bilateral fue del 46,4 por ciento en relación a 2006, alcanzando la cifra de 29.710 millones de dólares. China es su segundo socio comercial por detrás de Estados Unidos y por delante de Argentina. La empresa aeronáutica Embraer ya está produciendo en Harbin, en la norteña provincia de Heilongjiang, sus primeros modelos ERJ 145. La cooperación tecnológica, en bioenergía y satélites es también importante. En lo político, este entendimiento agranda el campo de maniobra de Brasilia en el ámbito internacional.

LAZOS COMERCIALES CON PROYECCIÓN POLÍTICA
En el marco de la preparación del IV Foro de los Países del Arco del Pacífico Latinoamericano, que se celebrará en Chile en octubre próximo, el Grupo de Reflexión liderado por México argumentó la importancia de desarrollar estrategias coordinadas en relación a Asia y, en concreto, con China. Inaugurada el 25 de junio en Panamá (con quien China intensifica los intercambios comerciales a pesar de la inexistencia de relaciones diplomáticas: 5.058 millones en 2007 frente a los 4.800 de 2006, el doble de su comercio con Cuba), esta reunión de trabajo ha servido para evidenciar la creciente significación reciproca de estas relaciones.Xulio Rios

El pragmatismo y la desideologización, apreciables incluso en relación a Cuba o Venezuela (aunque probablemente tanto en La Habana como en Caracas los factores ideológicos y geopolíticos no sean ignorados), son notas características que añaden profundidad y trascendencia a los lazos que China establece en América Latina.

Para China, América Latina sigue siendo un continente distante, respecto al cual, la prudencia debe primar en su estrategia de acercamiento a fin de evitar cualquier atisbo de interpretación antiestadounidense, pero la fuerza de los hechos sugiere una progresiva significación de los lazos bilaterales que más pronto que tarde, a medida que China se afiance como una potencia global y no sólo como un poder ascendente y periférico, tendrá una traducción política que irá en detrimento de otros actores externos presentes en la zona. Y puede faltar menos de lo que se cree para que así sea.

N. de la R.
Xulio Ríos es director del Observatorio de la Política China (Casa Asia-IGADI) y autor de “Mercado y control político en China” (La Catarata, 2007).

Este artículo se publica gracias a la gentileza del autor y de Safe Democracy.

 



Las secuelas del referendo irlandés: la democracia secuestrada

Alberto MonteroAlberto Montero (25/6/2008)
El pasado día 13 nos dejó la confirmación de que esta Europa de los mercaderes no gusta a sus ciudadanos, al menos a los que les preguntan por ella.

Desde entonces se ha abierto un periodo interesante en el que los líderes europeos tratan de explicar, hacer digerible y buscar soluciones al varapalo irlandés al proyecto elitista de construcción europea. Es ahora cuando, entre risas nerviosas y gestos contrariados, aquéllos acaban verbalizando lo que realmente piensan y el discurso soterrado hasta entonces sale a la luz sin contención ni mesura.

Revisando las declaraciones y reacciones de quienes gobiernan la Unión Europea y sus Estados miembros puede apreciarse como, en líneas generales, los términos de ese discurso se centran en torno a cuatro grandes ejes.

 

Las razones más simples son las que se callan

En primer lugar, no han faltado sesudas reflexiones acerca de las razones de la negativa de los irlandeses a ratificar el Tratado de Lisboa. En muchos casos, son simplemente  fuegos de artificio retóricos y con los que se trata de revestir con argumentos grandilocuentes los motivos de ese rechazo hacia Europa que, en lo fundamental, son mucho más simples de lo que nos quieren vender. De hecho, precisamente en su simpleza radica la razón de que se nos quieran ocultar esos motivos y sean sustituidos por argumentaciones más sofisticadas en claves específicamente nacionales. Como si los irlandeses fueran unos bichos raros que no se representan más que a ellos mismos y son en todo punto diferentes del resto de europeos a los que se nos debe suponer entusiasmados con el Tratado de Lisboa.

No hay que rascar mucho para entender que esta Europa del capital es insensible, cuando no contraria, a los intereses de sus ciudadanos; adolece de déficit democráticos que, para el caso de otros países del mundo, serían motivo más que suficientes para invadirlos en nombre de la restauración de la democracia y la preservación de los derechos de los ciudadanos; y avanza, de forma irrefrenable y a costa de derechos laborales y sociales que habían sido considerados avances para la civilización, hacia la consolidación de un espacio de acumulación para el capital del que sólo se pueden sentir orgullosos las empresas (que, por cierto, aunque no votan sí deciden y, si no, a qué viene tanto lobby suelto en Bruselas).

Ésas son, a mi modo de ver, las verdaderas razones o, al menos, las que la mayor parte de los europeos tendríamos en común en contra de la Europa que se está construyendo de espaldas a los ciudadanos. Por lo tanto, y en la medida en que parte del voto irlandés en contra del Tratado obedece también a esos motivos, aunque se trate de ocultar, me gustaría saber qué opinan al respecto y cómo piensan arreglarlo las autoridades europeas.

Sin embargo, mucho me temo que podemos estar seguros de que no oiremos a ningún líder europeo salir a la arena pública con esos argumentos para, a continuación, reconocer los errores, hacer acto de constricción y tratar de enmendarlos. Por el contrario, las invectivas se han dirigido contra los irlandeses; nada de extraer conclusiones generales peligrosas que pudieran poner en riesgo la construcción europea. Centrémonos en lo particular y difuminemos lo general, parece ser la directriz en torno a la que se han atrincherado aquéllos.

 

El mundo está lleno de desagradecidos

En segundo lugar, también llega ahora el momento de las recriminaciones, de echarles en cara a los irlandeses, y de paso a todos aquellos países que se han beneficiado de los fondos europeos para financiar su desarrollo, su falta de gratitud. ¿Cómo es posible que ellos, que en 1973 tenían una renta per cápita que apenas superaba el 60% de la media comunitaria y ahora supone el 140% de la misma, den la espalda a la profundización institucional de Europa? ¿Han olvidado ya que si se encuentran nadando en la prosperidad es gracias al saldo neto de los más de 55 mil millones de euros recibidos desde entonces?

La recriminación viene a alimentar así la argumentación de quienes piensan que los fondos sociales europeos deberían desaparecer porque ni siquiera sirven para comprar voluntades. ¡Qué poco rendimiento para tanto dinero!, debe rumiar más de uno en Bruselas.

 

Cuando la democracia es el error

En tercer lugar, también se han producido declaraciones cuestionando hasta los propios fundamentos de la democracia. En este caso, la vía de argumentación ha sido doble.

Por un lado, están quienes piensan que una cosa tan relevante como una Constitución -que es, en definitiva y como ya escribí en su momento, lo que es el Tratado de Lisboa- no puede ser sometida al libre albedrío de los ciudadanos que se gobernarán con ella. Y ello porque éstos andan siempre carentes de tiempo -¡y menos que tendrán una vez aprobadas las 65 horas semanales!- y capacidades para comprender las sofisticaciones jurídicas del texto en cuestión.

En este sentido, el editorial de El País del 14 de junio se hacía eco de dicho planteamiento sin ningún tipo de pudor: “Hay otros argumentos para explicar el rechazo. Tienen que ver con lo absurdo de someter a referéndum cuestiones tan complejas como las que albergan las casi 400 páginas de documento de Lisboa”. ¿Queda claro, no?

Eso sí, si los irlandeses hubieran aprobado la ratificación del Tratado otro gallo hubiera cantado. En ese caso, nadie dudaría ahora de que sabían lo que estaban votando, lo conocían, comprendían y aprobaban. Con lo cual nos encontramos con el fantástico caso de que las facultades cognitivas de los ciudadanos se hacen depender de la valoración del texto en cuestión y sólo se les reconocen a quienes lo aprueban y están conformes con su contenido. Todo aquel que lo rechace, aunque sea de forma argumentada, serán tachado, como mínimo, de necio.

El corolario último es evidente: Irlanda está llena de necios y en el resto de Europa somos unos lumbreras que, conscientes de nuestra sabiduría, delegamos nuestra capacidad de decidir en nuestros representantes políticos para que ellos lo ratifiquen en nuestro nombre. A fin de cuentas, ellos saben bien lo que nos conviene a todos así que para qué molestarse en el engorroso acto de votar.

Y, por otro lado, están quienes argumentan que el voto de los ciudadanos de un país, aun cuando las reglas del juego se han fijado previamente para que la toma de decisiones se adopte por unanimidad, no puede paralizar un proyecto que implica a más de 500 millones de personas.

Es más, se abunda en la idea de que los irlandeses suponen tan sólo el 1% de la población total de Europa o, llevada al extremo y con tintes dramáticos, se remarca que la diferencia entre el avance y el estancamiento institucional de Europa ha dependido tan sólo de la voluntad de 110 mil votantes, esto es, el número de votos de diferencia entre los partidarios de rechazar la ratificación del Tratado y quienes querían ratificarlo.

La democracia se convierte, entonces, en una cuestión de aritmética pura y dura y no en un mecanismo de decisión colectiva que, sobre todo, tiene que velar por la preservación de los derechos de las minorías y que, en consecuencia, trasciende la simple aritmética electoral y se torna compleja en sí misma.

Sin embargo, todo ello se está ignorando en estos momentos. Es más, se obvia hasta que, para la aprobación del Tratado, la regla de unanimidad viniera impuesta de partida y fuera definitoria del proceso de toma de decisiones. Bastaría con que se reconociera esa cuestión para que cualquier discusión y todas las declaraciones al respecto quedaran definitivamente atajadas. Si un miembro no quiere, el proceso no avanza. No hay más que hablar.

 

¿Qué hacer ahora: ignorar o repetir?

Y, finalmente, el debate actual tampoco escapa a la cuestión de las posibles soluciones a la crisis institucional generada por el resultado del referendo irlandés.

Así, más allá de las declaraciones apesadumbradas aunque con altísimo contenido político como las del jefe de Política Exterior de la Unión Europea, Javier Solana, cuando afirmó que “la vida debe seguir”, los jefes de estado y autoridades europeas andan empeñados en afirmar que el Tratado de Lisboa sigue vivo, que la Unión Europea vive en permanente crisis y que, por lo tanto, lo que ha ocurrido no es ninguna novedad.

Y lo peor de todo es que tienen razón: el Tratado sigue vivo. De hecho, el Tratado es la misma Constitución Europea que, al ser rechazada por Francia y Holanda, mutó en el Tratado de Lisboa y que, ahora, al ser rechazado por Irlanda volverá a mutar en el Tratado de “pensamos-seguir-intentándolo-hasta-que-lo-consigamos”.

(Por cierto, y permítanme el sarcasmo, ¿no creen que sería interesante saber si la Iglesia Católica considera pecado la manipulación genética de Tratados?).

En todo caso, también en el ámbito de las soluciones, y dando por hecho que el Tratado de Lisboa volverá a mutar en algo similar que tratará de aprobarse a toda costa, se presentan dos opciones que me parecen especialmente preocupantes.

Por un lado, desestimar el resultado irlandés, es decir, ignorar la decisión de los ciudadanos del único país que ha sometido a referendo el Tratado. O, lo que es lo mismo, desestimar el resultado de la voluntad de un pueblo democráticamente expresada y que era vinculante para el resto de la Unión Europea desde el momento en el que, como hemos dicho, para la aprobación de aquél rige la regla de la unanimidad.

Evidentemente, ello sólo se está planteando porque la negativa proviene de Irlanda. Si este resultado se hubiera obtenido en Alemania o Francia otras hubieran sido las vías de solución planteadas. ¿O es que cuando Francia votó no a la Constitución Europea a alguien se le ocurrió plantear que había que avanzar a toda costa en la construcción europea aunque eso implicara configurar una Europa a dos velocidades en la que Francia iría en el furgón de cola? Pues eso.

Y, por otro lado, están los que en un primer momento sugirieron la posibilidad de que Irlanda repitiera el referendo y que ahora la van consolidando. Así, los líderes de la Unión Europea se están planteando ya abiertamente que Irlanda repita su referendo en junio de 2009, coincidiendo con las elecciones al Parlamento Europeo y asegurándosele, previamente, que mantendrán algunos privilegios (entre ellos, la conservación de su comisario).

Está visto que esos líderes tienen una percepción un tanto sui géneris de la democracia y entienden que los resultados de las votaciones sólo pueden ser válidos cuando coinciden con los esperados. ¡Ay de los ciudadanos de aquél Estado miembro que se atrevan a oponerse a la voluntad de quienes no someten la aprobación de una Constitución al veredicto de la ciudadanía! Serán condenados sin remedio, y en una suerte de versión postmoderna del mito de Sísifo, a repetir la votación hasta que el resultado sea el previsto.

El resultado final: la democracia secuestrada

Estas son, grosso modo, las líneas generales de los discursos que se han podido escuchar por parte de los líderes europeos tras la victoria del “no” en el referendo irlandés. Como puede apreciarse, se encuentran muy lejos de los que cualquier ciudadano mínimamente formado e informado podría considerar como democráticos. De hecho, muchos de ellos se sustentan sobre posiciones radicalmente antidemocráticas.

El problema es que mientras esos líderes quieren avanzar en la conformación de una Unión Europea de los mercaderes, en una Europa más preocupada por ser un mercado único que una sociedad de bienestar, a los ciudadanos ya ni siquiera nos quedan los mecanismos democráticos para expresar nuestra opinión e intentar encauzar el proyecto europeo en otra dirección.

Europa anda empeñada en robarnos la democracia porque piensan que no sabemos usarla; porque entiende que no somos responsables para decidir cuáles son nuestros intereses y cómo gestionarlos; porque supone que el mundo debe ser gobernado por técnicos y políticos profesionales en perfecta connivencia: técnicos que sirven a un proyecto político, políticos que sirven a intereses económicos. Mientras tanto, la ciudadanía sólo puede participar como espectadora y, cuando se le requiera, acudir a las urnas para votar a favor de un resultado, el que ellos previamente han determinado.

Ante este panorama, y secuestrada la democracia, ¿qué nos queda? ¿Resignación o revolución? Ustedes eligen.

N. de la R.

Este artículo se publica gracias a la gentileza del autor, profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga, y miembro de la Fundación CEPS, que también pueden ver en su bloq, La Otra Economía.

 




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