Una enfermedad: el Chauvinismo

Nicolás ChauvinSin Acritud…
Pedro Godoy (25/5/2016)
El mismo barranco que separa la libertad del libertinaje o la autoridad del autoritarismo es el que distancia al nacionalismo del chauvinismo. Deriva de un francés, a la sazón personaje mítico, Nicolás Chauvin, al cual se le atribuyen encendidas piezas oratorias estigmatizando a Alemania y otras ensalzando a Francia. Las profería en las plazuelas de París durante la guerra franco-prusiana de 1870. Hay quienes añaden que una de sus características es que siempre esquiva la trinchera prefiriendo la tribuna. El derivado de su apellido sirve para designar una antigua peste. Su sintomatología consiste en cubrir de vituperios y asignar sólo vicios al país estimado adversario y mil virtudes al propio.

En nuestra América -inmediatamente después de la emancipación-, las élites locales en su afán por acentuar la fisonomía de cada república convertida en propiedad privada  vigorizan el desdén y el recelo por el Estado vecino y, obvio, por su población. Tales



El Himno

SaharaEspaña/Sáhara Occidental
Javier Perote (20/11/2015)
El de todos, el  himno por excelencia: La Marsellesa. Este himno ha transcendido cualquier ideología y se ha convertido en el símbolo de la protesta contra la opresión y la injusticia. Cualquiera que en algún momento de su vida se halla sentido revolucionario le han salido del pecho los primeros compases del himno: Allons enfants de la Patrie… La primera vez que lo oí, en disco de pizarra en una vieja gramola, fue siendo yo muy pequeño, en casa de alguien que no puedo precisar. Pero sí recuerdo que  lo hacían a escondidas y con cierto misterio; estaba prohibido y el disco debió llegar por algún oscuro conducto. Muchos años después también a mí me llegó la ocasión de  hacer mío el espíritu de La Marsellesa.



¿Todos somos París?

La MarsellesaSin Acritud…
Cordura (17/11/2015)
«Aux armes, citoyens. Formez vos bataillons. Marchons, marchons!
Qu’un sang impur abreuve nos sillons! […]
Amour sacré de la Patrie, conduis, soutiens nos bras
vengeurs» (La Marsellesa).

Soy culpable, lo confieso. Aunque me pareció brutal la matanza de la otra noche en París, me sobrecoge aún más –he aquí mi culpa– la reacción de tanta gente, quizá la mayoría. Me sobrecogen esos unánimes minutos de silencio en tantos centros de trabajo, especialmente públicos. Me sobrecoge tanta apelación patriótica en Francia y por aquí. Me sobrecoge tanta unidad repentina…




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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826

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