Si en vez de un etarra fuera un violador

Recibimiento el pasado 5 de julio en Vitoria al etarra José Ramón López de Abetxuko tras cumplir 29 años de condena en la cárcel. (EC)

España
Marta García Aller (12/12/2019)
En la conferencia que dio Abetxuko nadie mencionó los casi 900 asesinatos de la banda ni los cometidos por el ponente.

En España, hay una manera un tanto confusa de entender la libertad de expresión. La Audiencia Nacional puede pedir cárcel a tuiteros sin gracia por enaltecer el terrorismo con chistes malos y un terrorista que ha matado de verdad tiene, visto lo visto, todo el derecho a dar una charla en una universidad pública, sin exigirle siquiera que pida perdón a las víctimas. Iba a escribir exetarra, pero difícilmente puede alguien ser tal cosa cuando no consta arrepentimiento. No se puede ser exasesino.

El Día Internacional de los Derechos Humanos, el expreso de ETA José Ramón López de Abetxuko daba una conferencia en el campus de Vitoria de la Universidad del País Vasco sobre la situación de los reclusos de la banda terrorista que tienen problemas de salud. De los enfermos de odio no habló, solo de los que padecen otras enfermedades. Abetxuko, de 69 años, fue condenado por dos asesinatos cometidos en 1980 por los que nunca ha pedido perdón y excarcelado el año pasado tras pasar 30 años de cárcel. Según ‘Gara’, lleva marcapasos, no especifica si también corazón.

Las familias de los dos asesinados por Abetxuko se manifestaron a las puertas de la universidad en protesta por la conferencia del etarra. Apenas un centenar de personas acompañaban a las víctimas del terrorismo, cifra similar a la que atendía al otro lado de la valla la conferencia del etarra. Curiosa manera tiene la UPV de celebrar el Día Internacional de los Derechos Humanos: dentro del campus, el asesino, y fuera, sus víctimas.

La universidad vasca apeló a la “libertad de expresión de todas las ideas y sensibilidades” para explicar por qué no atendió a la petición de las víctimas de ETA y la Delegación del Gobierno de suspender la charla. La institución académica no vio nada que objetar a que un asesino diera una charla en el salón de grados, porque el exconvicto ya ha cumplido su pena e iba a hablar sobre los derechos de los presos. Tomaron la precaución de pedir al menos a los organizadores “evitar gestos o manifestaciones que puedan herir” a las víctimas. Estas ya habían explicado que lo que les producía dolor era el acto en sí y aun así no les importó celebrarlo. Más que evitarles sufrimiento, tiene pinta de que con esas palabras lo que querían evitar eran las denuncias por exaltación de terrorismo. Los aplausos no bastan.

Los mismos que están empeñados en que no se consolide la convivencia en este país utilizan esto como munición política para desgastar al PSOE“, ha afirmado

La Universidad del País Vasco ha tratado de hacer pasar todo esto por una cuestión de libertad de expresión. No lo es. Es un problema de bajeza moral. La indignidad es darle altavoz a un asesino que nunca se ha arrepentido de sus crímenes en una universidad pública. Permitirle estar en la tribuna de oradores de una institución académica, ignorando el dolor causado a sus víctimas, atenta contra los principios más básicos de la ética. Si en vez de un etarra fuera un violador, un yihadista o cualquier otro condenado por sembrar el terror que no se hubiera arrepentido, ¿también le dejaría la UPV dar lecciones a los jóvenes sobre los derechos de los presos? Será legal darles voz, pero es inmoral hacerlo ignorando el dolor causado.

En la conferencia que dio Abetxuko nadie mencionó los casi 900 asesinatos de la banda ni los cometidos por el ponente, para cerciorarse al menos de que los estudiantes que asistían a la charla fueran conscientes de dónde se habían metido. La libertad de expresión es una cosa, la ética otra. Y no son incompatibles. No es mucho pedirle a una universidad pública que trate de velar por las dos cosas a la vez. Si van a abrir sus puertas a los asesinos, tengan por lo menos la decencia de exigirles antes que pidan perdón.

Fuente: El Confidencial.





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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826

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