Pedro Sánchez

España
José Luis Heras Celemín (31/5/2023)
“Acabo de mantener un despacho con su majestad el Rey en el que he comunicado al Jefe del Estado la decisión de convocar un Consejo de Ministros esta misma tarde para disolver las Cortes y proceder a la convocatoria de las elecciones generales, en uso de la prerrogativa que la Constitución atribuye al Presidente del Gobierno… Los comicios se celebrarán el domingo 23 de julio… He tomado esta decisión a la vista de los resultados de las elecciones celebradas ayer… Aunque las votaciones de ayer tenían un alcance municipal y autonómico, el sentido del voto traslada un mensaje que va más allá, Y por eso, como presidente del Gobierno, y también como Secretario General del Partido Socialista, asumo en primera persona los resultados y creo necesario dar una respuesta y someter nuestro mandato democrático a la voluntad popular… Lo mejor es que los españoles tomen la palabra para definir el rumbo político del país”.

Sin florituras, entresacando lo importante, el anterior es el contenido de la declaración institucional de Pedro Sánchez, hoy Presidente del Gobierno en funciones, para anunciar la convocatoria de Elecciones Generales del 23 de julio. Leído ante la televisión desde el Palacio de la Moncloa, medido hasta el detalle y ajeno al tono del ‘Alo presidente’ usado en la pandemia, fue el quiebro usado para rehuir las responsabilidades que decía encarar y hacer frente a un fracaso electoral que provocó aunque no fuera candidato.

La presidencia del Gobierno sabía, o debería haber sabido, con la ayuda del CIS de Tezanos, los asesores y los medios del Estado, todas las posibilidades que podrían salir tras las elecciones 28-M, incluída la conocida al abrir las urnas. Con ellas a la vista, el presidente de Gobierno y Secretario General del partido socialista pudo actuar. Antes de las elecciones 28-M, simultaneándolas para ahorrar con la elecciones generales inminentes. O, después, haciendo lo usual en democracia: Buscar limpieza, aceptar resultados, felicitar, consolar o templar gaitas. Y todas las contingencias que la situación y leyes permiten. En busca del interés nacional, Sánchez pudo, con la pléyade de asesores que tiene a su disposición, arbitrar cuantas medidas tenía a mano. En pos de ese bien pudo remediar errores, remendar un gobierno de coalición a la deriva, asegurar o aflojar las riendas que fueran necesarias; y, en última instancia, procurar una llegada a la Presidencia de la Unión Europea en las mejores circunstancias. Pero no lo hizo.

El electorado el 28-M ha dado su opinión. Si Sánchez hubiera querido, sólo, ratificarla lo procedente es revisarla y admitir la responsabilidad que dice asumir pero escamotea. En democracia, la responsabilidad ante un fracaso es la dimisión limpia, cortés y según las normas. Sánchez no dimite, improvisando unas elecciones sobre las que tiene capacidad para convocar, lanza lo que eufemísticamente podría tomarse como reto para un líder, pero que desde el principio y a la postre es un desafío. A todos. Al electorado que no le quiere. Al PSOE, su partido político, al que sacrifica en perjuicio del socialismo, de su historia y de un porvenir que compromete. A España, sometida a un parón que lastra el futuro. A la Unión Europea, rehén de una presidencia recortada. Y a todos los que, de cualquier forma, en el mundo soportan el envite.

¿Sánchez, caldo o café en elecciones?: No una taza. Dos de Sánchez, café y caldo. En cuanto a elecciones, también van a ser dos. La primera, ‘Autonómicas y municipales’ del 28 de mayo, fue de rechazo al personaje, al ‘sanchismo’ que ha impuesto y a lo que hay alrededor de él. La segunda, las elecciones generales del 23 de julio, por dignidad nacional y respeto propio, el rechazo será más claro. Nadie puede poner a España, a los españoles, a los europeos con nosotros y al mundo en el brete de satisfacer retos personales.

Sánchez, a pesar de su ego y personalidad, vio la realidad y el conflicto entre su interés y el nacional de todos. Viéndolo, se metió y nos metió a todos, de hoz y coz, en lo que a la postre no es más que su afán personal y nos lleva a las Elecciones generales del 23 de julio. Nuestra decisión, en una democracia que aborrece dictados y dictadores en una sociedad libre, parece clara. Pueden buscarse subterfugios, incluso encontrar motivos, para que los adyacentes, compañeros de aventura o adversarios de Sánchez, se rindan, del verbo rendir (vencer, sujetar, someter) u obren en consecuencia. Será la forma de ver hasta dónde llega y qué produce entre coaligados, ajenos y adversarios el desafío electoral de Pedro Sánchez


Etiquetas:
, , , , ,