Javier Gerardo Milei

Internacional
Eva Mayen (25/11/2023)
Las apariencias engañan pero no hay que ignorarlas: ofrecen pistas que toda curtida exploradora debe tener en cuenta. La nota distintiva del señor Milei, además de su mirada lobuna, es la pelambre visible. La cabellera, cual peluca de los 70: pelos disparados y disparatados: señal de saludable virilidad aunque es la calvicie, en realidad, prueba más científica de lo que se llama testosterónico.

Las patillas frondosas y oscurísimas recuerdan al Elvis ya decadente. Quizás nostalgia de aquellos años del general de negro bigote. Pero es nostalgia comedida. Milei no ha sustituido patillas por bigote y tampoco ha decidido mezclar ambos aditamentos pilosos porque resultaría demasiado decimonónico.

Bien es verdad que las solas patillas son ya emulación de los tiempos liberales del idolatrado Adam Smith, del absoluto «dejad hacer» y del hombre como lobo para el hombre en la bellísima tarea del enriquecimiento personal.

Como es lógico, se debe correr un tupido velo y olvidarse de los niños hambrientos del Londres de Charles_Dickens de aquellos liberales y amados tiempos.

 


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