Los Españoles

España
Ángel Luis Martín (17/6/2025)
“Español”: vocablo que vino de fuera: nuestro complejo y nada simplista pasado.

Las naciones no gozan de la intemporalidad ni de la eternidad. Aparecen, nacen, se desarrollan y mueren. Nada es para siempre, absolutamente nada.

Se podría definir el concepto nación como una representación no natural, implantada desde el Poder: aceptada, compartida y asumida por un sentido de pertenencia.

Eric Hobsbawn explica el concepto nación como “comunidades imaginadas”: fenómeno reciente histórico relacionado con el Estado moderno territorial.

Aparecen en el siglo XIX con el surgimiento de los estados nacionales y las guerras napoleónicas. En Europa, la idea de nación se acompaña de tensión permanente: por ejemplo, la guerra de los Balcanes.

René Girard nos habla de la necesidad del mito fundacional de las naciones y de las guerras de independencia: en España, la guerra frente a Napoleón y yendo más hacia atrás, la resistencia cristiana frente a la conquista mmusulmana: Asturias como mito fundacional de España que argumentara de forma brillante Claudio Sánchez Albornoz y explicando sus cimientos en la monarquía del reino visigodo, especialmente en el reinado de Leovigildo:

Ni que decir tiene, es de común desconocimiento ese periodo de los visigodos, tan solo recordados por esa lista de reyes con nombres raros y en el presente, despreciada, condenada al pozo de la amnesia española.

No importa que muchos de nuestros nombres como Álvaro o Fernando sean de origen visigodo, o palabras como ganso, albergue y un largo etc. Es la amnesia española de su propio pasado y el simplismo como excusa de vagancia intelectual; desgracias que cobran su precio.

Leovigildo (Liuvagilds) rey de los visigodos oficialmente, desde el 568 al 586: sentó las bases de un Estado peninsular y Gregorio de Tours, coetáneo, lo denomina: rey de los hispanos (sin duda, haciendo referencia a la Hispania romana).

Américo Castro: “Pongamos fin a la farsa de llamar españoles al emperador Trajano, al filósofo Séneca… Ninguno de los cuales es español, porque entonces no los había. Por el mismo motivo, no son italianos Augusto y Marco Aurelio…”.

Y sobreviene, la afirmación de Castro, siguiendo los estudios del lingüista suizo Paul Aebisher, publicados en 1948, por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas:

–La palabra “español” es de origen provenzal; los reinos cristianos en lucha con la conquista usulmana, no se autodenominaban “españoles” sino “cristianos”.

Antonio Tovar manifiesta que no conoce otro caso de aceptación por un pueblo de una denominación  (español) no originada en su propio suelo o en alguna parte de él.

Américo Castro afirma que los peregrinos del Camino de Santiago, provenientes en gran número de Francia, llamaban “espanhols” a las distintas poblaciones que habitaban las zonas cristianas de la Península, al sur del Pirineo.

Los castellanos del siglo XIII, podían elegir entre Hispani o Christiani. Hispani sin traducción en castellano.

Es explicable que el vocablo “español” cuyo origen está en los venidos del otro lado de los Pirineos, fuese asumido:

“… y terminaran por llamarse como eran llamados”.

Fue adoptado por la literatura en el primer tercio del siglo XIII, al calor indudable de la batalla de las Navas de Tolosa, 1212, que decide la suerte de la larga e intermitente guerra contra la Hispania musulmana.

No ocurre lo mismo con el vocablo España. Ya se dijo que nuestra historia es singular y del todo ajena a simplificaciones imposibles y acientíficas:

En el Cantar del Mio  Cid, hacia 1140, se habla de “los reyes de España” y en la Crónica de Bernat Desclot: “.. .lo rey d’Aragó e els altres reys d’Espanya”.

Significativo: se tenía conciencia del territorio llamado España, se asumía la existencia de varios reinos y reyes de España.

Américo Castro: “Cuando Hispania era provincia de Roma había en ella: Astures, vascones, etc.”

Y el problema que plantea Américo Castro: “No hubo correlación del habitante con la tierra habitada y de ahí arranca el problematismo de la historia española; por ello el nombre de los futuros españoles hubo de venirles de fuera.”


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