Benito Muros, Presidente de la Fundación FENISS.

Medio Ambiente
Benito Muros (3/8/2025)
El 1 de Agosto, el semanal de ABC publicó un artículo titulado “La huella de carbono es una trampa creada para que te sientas culpable”. ¿Es cierta esta afirmación?

El artículo del ABC parte de una verdad histórica: BP sí utilizó una calculadora de huella de carbono en 2004, diseñada por Ogilvy & Mather, para desplazar la narrativa de responsabilidad hacia el consumidor. Sin embargo, estos hechos no invalidan el consenso científico ni deslegitiman el activismo climático, al contrario: esconden una intención manipuladora que confunde y distrae del verdadero origen de la crisis.

La ciencia es clara: el cambio climático es real y urgente

El IPCC AR6 (2023) confirma que:

– La temperatura global ha subido ya 1,2° C respecto a la era preindustrial.
– Existe una ventana crítica de menos de 7 años para reducir radicalmente emisiones y evitar superar los +1,5° C.
– La frecuencia e intensidad de eventos extremos (olas de calor, inundaciones, incendios) han aumentado significativamente.

Estas conclusiones reúnen múltiples estudios revisados por pares y con un nivel muy alto de confianza (ipcc.ch).

Responsables directos: ¿la sociedad o las corporaciones?

La narrativa de culpabilizar al individuo oculta que:

– Unas 100 empresas productoras de combustibles fósiles y cemento son responsables del 71% de las emisiones industriales desde 1988 (cdp.net).

– Solo 25 de estas empresas encabezan 51% del total, incluyendo a BP, Shell, ExxonMobil, Chevron y Total.

– En 2023, 36 compañías concentraron más del 50% de las emisiones globales, y el 80% de las emisiones del top-20 provinieron de entidades estatales.

Así, responsabilizar al individuo de sus 1–2 toneladas de CO₂ personales oculta que cientos de miles de millones de toneladas provienen del modelo industrial global.

La huella de carbono: herramienta recuperable, pero mal empleada

Es cierto que la calculadora personal nació como instrumento de marketing corporativo. Fue diseñada para culpar al ciudadano mientras los grandes contaminadores se escondían. Pero el concepto original, ideado por William Rees y MathisWackernagel, era una herramienta rigurosa para evaluar la demanda ecológica de sistemas completos, no de individuos.

Rechazar por completo la idea es como descartar toda la matemática porque fue usada para justificar estafas: no se trata de purgar el concepto, sino de recuperarlo con su finalidad correcta: entender impactos para reducirlos.

El activismo climático: consciencia social, no farsa

Contrario a presentarlo como espectáculo, el activismo ha sido catalizador de cambios reales:

– Movimientos como Fridaysfor Future llevaron la emergencia climática a la agenda política global.

– Legislaciones clave como la Ley Europea del Clima o el InflationReductionAct en EE. UU. tienen su origen en esa presión ciudadana.

Descalificar a los activistas como “farsantes” es parte de la estrategia de desacreditación corporativa: si desacreditas al mensajero, entumeces al mensaje.

¿Qué se puede hacer? Propuestas con base y rumbo

Políticas públicas contundentes:

– Obligación legal para que grandes emisoras reduzcan emisiones y financien la transición energética.

– Precios de carbono efectivos y transparencia obligatoria de riesgos climáticos.

Modelo industrial sostenible:

– Apostar por productos sin obsolescencia programada: reparables, duraderos y responsables.

– Economía circular: valorización de residuos, reciclaje y reutilización.

Cambio sistémico:

– Redirigir subsidios actuales del petróleo hacia energías renovables y tecnológicas limpias.

– Fomentar empleo verde y soberanía energética local.

Ejemplo gráfico de responsabilidad corporativa

Un análisis revela cómo solo unas pocas corporaciones concentran la mayor parte de emisiones: SaudiAramco, Gazprom, NationalIranianOil, ExxonMobil, Pemex, Shell, BP, Chevron… Estas corporaciones, muchas estatales, determinan gran parte de la huella climática global.

Conclusión: ciencia contra manipulación

Sí, BP manipuló la narrativa de la huella de carbono. Sí, buscó culpar al consumidor para lavar su imagen. Pero eso no desacredita la ciencia ni invalida el activismo climático. Lo que hay que cuestionar es el sistema y a sus arquitectos, no el consenso científico ni la gente que exige justicia climática.

El desafío no es creer o no creer en el cambio climático. Es decidir: ¿nos dejamos llevar por la narrativa que nos paraliza? ¿O actuamos hoy con conocimiento, responsabilidad y valentía?

N. de la R:
Benito Muros es Presidente de la Fundación FENISS.

 


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