Nicolás Madura ante la Justicia estadounidense

Internacional
El Nacional (31/3/2026)
El 9 de agosto de 2024 mientras se desataba la ola represiva posterior al fraude electoral del 28 de julio, y se buscaba casa por casa a los testigos de la votación que el Consejo Nacional Electoral burló, Nicolás Maduro anunció en X que se salía de esa red social. “Qué se acaben los planes en redes para sembrar violencia, odio y atacar a Venezuela desde el exterior”, escribió. El día anterior aún le había dado tiempo para postear la felicitación enviada por Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, dictador de Guinea Ecuatorial desde el 3 de agosto de 1979 cuando dio un golpe de Estado a su tío Francisco Macías Nguema. La lealtad en los regímenes de fuerza dura hasta que se acaba, como diría el filósofo Yogi Berra.

Maduro volvió a X once días después de su captura y extracción. La cuenta que debe manejarse desde alguna oficina del interinato de Delcy Rodríguez registra el paso de cada día de Maduro en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, 86 hasta el día de ayer. Se insertan imágenes de Maduro con Cilia cuando mandaban desde Miraflores con el lema de la campaña para su liberación: los queremos de vuelta. ¿Pensarán lo mismo los hermanos Rodríguez, la pareja que controla el poder ejecutivo y el legislativo, y al parecer todos sus apéndices? ¿O se sienten cada día más a gusto colocando sus piezas en el nuevo tablero del poder?

Después de su presencia el jueves de la semana pasada en la Corte que los juzga, Maduro y Cilia, en una imagen en la que aparecen abrazados y él reposa su cabeza sobre la de ella, publicaron un comunicado en la red que sembraba “violencia y odio” en el que piden a los venezolanos que sigan por la senda “del diálogo, la convivencia y del respeto”. No fue esa senda, precisamente, la que condujo a los sucesos del 3 de enero, ni tampoco la que caracterizó el período final de su mandato cuando se hizo reelegir sin mostrar las actas de los resultados y ordenó apresar a todos los que se opusieran y mandarlos para Tocorón.

Teodoro Obiang Nguema

En la senda a La Pascua, el comunicado de Maduro y Cilia se hace eco de palabras del Evangelio de San Lucas: “Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá”. No lo tienen tan fácil en la corte del veteranísimo juez Alvin Hellerstein a la que volvieron a comparecer esposados y con el uniforme de presidiarios. Maduro no quiere un defensor público, una figura que le debe recordar a los asignados en su país para convalidar los cargos que imputaba la fiscalía en cambote como se ha llegado a saber por los testimonios de excarcelados.

De manera que por mucho que llamen Maduro y Cilia las puertas de la prisión de Nueva York no se van a abrir. Por ahora. Nunca se pueden predecir las sorpresas. Mientras Delcy siga siendo dócil y Trump tan elogioso como en las últimas semanas, la senda es la que es y no pinta bien ni para Maduro, ni para la recuperación democrática. Vaya paradoja, aunque no hay una relación causa-efecto entre un asunto y el otro.

Ganar la democracia será tarea de los venezolanos. De su liderazgo legítimo y de la confluencia de organizaciones políticas y sociales, gremios y sindicatos, asociaciones y todas las voluntades que coincidan en la reconstrucción de nuestra sociedad sobre la base del reconocimiento de la voluntad popular, de la que emanará la confianza y el compromiso para el cambio político.

Fuente:
El Nacional


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