Chile
Pedro Godoy  P. (9/11/2012)

Diego de Almagro
Diego de Almagro

Atribuir a  Magallanes el rango de descubridor de Chile menosprecia la hazaña de Almagro. Lo del marino portugués igual que el aquerenciamiento del soldado Gonzalo de Barrientos en Chile y la visita del piloto náutico Juan Fernández al archipiélago que hoy  ostenta su nombre no son propiamente un capítulo, sino tres episodios. Sospechamos que ocultan -particularmente el primero- el afán de opacar el mérito del adelantado que, en 1537, en la peor época del año, cruza el macizo andino a la altura de Copiapó, epopeya superior a la de Aníbal, Bonaparte y J. de San Martín. Desde otro ángulo, su  iniciativa posibilita el arribo del barco «San Pedro» capitaneado por Alonso Quintero. Subalterno suyo ubica Valparaíso y otro alcanza hasta la confluencia del Nuble y el Itata. 

Abandona la empresa no por la pobreza del país, sino debido a litigio con Pizarro. La epopeya exhibe flecos interesantes: bautiza nuestro suelo: el territorio se llama así por el adelantado. Más aun, el gentilicio «chileno» nace en Perú para referirse a los almagristas. ¿Es poco? Como exhibían uniforme ajado y capa zurcida son apodados «rotos». Igual que todos los representantes de la hispanidad juzga el mestizaje algo normal: su  hijo que idolatra es engendrado en panameña. En el patíbulo es asistido por  su cuncubina africana. Conclusión: nada más justo que a Pueblo Hundido enaltecerlo como «Diego de Almagro» y un honor que en  el Parque  Almagro esté su estatua. Amputarle el rango de descubridor de Chile constituye avieso disparo a nuestra identidad.

N. de la R.
El profesor Pedro Godoy  P. es miembro del Centro de Estudios Chilenos CEDECh.


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