Acerca de la simulada dimisión y reconducción del gobierno, y del iniciado proceso de entronización de Teodorin

Más de lo mismo: el anterior presidente del gobierno vuelve a ser elegido por Teodoro Obiang Nguema.

Guinea Ecuatorial
Espacios Europeos (20/8/2020)
Tal y como se había vaticinado, desde que Teodorin el necio y la ninfómana de su madre asumieran la gerencia del Estado por razón de incapacidad física del dictador, la inoperancia del gobierno y la injusticia social han alcanzado cotas inigualables. Por tanto, alertado por la deslegitimación creciente de su sucesor “in pectore”, el dictador vegetativo ha irrumpido de su letargo para designar un chivo expiatorio e impulsar el proyecto sucesorio a favor del hijastro inepto. A dicha finalidad responde la disolución del gobierno, escenificada mediante su dimisión, en virtud de la cual el gobierno saliente asumiría la responsabilidad política del descalabro social y económico ocasionado por la desastrosa gestión del hijastro (como en su día, Ricardo Mangue Obama Nfubea asumió la responsabilidad de la propia incompetencia del dictador, que sin embargo le calificaría como el primer ministro más incompetente y más corrupto que ha conocido el régimen).

Pese a haberse reconducido a Obama Asue (en detrimento de los candidatos del necio y de su madre, Fortunato Ofa Mbo y Salvador Ondo Ncum), cabe remarcarse sin embargo que el relevo del primer ministro no tiene entidad suficiente para incidir sobre la orientación política de la dictadura militar, ni para contribuir a rescatarla de su iniciada decadencia. Toda vez que desde la reforma constitucional de 2012, el primer ministro coordinador no asume ninguna potestad decisoria de impulsor o de jefe de gobierno, sino que ejerce una mera función de enlace y de coordinación. En el caso de Obama Asue (nombrado en junio de 2016, reconducido in extremis en febrero de 2018 mediante un humillante discurso del dictador que estuvo a punto de provocarle un infarto, y nuevamente reconducido anoche contra todo pronóstico), y a pesar de las apariencias, la relación con el dictador se había tornado distante y fría, como lo fuera con todos sus predecesores. Se reporta que el dictador llevo la descortesía hasta el extremo de negarse a recibirle en audiencia durante meses, mientras que despachaba con los demás miembros del gobierno. El motivo de tal resentimiento hacia el destacado adulador lo expresó el mismo dictador en el aludido discurso, la actitud altanera de Obama, su autosuficiencia, su propensión a la ostentación de sus trajes elegantes, de sus vehículos de lujo, etc., suscitaron desde siempre el resentimiento y los complejos de inferioridad de la miserable familia dictatorial !

Sin embargo y más allá de la anecdótica relación interpersonal, merece esbozarse, en relación a la simulada dimisión, el balance del gobierno saliente (en tanto que causa justificativa de su disolución), el régimen de responsabilidad del gobierno (el que regula el referido ordenamiento constitucional) y la pertinencia jurídica e institucional del decreto de disolución del gobierno.

El balance desastroso de la acción del gobierno dirigido por Teodorin, el cretino.
El mismo requiere pocas ilustraciones, toda vez que la incompetencia y el desacierto son inigualables y están a la vista de todos. Sin embargo, y conforme se expone, Obama el coordinador no es sino un mero ejecutante de las directivas del hijastro cocainómano, que en realidad asume la dirección del Estado desde el aletargamiento del mismo dictador. Por tal razón, si la ineptitud ha sido siempre el rasgo característico de los gobiernos de Teodoro Obiang, el saliente (ahora reconducido) ha sido con creces, bajo el impulso de Teodorin, el más inoperante y ruin de todos los gobiernos.

Sin ánimo de reiterar la letanía de las aberraciones del gobierno saliente, retendremos sin embargo, a nivel socio-económico, la revelada corrupción de la familia dictatorial, la del ministro de economía y hacienda saliente (Cesar Mba Abogo) y la de la Secretaria de Estado encargada de Tesorería (Milagrosa Obono Angüe), la ineficacia del plan de reestructuración impuesto por el FMI, la desafectación de los inversores internacionales, el desmembramiento del sector petrolero (Gabriel Mbega Obiang Lima); el alarmante empobrecimiento de la población y su destreza durante el confinamiento sanitario, la compresión del personal del sector público y de las empresas públicas para propiciar la inserción de los limosneros de ASHO (Celestino Bakale y Eucario Bakale Angue), etc.

La indigencia del nuevo Estado mendigo pudo así apreciarse a la luz del día con ocasión de la gestión de la pandemia, desde la sustracción por Teodorin de los fondos asignados al comité, la ruptura del acuerdo de asistencia técnica con la OMS en aras de la falsificación de los datos epidemiológicos (Salomón Nguema Owono), la publicidad en torno a la adquisición de cantidades irrisorias de tratamientos, y a veces de tratamientos no homologados como los brebajes malgaches (Teodorin), el confinamiento manu militari y el apaleamiento de la población (Nicolas Obama Nchama). Mientras tanto, el necio celebraba sus habituales orgías de drogas y de prostitutas en su yate, distante e indiferente al padecimiento de los guineoecuatorianos.

El menosprecio al estado de derecho conoce igualmente su apogeo desde la entronización del hijastro drogata, desde el vergonzoso intento de secuestro del ex presidente de la corte suprema Juan Carlos Ondo Angue ante los embajadores de Francia, España y Estados Unidos, pasando por la detención del político Gabriel Nze Obiang, la estigmatización mediática y la detención extra-judicial de funcionarios de la tesorería y del ministerio de seguridad, el apaleamiento y la tortura de la población durante el confinamiento (Teodorin, Nicolas Obama Nchama y Salvador Ondo Ncum), las vejaciones a los binacionales en los aeropuertos y la obligación de renuncia a la nacionalidad guineana (Salvador Ondo Ncum y Nicolas Obama Nchama), las amenazas y la detención del personal sanitario, los asesinatos masivos de enfermos del covid-19 en los centros hospitalarios (Salomón Nguema Owono y Nicolas Obama Nchama), etc.

En definitiva, el gobierno saliente se habrá destacado por la incapacidad de sus miembros (cuando no la indignante vulgaridad y la dislexia de algunos de sus miembros como Adoración Salas Chonco), por actuar al margen de toda visión programática, y por haber erosionado definitivamente la imagen de falsa respetabilidad que el dictador se había forjado a golpe de millones de dólares sustraídos del erario público. El mismo dictador reconoce así que,  “el gobierno que hoy depone sus funciones no ha cumplido en su integridad los objetivos programáticos, lo que sin duda alguna ha provocado esta situación de crisis que hoy nos exige tomar medidas muy urgentes…”.  Al tiempo que precisa que, “el gobierno se ve obligado a tomar medidas de rigor para mitigar los efectos y posible insolvencia del gobierno frente a sus obligaciones puntuales y para prevenir situaciones políticas graves que pueden crear sensibilidades de una inestabilidad aparente que puede provocar el descontento general de la población…”.

La responsabilidad política por la inoperancia del gobierno debe exigirse solidariamente al jefe de Estado y de gobierno y a todos sus miembros.

Si conforme exponemos, la disolución del gobierno persigue como finalidad la de eximir de toda responsabilidad política al dictador, mediante su derivación a los demás miembros del gobierno, sin embargo, tal estrategia de legitimación se funda en una interpretación sesgada del vigente ordenamiento constitucional. Toda vez que, a tenor de la vigente Ley Fundamental, el presidente de la república es el jefe de Estado y del gobierno (artículo 33, punto 1), que determina la política de la Nación (artículo 38), convoca y preside el consejo de ministros (artículo 41, inciso b), ejerce el poder reglamentario (artículo 39), y dicta los decretos-leyes y los decretos (artículo 41, inciso c). En tal calidad de jefe de gobierno es por tanto miembro del mismo, y así lo recoge el artículo 51 al precisar que son miembros del gobierno, junto con el presidente de la república y jefe de gobierno, el vice-presidente de la república, el primer ministro, los vice primeros ministros, los ministros de estado, los ministros, los ministros delegados, los vice-ministros y los secretarios de estado.

Por tanto, y pese a la omisión interesada del artículo 50, punto 1 (a tenor del cual el vice-presidente de la República y los demás miembros del gobierno, por su gestión, son responsables de forma solidaria ante la ley y ante la Cámara de los Diputados y el Senado), la responsabilidad política por el desacierto del gobierno debe exigirse solidariamente al jefe de gobierno y a todos sus miembros sin excepción. Debiendo por tanto dimitir tanto el mismo dictador, en su calidad de miembro y jefe del gobierno, como el resto de los miembros de gobierno.

Epilogo.
Tanto la simulada dimisión y reconducción del gobierno como la fingida enfermedad diplomática del dictador participan de la estrategia de entronización forzada del hijastro necio. La cual proyecta llevarse a cabo mediante el relevo de todas las elites políticas desafines al plan sucesorio. La panoplia de medidas coercitivas es a tal efecto muy amplia y muy ensayada, ceses, jubilaciones forzosas, confinamiento al ostracismo diplomático, implicación en falsas tramas de golpes de estado para neutralizar a las personas indecisas, asesinatos. La red de médicos asesinos dirigida por Salomón Nguema Owono es, a tal efecto, muy activa desde el inicio de la pandemia; y en el extranjero, varios embajadores como Miguel Edjang Angue, Narciso Edu y Armando Kote, han recibido el encargo del dictador y supervisan las células de asesinos destacados para eliminar a personalidades minuciosamente enumeradas en listas confidenciales. En España concretamente, la misión principal asignada a Miguel Edjang Angue, al que secundan Miguel Ángel Moratinos y José Bono (y que consta desde ahora a las autoridades policiales españolas), es el asesinato de los disidentes oriundos de Mongomo, Juan Carlos Ondo Angue (de paradero desconocido pero con arraigo en el país ibérico), Purificación Angue Ondo, Julio Ndong Ela Mangue y Felipe Ondo Obiang, mediante envenenamiento y simulación de accidentes de tráfico y de robos.

Para la materialización del plan sucesorio, varios asesores obsequiosos (de entre los que destacan Batho Obama Nsue y Santiago Nsobeya Efuman, fallecido recientemente en extrañas circunstancias) han elaborado ya el guion de la serie de actos conducentes a la entronización. Desde la renovación completa de las elites políticas (que serán sustituidas por los limosneros analfabetos de la ASHO), al congreso extraordinario del PDGE a celebrarse en Mongomo, que proclamara al necio presidente del partido y candidato en las próximas elecciones presidenciales, cuya declaración final (a denominarse pomposamente “la declaración de Mongomo“) será leída por el empalagoso Batho Obam Nsue, el violador de annobonesas.

Bono, Zapatero y Moratinos, el pasado día 2 en el restaurante Imagine de Malabo. (El Confidencial)

Contrariamente a las afirmaciones angustiadas del líder senil Severo Moto, el descrito proceso sucesorio se llevara a efecto ante la absoluta indiferencia de la llamada comunidad internacional, ausente del acontecer político de nuestro país desde su independencia. Una comunidad internacional a la que el dictador ha aprendido a amordazar a golpes de millones de euros (UNESCO, consejo de seguridad de la ONU, etc.), merced a la ayuda de sus impresentables “amigos”, tales como José Bono, José Luis Zapatero, Miguel Ángel Moratinos, etc. Ante una oposición política impotente y cegada por el odio étnico y regionalista, y que ha sido incapaz en 41 años de propugnar un verdadero liderazgo.

El expresado deseo piadoso de formación de un gobierno de unidad nacional, integrado por todas las fuerzas políticas, no tendrá cabida, tal como demuestra la detención ilegal de Gabriel Nze Obiang, en la visión política del necio. En la continuidad de la línea represiva a ultranza iniciada por el mismo dictador, solo se arrimaran los opositores venales e indignos como Avelino Mocache Mehinga, que se conformen con las oprobiosas prebendas.

La exigencia constitucional de dimisión del gobierno y de disolución del parlamento, en el supuesto de grave crisis de legitimidad democrática como la que atraviesa nuestro país, no se verificara. El dictador no propiciara la convocatoria de elecciones presidenciales y legislativas, ni designara un nuevo gobierno que goce de la legitimidad democrática, antes bien permanecerá en su letargo; mientras el hijastro abyecto garantiza, manu militari, que todas las instituciones, sobre todo gobierno y parlamento, permanezcan confiscadas por el partido único PDGE. En la misma línea de sometimiento castrense de la Nación, el hijastro seguirá recorriendo medio mundo para denunciar las tentativas de desestabilización del régimen dictatorial que prevalece desde hace 41 años en nuestro país, como si de alguna legitimidad democrática gozara, y como si no cupiera otra forma de forzar el destino y liberar a una Nación oprimida desde su liberación del yugo colonial.

Fuente: Radio Macuto.

N. de la R:

Desconocemos la autoría de este texto, pero no hay duda que el autor conoce a fondo los entramados de la “política” guineana, pero lo que más nos ha llamado la atención es las referencias que hace a las relaciones que mantienen con el régimen guineano expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y los exministros José Bono y Miguel Ángel Moratinos, y el conocimiento que la policía española tiene de ello.





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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826

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