Gaza; Si tienen la suerte de que les llenen la escudilla, no saben si después vivirán

Mi Columna
Eugenio Pordomingo (8/7/2025)
Según la RAE, genocidio es el «exterminio o eliminación sistemática de un grupo humano por motivos de raza, etnia, religión, política o nacionalidad». Por lo que sabemos –y a veces vemos-, en la Franja de Gaza existe la intención de destruir y eliminar a un grupo humano.

El conflicto en Gaza, más bien genocidio (en toda Palestina) es de tal envergadura, magnitud y duración que, lamentablemente, se va haciendo cotidiano. A esa cotidianidad ayudan los gobiernos de la mayor parte de los países del mundo. El silencio, en este caso, se transforma en tolerancia, aquiescencia y colaboración.

En la labor de ocultación, tergiversación y desinformación, colaboran gobiernos, parlamentos, cancillerías, sindicatos y ONGs. Y también un sector importante de los medios de comunicación que nos ofrecen noticias -no muchas-, de lo que tristemente acontece. Pero no se analiza ni profundiza en las causas y los efectos. Ni tampoco se ahonda en las calamidades que sufre la población afectada.

Se nos endilga cierta información, casi toda filtrada, tamizada y controlada: la misma, idéntica, para que no haya debate ni crítica. Uniformidad ante todo. Y lo que no gusta se cancela y punto.

En Gaza no hay guerra. Hay una masacre. ¿Cómo se puede dispara a una multitud, cuando van a recoger unas migajas que les suministra su agresor?

Unos breves apuntes para desmemoriados: la primera expulsión masiva de palestinos, la llamada Naba (catástrofe) tuvo lugar en 1948. Más de 700.000 fueron expulsados o se vieron obligados a abandonar sus casas y sus tierras. Fue el efecto que causó la creación del Estado de Israel en mayo de 1948. Ahí comenzó la eliminación lenta pero sistemática del grupo humano.

Y a partir de 1967 (Guerra de los Seis Días), la invasión de colonos fue más que evidente y la implantación de los asentamientos su efecto ilegal y pernicioso. La ONU ha condenado reiteradamente esos asentamientos, ya que son ilegales y violan el derecho internacional.

En la actualidad un buen número de israelíes, incluyendo algunas de las últimas generaciones, tienen doble nacionalidad.

La hipocresía y el cinismo político generalizado, la sumisión y la pleitesía lo impregnan casi todo. Un ejemplo lo tenemos en la Unión Europea, grupo de estados que individual o colectivamente ha abandonado el poder político supremo que un país puede tener: la Soberanía.

La UE no se atreve a oponerse a los dictados de Washington. ¡Cómo va a tener soberanía si en sus entrañas hay casi 300 bases militares estadounidenses!, rebosantes de barcos, aviones, barreras antimisiles y miles de militares. A lo que hay que añadir la presencia de los servicios secretos que campan a sus anchas por estos lares. Hasta el FBI aparece en nuestras pantallas televisivas –me refiero a España- “colaborando” con la Policía Nacional o Guardia Civil, en investigaciones en las que hay involucrado algún ciudadano de Estado Unidos. Los federales estadounidenses lucen en sus lomos ropa con el llamativo logotipo de FBI, para que quede constancia de su presencia. Se imaginan a la Guardia Civil, con su tricornio, en pleno Manhattan. Nunca lo verán. Cooperación sí, sumisión o invasión no.

Otra prueba del control al que estamos sometidos es la ocupación del Reino Unido de Gibraltar, una colonia inglesa en territorio español, donde hacen y deshacen a su antojo. Una pequeña reflexión. ¿Creen ustedes que Alemania, Francia, Italia o Portugal tolerarían una ignominia similar?

El Tratado de Utrecht se lo pasan por la corva. Por si no lo saben, en el Peñón de Gibraltar hay una base de submarinos nucleares británica que usa la OTAN, donde se reparan sus averías con el consiguiente peligro para los ciudadanos españoles que habitan la zona. Al parecer, esos sumergibles deben repararse en  las aguas frías de Escocia. Pero, nada, aquí está España, que lo da todo.

Y no hay que dejar fuera de nuestro baúl de la información y el conocimiento, que Estados Unidos, Israel y Reino Unido colaboran activamente con Marruecos en el proyecto de liderar el Gran Magreb, tratando de humillar a Argelia que tanto derecho o más tiene.

Esa alianza (USA, Israel, Reino Unido y Marruecos) apuesta decididamente por hacer del Sáhara Español u Occidental, una provincia marroquí –bajo el subterfugio de una autonomía-, algo que no contempla la Constitución de Marruecos. El Sáhara Occidental es un territorio pendiente de descolonizar, lo que significa que España es legalmente la potencia administradora.

Pero nuestro poderoso “aliado”, Estados Unidos, “proclamó” en diciembre de 2020 -primera era Trump– que el Sáhara Occidental era parte de Marruecos. Lo hizo, por supuesto, en contra del Derecho Internacional y de todas las resoluciones de la ONU y del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE).

Hay que recordar que en ese mismo mes y año, Israel y Marruecos establecieron relaciones diplomáticas oficiales, pues ambos países llevaban tiempo colaborando en materia de defensa y espionaje y no en beneficio de España. De ahí Pegases.

En los planes del Pentágono estaba normalizar las relaciones entre Israel y países árabes. Y así se consumó con Bahréin, Emiratos Árabes Unidos y Sudán. Lograr eso mismo con Arabia Saudí es harina de otro costal, y en eso andan.

Sin embargo esa “normalidad diplomática” no cayó bien en el pueblo marroquí ni en los países árabes, pero la longa manu de Washington logró homogeneizar ese acuerdo acudiendo al sempiterno  “legado histórico” y “cultura” que une a los dos países, cuando lo que está detrás de todo es tratar de mantener la hegemonía estadounidense.

Donald Trump y Benjamin Netanyahu

En el paquete de las “excelentes relaciones” entre los dos países figura el apoyo sin ambages de Israel a Marruecos en el conflicto del Sáhara Occidental. Así, Estados Unidos, Israel y Reino Unido forman una pinza que en nada beneficia a Argelia ni a España.

Nuestros aliados (Estados Unidos, Israel y Reino Unido entre otros) respaldan –más bien diseñan el proyecto- las pretensiones expansionistas del reino alauita de hacerse con Ceuta, Melilla y las Islas Canarias.

Como respuesta, España solo acierta a “redescubrir el alma hispana en la independencia de Estados Unidos”, mostrando su lacayismo más extremo y olvidando que  es el país con el que hemos mantenido más guerras en los últimos años. Estados Unidos nos declaró la guerra (1898), y la consecuencia fue que perdimos las colonias de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam. Menos Cuba, el resto -de una u otra forma-, permanecen ligados a Estados Unidos. Con una diferencia, en Cuba se sigue hablando español, allí se emplea el Pare y no el Stop en las señales de tráfico. La persecución del uso oficial del español en Filipinas,  Puerto Rico y Guam es la normalidad impuesta por el poder. En Puerto Rico esa “persecución” no tiene mucho éxito, pero…

NOTA:
Pretendo –no sé si lo voy a conseguir- refrescar la memoria de los lectores, a través de unas pinceladas históricas en las que se puede apreciar el “alma política” de Estados Unidos.
Estados Unidos busca aliados que acepten su geoestratégica. Y para que así sea no repara en nada.
Israel es uno de los países más afines a la política estadounidense, y no solo en Oriente Medio.
En consecuencia, a Israel se le permite impunidad total. Y al resto del planeta se le impone esa impunidad. Lógicamente hay excepciones.
Frente a esa Impunidad Impuesta, vamos a ofrecer una oferta de Paz y de Justicia que espero se lleve a cabo.

 


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