La Historia: una acumulación de escombros..

Sin Acritud…
Ángel Luis Martín (14/12/2025)
Walter Benjamin, filósofo cercano a la Escuela de Frankfurt, falleció en Portbou, España, en 1940, huyendo del nazismo. Describió la Historia como la “acumulación de escombros” en una metáfora basada en la contemplación del cuadro de Paul Klee titulado “Ángelus Novus”.

El filósofo, observando el pasado, ve una catástrofe inicial y un continuado derrumbe. El “progreso” no puede ser entendido como un avance lineal: es sabido que las ideas mecanizadas son fáciles de comprender y por ello asimiladas sin dudas o interrogaciones molestas.

Walter Benjamin no cree en esta noción de progreso positivo ascendente: son escombros, destrucción y víctimas lo realmente existente en la Historia. Es la catástrofe, la explotación y el sufrimiento; es la crítica al imaginario occidental que desconoce o no desea conocer las vidas pérdidas y el sufrimiento invisibilizado en esa ingente acumulación de escombros que es la Historia.

Es posible que esa catástrofe inicial fuese la pérdida del modo de vida de los pueblos cazadores-recolectores, nuestros ancestros, y los menguados pueblos actuales que persisten sobreviviendo con este modo de sociedad; visto como una extraña rareza, como un vestigio anquilosado, primitivo, atrasado, en vías de completa extinción y ajeno al “progreso” tecnológico. Otros los verán, desde sus sillones y ante documentales televisivos, como los habitantes de un paraíso perdido sin horarios, sin salarios, sin dinero, sin gobierno, sin políticos, sin gobernantes dotados de autoridad.

Es posible que esa catástrofe inicial y el proceso desencadenante de los “escombros” de la Historia fuese la aparición de los primeros Estados: la apropiación del excedente, el inicio de la explotación de muchos por muy pocos, la religión como temor y poder; la guerra como forma de enriquecimiento de esos pocos.

Algunos, con una desdeñosa sonrisa, objetarán que al igual que Rousseau, se cae en un idealismo romántico irreal. Ante el idealismo aparece la Ciencia para desmentirlo, dirán. Y llevan toda la razón.

Acudamos, entonces, a los científicos: dejemos que ellos hablen desde el método racional: prescindamos de opiniones y vayamos a los hechos comprobados:

Elman R. Service, profesor en la Universidad de Míchigan, de su libro: Los Cazadores:

Los isleños andamaneses, bahía de Bengala: “No tienen instituciones de gobierno, las decisiones son tomadas por la comunidad aunque tienen influencia las personas de edad; no tienen ningún código legal explícito; el comportamiento antisocial es regulado simplemente por la opinión pública; la verdadera guerra no existe y apenas hay peleas o enemistades”.

Los pueblos esquimales (inuit):
“Caudillaje carismático: procede del aprecio de la comunidad, no es un tipo de poder personal sino en relación a sus esfuerzos. Juzgar conflictos no es privilegio de un personaje oficial sino de la opinión pública; cuando ésta no está clara se organiza algún tipo de duelo entre acusador y acusado: muy frecuentes los duelos de canciones improvisadas insultantes para el otro. El público manifiesta su favor por uno u otro”.

Pigmeos del Congo africano:

“No tienen jefes formales o consejo de ancianos que tomen decisiones. Alguien puede tomar una iniciativa de lo que debe hacerse en un asunto determinado, pero se requiere el consenso público”.

Los semang de Malasia:
“Hay una tendencia a seguir las instrucciones del más viejo pero esto indica más bien el reconocimiento de su sabiduría que un caudillaje formal o de autoridad”.

Nativos canadienses:
“Las personas influyentes, a veces, dan una opinión. Para tal conducta no hay un rango oficial. Los atapascanos admiran ciertas cualidades personales como ser un buen proveedor, prudencia, generosidad, pero el deseo de poder “per se” no es admirable ni socialmente deseable. La reacción a este deseo, cuando se manifiesta abiertamente, no es sólo indiferente sino muy negativo”.

Evidentemente no cabe en cabeza alguna el regreso a las formas de vida de los cazadores- recolectores como si de una distopía o película de ciencia ficción se tratase. Se trata de algo muy importante: saber que existe en la mente humana y en los hechos constatables, una realidad que hace posible nuevos modos de vida igualitarios y a la vez individualizados, descritos en estudios antropológicos- etnológicos de campo, donde se distingue perfectamente la individuación del individualismo egoísta que sí podríamos denominar como “salvaje” de nuestras actuales sociedades, otro “escombro” más, sin duda enfermas de gravedad a todos los niveles.


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