Guinea Ecuatorial/España
Eva Mayen/Alejandra Durrell (20/7/2026)
La pequeña isla de Annobón, un territorio volcánico perdido en el Golfo de Guinea y perteneciente hoy a Guinea Ecuatorial, ha vuelto tímidamente a la actualidad. No por sus extraordinarios valores naturales ni por su singular cultura, sino por las denuncias de abandono y vulneración de derechos humanos que desde hace años formulan representantes del movimiento annobonés en el exilio frente al régimen del dictador Teodoro Obiang Nguema.

En ese contexto ha surgido un debate tan llamativo como históricamente discutible. Algunos han recordado –es el caso de Luciano Andrés Valenciaque, durante un breve período del siglo XVIII, Annobón dependió administrativamente del Virreinato del Río de la Plata, insinuando que ello justificaría una relación política especial con la actual Argentina. El argumento resulta atractivo como símbolo, pero es insostenible desde el punto de vista histórico.

Conviene recordar un hecho elemental: en el siglo XVIII Argentina no existía. Tampoco existían Uruguay, Bolivia o Paraguay como Estados independientes. Existía el Imperio español, una monarquía que organizaba sus territorios mediante virreinatos y otras divisiones administrativas que podían modificarse según las necesidades del gobierno. El Virreinato del Río de la Plata no era un Estado soberano, sino una simple estructura administrativa dependiente de Madrid.

Pretender que aquella circunstancia otorga hoy algún tipo de derecho histórico a la República Argentina supone caer en un anacronismo evidente. Es proyectar sobre el siglo XVIII una realidad política nacida varias décadas después. Ningún historiador serio aceptaría semejante razonamiento como fundamento de una reivindicación territorial.

Paradójicamente, si se aceptara ese criterio, España tendría una vinculación histórica mucho más sólida con Annobón, pues ejerció directamente la soberanía sobre la isla durante el período imperial. Sin embargo, nadie plantea seriamente una reclamación española. Entre otras razones porque el derecho internacional contemporáneo no se construye sobre pasados imperiales ni sobre mapas de hace doscientos cincuenta años ni sobre deseos expansionistas chovinistas de aquellos que nunca fueron Imperio pero que aspiran a serlo sin pudor y con mucha fantasía.

Lo verdaderamente importante no es decidir qué Estado puede invocar un episodio administrativo del pasado, sino preguntarse, cuál es la situación presente de los habitantes de Annobón. Las denuncias sobre aislamiento, falta de servicios básicos, represión política y ausencia de libertades merecen mucha más atención que los debates alimentados por determinados nacionalismos, deseosos de encontrar en cualquier rincón del mundo una supuesta prolongación de su propia historia.

La causa de Annobón no necesita mitologías históricas. Necesita verdad, solidaridad internacional y respeto al derecho de sus habitantes a decidir su futuro con libertad. Instrumentalizar su pasado para alimentar relatos nacionalistas, sean españoles, argentinos o de cualquier otro país, solo desvía la atención del problema esencial: la situación de una población que reclama derechos, dignidad y voz propia frente a una de las dictaduras más longevas de África.

Desmontado el  vínculo «virreinal» y, en consecuencia, el “reclamo de justicia” como principal argumento para justificar la anexión a Argentina, que trata de defender Andrés Valencia en su artículo, Annobón y Argentina: un vinculo «virreinal» y un reclamo de justicia, recurramos a la historia más reciente.

Es cierto que en 2022, la isla africana de Annobón declaró unilateralmente  independizarse de la República de Guinea Ecuatorial. Los motivos aducidos son la “represión y el abandono”. ¿Cuántos territorios se encuentran en esa situación? Seguro que muchos, pero no por ello se independizan para unirse a otro país que, como es el caso que nos ocupa, se encuentra a miles de kilómetros, en concreto a 8.000. Como para visitar a la familia de vez en cuando.

Dice el autor del texto mencionado que el dictador Francisco Franco en 1959 convirtió a la Guinea Española en un Protect


Eva Mayen/Alejandra Durrell

orado y en 1963 incluyó a las islas de Annobón y Fernando Poo (hoy Bioko, en donde instalaron la capital,  Malabo) dentro de esta entidad administrativa. Aunque figuró administrativamente como tal, Guinea Española no fue de facto un Protectorado. Los datos reales son que en 1778, España recibe de Portugal, Fernando Poo y Annobón, mediante los Tratados de El Pardo y San Ildefonso. Más tarde, tras la Conferencia de Berlín, 1885, España comienza a consolidar las reclamaciones que había hecho de Río Muni y otros territorios. Y en 1900, el Tratado franco-español de París que fija definitivamente las fronteras de Río Muni con el África Ecuatorial Francesa. Con ese acuerdo España deja en manos de Francia buena parte del territorio guineano que pasó a Camerún.

No obstante, Guinea Ecuatorial quedó definitivamente integrada por Fernando  Poo (después Malabo y actualmente Bioko), Río Muni (ahora Región Continental, capital Bata), Annobón, Corisco y Elobey, como parte del estado colonial español.

Por la promulgación de la Ley de 30 de julio de 1959, Guinea Española deja de ser colonia para integrarse administrativamente como la provincia 51 y 52 (Fernando Poo y Río Muni). La nueva provincia contaba con representación en las Cortes de Franco, y sus ciudadanos poseían el Documento Nacional de Identidad (DNI) y cumplían el servicio militar obligatorio como el resto de los españoles. Es más, en Madrid, se construyó el Colegio Mayor Nuestra Señora de África, donde se alojaban los estudiantes guineanos y saharauis que aspiraban a obtener títulos de Formación Profesional o universitarios. Era totalmente gratuito, incluso los viajes a sus provincias de nacimiento.

Enfrentamiento en el régimen de Franco
Entre el colonialismo y la independencia de Guinea Ecuatorial se produjeron serios enfrentamientos entre poderosos hombres del régimen del general Francisco Franco. Quizás el más importante de todos, aunque no son pocos los historiadores que consideran que fue el acaecido en agosto de 1942 cuando Franco destituyó fulminantemente a Ramón Serrano Suñer, Ministro de Asuntos Exteriores, además de cuñado. En el régimen, aunque ahora parezca inverosímil, anidaban varias tendencias: por un lado los militares golpistas, por otro los servicios secretos (unos partidarios de la Alemania de Hitler y otros proclives a los llamados aliados, Estados Unidos e Inglaterra), monárquicos (liderados por Luis Carrero Blanco), la FET y de las JONS, requetés, empresarios ambiciosos y el Clero (Iglesia Católica y varios).

Serrano Suñer era proclive a una alianza con Alemania, algo que a Franco y monárquicos no les agradaba, pues la guerra europea estaba tomando otro giro. Carrero Blanco y los mandos militares presionaron al dictador. La cuestión la decidió Franco destituyendo a su cuñado. Y es que días antes un grupo de falangistas había atentado contra Franco en la Basílica de Nuestra Señora de Begoña en Bilbao. Mientras se celebraba una ceremonia religiosa, un grupo de falangistas lanzaron granadas de mano con el objetivo de acabar con la vida del dictador. Hubo varios heridos, pero el destinatario salió ileso. Un asunto casero, interno, que no atravesó las fronteras.

Pero el enfrentamiento más importante, más grave –con connotaciones internacionales-, iba a tener como pretexto la independencia de Guinea Ecuatorial y sus derivadas.

El 12 de octubre de 1968, casi diez años después de que Guinea Ecuatorial fuese provincia española, el gobierno decretaba la independencia del país. Por supuesto, no fue de sopetón. El mundo entraba en un período de descolonización y la Guerra Fría estaba en su momento más álgido.

La dictadura de Franco determinó que la independencia de Guinea Ecuatorial debía pasar primero por un proceso de autonomía controlada. La mayoría de los opositores guineanos eran partidarios de retrasar la independencia, pues conocían los enfrentamientos tribales existentes y la escasa preparación de los  ciudadanos guineanos en las tareas administrativas de la función pública.

El referéndum celebrado el 15 de diciembre de 1963 aprobó mayoritariamente, faltaría más, el régimen de autonomía. Ese período duró hasta el 12 de octubre de 1968.

A partir del 15 de diciembre de 1963 comenzaron los desencuentros políticos entre España y Guinea Ecuatorial. El más importante tuvo su origen en el enfrentamiento entre el Ministro de Asuntos Exteriores, Fernando María Castiella y Maíz y Luis Carrero Blanco, Presidente del gobierno.

Castiella era partidario de que España se adaptase a las recomendaciones de la ONU –en el fondo erra todo un reflejo de la pugna surgida al compás de la Guerra Fría-, mientras Carrero, que desconfiaba de la política que imponían los vencedores en la II Guerra Mundial, entendía que España debía seguir en Guinea Ecuatorial, aunque fuese a través de un ciudadano guineano salido de las urnas.

En septiembre de 1968, Francisco Macías resulta vencedor en segunda vuelta  en las elecciones presidenciales. La tensión se agudiza entre Guinea Ecuatorial y España. Y también en las entrañas del equipo de Macías. Su ministro de Asuntos Exteriores, Atanasio Ndongo, discrepa de la política seguida por Macías respecto a España, y ahí comienza a gestarse un golpe de estado contra el presidente.

La historiografía no aporta datos concluyentes, pero todo apunta a que España tuvo mucho que ver en la intentona golpista. Algunos historiadores sostienen que Castiella conocía la existencia de esas discrepancias y el intento de derrocar a Macías.

Sin embargo, de Carrero Blanco si se conocen sus intenciones de apartar del poder a Francisco Macías, y colocar en la presidencia a Bonifacio Ondó Edú, que estaba más en su proyecto de que Guinea Ecuatorial permaneciera al lado de España. No hemos encontrado docu

Martín Fierro

mentación que testimonie si Carrero o Castiella tuvieron que ver con la intentona golpista que, como es sabido, fue un tremendo fracaso. La ira de Macías se hizo evidente y los guineanos la padecieron. Las relaciones con España quedaron truncadas.

La situación dentro de Guinea Ecuatorial se fue agravando. Macías se echó en brazos de Rusia y China, postura que alentó otro proyecto golpista. En esa ocasión si queda clara la postura de España apoyando, colaborando o preparando el golpe del entonces teniente corones Teodoro Obiang Nguema contra su tío el presidente Macías. Eso aconteció el 3 de agosto de 1979, Desde esa fecha Obiang, su familia y acólitos gobiernan férreamente el país. Se puede decir que la corrupción es el sistema político imperante.

Anexión a Argentina
Esta breve incursión en los hechos históricos nos conduce a lo siguiente: no encontramos ligazón alguna, tanto a nivel histórico, social y antropológico, en las pretensiones de un grupo de ciudadanos annoboneses de unirse a Argentina. Tampoco, como hemos expuesto anteriormente, encontramos fundamentos legales en el Derecho Internacional para ver la posibilidad de legalizar una anexión de Guinea Ecuatorial con Argentina.

La isla de Annbón forma parte indiscutible de la República de Guinea Ecuatorial. Por supuesto, esa aventura anexionista no ha tenido cabida en la Unión Africana.

Reiteramos que Annobón ha sufrido un abandono histórico que permanece, por parte de del tirano Obiang Nguema, como lo sufren los bubis, ndowés, fernandinos, bisíos y alguna que otra pequeña comunidad. Más del 80% de la población guineana son fang.

Esa supuesta anexión a Argentina no ha salido de la boca del gobierno del presidente Milei ni la ONU ha movido un dedo, simplemente surge en artículos de opinión en las redes sociales, y poco más. Obiang debe respirar tranquilo por ese lado. Sin embargo que preste atención a Baltasar Garzón, pues su despacho, LIOCAD, presta asesoramiento jurídico a representantes del Movimiento para la Liberación de Annobón que preside Orlando Cartagena Lagar.

No es de extrañar que algunos de esos enfervorizados annoboneses busquen en lo más recóndito de sus casa a ver si aparece alguna fotografía de un familiar suyo con el gaucho Martín Fierro.