La condena a muerte de Jesús: el Sanedrín y el poder romano                

Lapidación de Snatiago

Sin Acritud…
Ángel Luis Martín (20/10/2026)
El Sanedrín era el máximo tribunal religioso y judicial judío, integrado por miembros de la aristocracia sacerdotal, ancianos y maestros de la Ley. Bajo la dominación romana, su capacidad para imponer y ejecutar penas capitales estaba limitada. Esta circunstancia resulta fundamental para comprender la muerte de Jesús.

Los evangelios presentan la blasfemia como una de las principales acusaciones religiosas contra Jesús. Marcos 14:63-64 relata que, tras escuchar sus palabras, el sumo sacerdote lo consideró culpable y los presentes lo declararon reo de muerte.

La legislación judía contemplaba la pena capital para determinadas conductas religiosas. Levítico 24:16 castigaba la blasfemia; Deuteronomio 18:20 establecía la muerte para el falso profeta, y Deuteronomio 13:2-6 condenaba a quien intentara apartar al pueblo de su Dios.

Siglos después, el Talmud de Babilonia, en Sanedrín 43a, atribuyó a Jesús la hechicería y haber extraviado a Israel. Se trata de una tradición rabínica posterior, no de un testimonio contemporáneo de su proceso.

Estas referencias permiten comprender el marco religioso en el que se formularon las acusaciones.

El historiador judío Flavio Josefo, nacido en el siglo I, constituye una fuente fundamental para conocer la historia de Judea.

En Antigüedades judías XVIII, 63-64, aparece el célebre pasaje sobre Jesús, conocido como Testimonium Flavianum. La versión transmitida por los manuscritos contiene interpolaciones cristianas discutidas, pero incluye estas palabras:

«Y cuando Pilato, por instigación de nuestros dirigentes, lo condenó a la cruz…».

El pasaje  atribuye a los dirigentes judíos un papel esencial en la condena de Jesús.

El proceso culminó ante Poncio Pilato, gobernador romano. Las acusaciones religiosas se transformaron en una cuestión política: Jesús fue presentado como alguien que podía desafiar la autoridad del César al ser considerado rey. Pilato tenía el poder de decidir y ordenó la crucifixión. Por tanto, la responsabilidad no recae exclusivamente en quienes promovieron la acusación, sino también en quien dispuso la ejecución.

Hans Küng (1928-2021) fue un teólogo suizo, profesor de teología ecuménica en la Universidad de Tubinga y una de las figuras más influyentes del pensamiento cristiano contemporáneo. Defendió el diálogo entre religiones y mantuvo una posición crítica ante determinados aspectos de la autoridad eclesiástica.

En obras como Ser cristiano, Küng estudia la muerte de Jesús en el contexto del enfrentamiento con las autoridades religiosas y políticas de su tiempo. Su interpretación permite comprender que la condena no fue simplemente un accidente ni una decisión aislada de Roma: determinados dirigentes religiosos judios consideraron a Jesús una amenaza y promovieron su entrega al poder romano.

Un episodio posterior resulta especialmente revelador. En Antigüedades judías XX, 200, Josefo relata que, hacia el año 62, el sumo sacerdote Anano convocó al Sanedrín y ordenó lapidar a Santiago, hermano de Jesús, junto con otros acusados.

El hecho ocurrió durante el intervalo entre la muerte del gobernador Festo y la llegada de su sucesor, Albino. Anano aprovechó esa ausencia de autoridad romana efectiva para proceder. La actuación provocó protestas y contribuyó a que perdiera su cargo por iniciativa romana.

Josefo escribe:
«Anano […] convocó a los jueces del Sanedrín y llevó ante ellos a un hombre llamado Santiago, hermano de Jesús, llamado el Cristo, y a algunos otros. Los acusó de haber transgredido la Ley y los entregó para que fueran lapidados».

Este testimonio tiene especial importancia porque muestra que un sumo sacerdote podía promover una ejecución directa cuando las circunstancias políticas lo permitían. Conviene precisar, no obstante, que Josefo no afirma que Anano desobedeciera una orden romana expresa: denuncia el aprovechamiento de la ausencia del gobernador y la irregularidad de su actuación.

La muerte de Jesús fue consecuencia de la convergencia entre un conflicto religioso y una decisión política. Determinados dirigentes del Sanedrín promovieron su condena y lo entregaron a Pilato, quien ordenó la crucifixión.

El caso de Santiago muestra que las autoridades religiosas también podían ejercer directamente la violencia judicial en circunstancias excepcionales, incluso al margen de las restricciones romanas.

La responsabilidad histórica corresponde a quienes promovieron y ejecutaron esas decisiones. Ni el papel de determinados dirigentes judíos exime a Roma de su responsabilidad, ni permite atribuir colectivamente la muerte de Jesús al pueblo judío.