
Internacional
Eva Mayen (11/9/2026)
Hay un curioso hecho en la política europea: dos mujeres y dirigentes alemanas situadas en posiciones ideológicas muy diferentes, Alice Weidel, de la AfD, y Sahra Wagenknecht, del BSW, han entendido que existe un electorado al que los partidos tradicionales están perdiendo: trabajadores, pensionistas y clases medias golpeadas por la inflación, los bajos salarios y la pérdida de seguridad económica.
Wagenknecht defiende un Estado social fuerte, salarios elevados, pensiones dignas y una mayor fiscalidad sobre las rentas altas. Weidel, defiende la economía de mercado y la propiedad privada, pero insiste también en que el trabajo debe proporcionar seguridad económica.
Weidel ha denunciado expresamente que las pensiones alemanas son demasiado bajas y ha defendido los salarios y las rentas del trabajo hasta un nivel considerado necesario para vivir dignamente y que estén exentos de impuestos; una medida que propone aplicar igualmente a las pensiones.
Es una posición significativa porque rompe con la imagen de una derecha preocupada exclusivamente por reducir impuestos a las empresas. Weidel plantea que el trabajador alemán que vive de su salario y el pensionista que ha cotizado durante su vida deben conservar una parte mayor de sus ingresos.
¿Y Santiago Abascal?
Santiago Abascal (Vox) tienen un discurso social distinto. Su prioridad se encuentra en la reducción de impuestos a nivel general, la defensa de la propiedad, la empresa, la familia tradicional católica.
La diferencia resulta especialmente visible cuando hablamos de pensiones. En 2026, Vox votó contra el decreto de revalorización de las pensiones, que incluía una subida general del 2,7% y aumentos superiores para las pensiones más bajas. Su argumento fundamental fue la insostenibilidad del sistema.
Es decir, mientras Wagenknecht coloca salarios y pensiones en el centro de su política social y Alice Weidel reclama que los ingresos modestos de trabajadores y pensionistas sufran menos carga fiscal, Vox tiende a abordar la cuestión desde la sostenibilidad financiera y la reducción del gasto y de los impuestos.
Un trabajador puede estar preocupado por la inmigración, por la identidad nacional o por la política europea. Pero también puede preguntarse algo mucho más sencillo: ¿quién defiende mi salario, mi pensión y mi poder adquisitivo?

Wagenknecht ha construido buena parte de su discurso alrededor de esa pregunta en consonancia con el posicionamiento de su partido, situado a la izquierda de la socialdemocracia. La diferencia con sus homólogos españoles en cuanto al fenómeno de la inmigración es muy notorio: defiende una postura dura y opuesta a una inmigración descontrolada y masiva. Tras el triunfo electoral del partido de Alice Weidel en Sajonia, Wagenknecht se ha mostrado dispuesta a un diálogo con Alternativa por Alemania. Ambas mujeres contemplan la posibilidad de este diálogo de forma positiva.
Abascal, en cambio, defiende una reducción fiscal general y que la protección de la economía privada terminen beneficiando indirectamente al trabajador. Es decir, en nada diferenciable de la receta consabida neoliberal que representa el PP español.
Estas dos mujeres alemanas, procedentes de posiciones ideológicas opuestas pueden estar hoy hablando más directamente a las preocupaciones materiales de una parte de la clase trabajadora alemana que una derecha española que aspira también a conquistar ese voto.
España no es Alemania, se diría que son planetas distintos.
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AfD, Alemania, Alice Weidel, BSW, España, inmigración, pensiones, Sahra Wagenknecht, Salario de los trabajadores, Santiago Abascal




