Sin Acritud…

Una foto que vale 30 mil millones de euros

Alberto Montero (14/10/2008)
Está visto y comprobado: los banqueros de este país no se hacen fotografías gratis. La que se hicieron con Rodríguez Zapatero en la reunión de hace unos días en La Moncloa ya tiene precio: un fondo anticrisis de 30 mil millones de euros ampliables hasta 50 mil (entre el 3% y el 5% del PIB) para, en palabras del propio presidente del Gobierno, «el sistema financiero más sólido del mundo».



Argentina: Distintas formas de ejecución de los Derechos Humanos

Alberto Buela (25/9/2008)
El fin de la dictadura militar que duró del 76 al 83 supuso la restauración del sistema democrático en la Argentina.

Así, desde diciembre de 1983 a mayo de l989 gobernó el Partido Radical bajo la presidencia de Raúl Alfonsín quien renunció, en sus palabras «resignó» el poder a manos de Carlos Menem surgido de las filas del peronismo.

El régimen político de Alfonsín vino a restaurar el Estado de derecho con en cual, siempre según sus palabras «se come, se vive y se educa». La democracia para él no era un sistema de gobierno, seguramente el mejor para las sociedades de masas, sino «un sistema de vida». Error típico de la ideología liberal en su variante socialdemócrata que confunde y reduce las múltiples y variadas formas de vida a una forma de gobierno.

El rescate de los Derechos Humanos, tomados en sorna por la dictadura militar del 76 al 83 bajo el slogan «los argentinos somos derechos y humanos», está íntimamente vinculado al Estado de derecho reinstaurado por el gobierno radical. Estos Derechos Humanos tenían su anclaje en las Declaraciones liberales de los derechos del hombre de la Revolución francesa de 1789, y más acá, en la Declaración de las Naciones Unidas de 1948, que supuso una mayor elaboración teórica del tema al que aportaron sus meditaciones dos centenares de filósofos y pensadores.

Así, los Derechos Humanos fueron el marco de referencia de un Estado de derecho que realizó eficazmente el juicio a los máximos responsables del terrorismo de Estado (cuando desde el Estado la fuerza legítima se transforma en violencia) aplicado durante la Dictadura militar.

El tema de la convivencia política y social civilizada e ilustrada con su teoría de los dos demonios sostenida, entre otros, por Ernesto Sábato en el libro Nunca Más, fue el objetivo propio y específico de este gobierno. Objetivo que no le permitió ni ver ni resolver las sucesivas crisis económicas. Así, inflación galopante, desempleo, nueva moneda con el «austral», crecimiento desmedido de la fraudulenta deuda externa, etc. Todo ello hizo que el radicalismo derrotado en forma contundente en elecciones presidenciales entregara, seis meses antes, el gobierno al menemismo triunfante.

Menem al asumir el poder cambió, en el mismo día de su asunción, de ideología, pasando a militar en el liberalismo más rancio llamado neoliberalismo (su primer ministro de economía Rapanelli fue el último gerente de la multinacional Bunge y Born).

En este gobierno que dura diez años(1989-1999) se deja de lado la teoría de los Derechos Humanos como marco de referencia del accionar democrático para sostener que «la sociedad fue víctima inocente» de las acciones de la Dictadura militar. Se proclamó en nombre de un pragmatismo político que sólo leía a Sócrates, la superioridad de los fines con lo que se vino a legitimar el uso de cualquier medio, incluso aquellos que iban en contra de los Derechos Humanos como había sucedido durante la Dictadura y se terminó indultando a los militares condenados, sabia y prudentemente, por el tribunal formado en el gobierno anterior.

Le sucede a Menem, el radical liberal De la Rúa quien, como ha sucedido históricamente en Argentina, se limitó a respetar la formalidad democrática, esto es, a la democracia procedimental pero no supo resolver las sucesivas crisis económicas cada vez más agudas, que terminaron por expulsarlo del poder en diciembre de 2001. Llevándose a cuestas en su conciencia una veintena de muertos.

Superada la debacle económica por el gobierno provisorio de Duhalde asume en mayo de 2003 Kirchner quien instala como «un absoluto ético» de su régimen de gobierno los Derechos Humanos.

Con la creación de la Secretaría de Estado de Derechos Humanos como usina ideológica del gobierno se tomó distancia del viejo Estado de derecho y se llevaron los Derechos humanos y su defensa al paroxismo de extenderlos a toda la actividad humana. Se dejó de lado el criterio según el cual los Derechos Humanos se fundaban en la inherencia a la persona para ser establecidos por consenso. Aparecieron así infinita variedad de «derechos humanos» según el lobby que los fogoneara. Por ejemplo, Derechos Humanos de los gays al matrimonio o a la adopción de hijos, de las mujeres al aborto, al ejercicio de la prostitución, al consumo de drogas, etc.

Se lo estableció como «un absoluto ético» en cuya defensa convergieron las Madres de Plaza de Mayo, quienes son las que verdaderamente rescataron en Argentina la función política de los Derechos Humanos, y la militancia montonera de los años 70. Esto es, «los imberbes» echados por Perón de la Plaza de Mayo en 1974. Sin contar con todos aquellos, que son muchísimos, que vieron en el manejo e instrumentación de los Derechos Humanos una salida laboral o el inicio de una carrera política.

Esta convergencia produjo la anulación de los juicios de Alfonsín y la anulación de los indultos de Menem a los responsables del terrorismo de Estado, lo que llevó a la realización de nuevos juicios con seguras nuevas condenas, pero esta vez no ya en el marco del Estado de derecho sino más bien ligados a la revancha entendida como resentimiento político, en tanto que rencor retenido durante veinte años por aquellos que fueron vencidos militarmente por la Dictadura militar.

El régimen de Kirchner al transformar los Derechos Humanos en «un absoluto ético», según el cual ningún fin ni ninguna acción de la oposición al gobierno se puede justificar si va en contra de ellos, los que a su vez como vimos se transformaron en infinitos, hizo que su gobierno no pueda ser criticado sin ser el crítico inmediatamente estigmatizado. Así, sus decisiones no se discuten y su pluralismo es entendido como poner al otro, al que se opone o disiente, de rodillas. Su gobierno se transformó más en personal que en institucional. No otorgó ni una sola conferencia de prensa en todos sus años de gobierno ni realizó ni una sola reunión de gabinete. Gobernó a través de decretos de necesidad y urgencia relegando al Congreso Nacional a una mera formalidad democrática. Se manejó al mejor estilo staliniano rodeado de la troyca que formó el círculo áulico.

Este breve recorrido deja una lección, los absolutos éticos elevados a normas políticas nos llevan, lo quieran o no así sus gestores, a regímenes políticos de corte personal y arbitrario.

Hoy Kirchner terminó, al menos formalmente, su mandato. La que está en el gobierno es su señora Cristina Fernández, y ella tiene la ocasión de tomar nota de esta evolución político-ideológica de los Derechos Humanos y así puede ver que si gobernar es crear instituciones como lo hizo Sarmiento con el Colegio Militar donde canalizó todas la inquietudes belicosas que perduraban de las guerras civiles del siglo XIX y Perón lo hizo con los sindicatos donde superó las tensiones políticas e ideológicas venidas desde Europa entre anarquistas, comunistas y socialistas. Por qué no institucionalizar el ejercicio del poder político en Argentina fundándolo en la simpleza y claridad de realización de «los valores patrios».

N. de la R.
Alberto Buela (Argentina) es profesor de Filosofía, autor de numerosos libros, ensayos y artículos. Asimismo, es miembro de CEES (Centro de Estudios Estratégicos).

 



Renovación del Constitucional. ¡Muera Montesquieu!

Emilio Campmany (21/9/2008)
Es sabido que el PSOE reformó la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional para que su presidenta, María Emilia Casas, pudiera seguir siéndolo transcurridos los tres años de mandato que fija la Constitución y que la sentencia sobre el Estatuto de Cataluña se retrasara todo lo que al Gobierno conviniera. De paso, también se reformó el sistema de elección de los cuatro magistrados del Constitucional que vota el Senado. Se estableció que la Cámara Alta los elegiría de entre los candidatos que propusieran los diecisiete parlamentos autonómicos.

El 29 de septiembre vence el plazo para presentar nombres, dos como máximo por parlamento. La mayoría de ellos apenas tiene interés en el asunto. Y es casi seguro que algunos no propondrán a nadie. ¿Para qué iban a hacerlo? Cualquiera que propusieran las Comunidades Autónomas de segunda, aunque fuera el mismísimo Savigny, no tendría ninguna oportunidad por el sólo hecho de haber sido designado por ellas. Díganme, si no, qué puede esperar un candidato proveniente de Murcia o de La Rioja.

Otra cosa es Cataluña. Allí se da por hecho que al menos uno de los que digan será magistrado del Constitucional. Están tan seguros porque la reforma tiene precisamente ese objeto: otorgar a Cataluña el privilegio de designar directamente a uno de los doce magistrados que componen el Tribunal Constitucional. Privilegio que, naturalmente, no tiene sentido reconocer a las demás, con la excepción quizá del País Vasco. Tan es así que lo más probable es que la propuesta de Cataluña se limitará a un nombre para evitar equívocos y que los senadores sepan muy bien a quien tienen que votar.

Las dificultades que está teniendo el Parlamento catalán para dar con la persona adecuada no se deben a la escasez de catalanistas estudiosos de la Constitución (la mayoría para ver el modo de cargársela), sino porque casi todos participaron de uno u otro modo en la elaboración del Estatuto. El haber colaborado en la redacción puede ser causa de recusación. Naturalmente, la Generalidad no quiere que el catalanista que vaya al Constitucional, que irá para votar a favor de la constitucionalidad del Estatuto, se vea privado por una recusación de hacer precisamente aquello para lo que se le nombra.

Seguro que al final encuentran a alguien. Pero quién sea es lo de menos. Lo escandaloso es que, en un procedimiento abierto en el que diecisiete parlamentos supuestamente iguales han de proponer a treinta y cuatro candidatos, hoy ya sabemos que el que venga de Cataluña, sea una lumbrera o un zote, será con toda seguridad elegido. Y lo será además para defender, en el seno del Tribunal, la constitucionalidad de las muchas inconstitucionalidades que pesan sobre el Estatuto de Cataluña.

No se sabe qué ocurrirá con los nombres que vengan del País Vasco. Para las demás, la única posibilidad que hay de que sea nombrado alguno de sus candidatos se limita al caso de que alguna de las cúpulas de los dos grandes partidos les haga la caridad de decirles qué nombres quiere que salgan.

Si en España reina la división de poderes, que venga Dios y lo vea. Y encima, el Supremo, ilegalizando por unanimidad a golpe de látigo del Gobierno. ¡Muera Montesquieu!

N. de la R.
Este artículo se publica gracias a la gentileza del autor y del GEES (Grupo de Estudios Estratégicos).

 

 



Notas sobre la autoridad

Alberto Buela (11/9/2008)
Uno de los puntos débiles del pensamiento políticamente correcto es el obviar, ignorar o no considerar ciertos temas de todos los días como es el caso del dolor, el envejecimiento, la muerte, la jerarquía, el orden, la autoridad.

Respecto de este último tema sabemos que desde la Ilustración (siglo XVIII) hasta el progresismo de nuestros días se ha producido la negación sistemática de la autoridad para remplazarla por los criterios que brinda la sola razón. Sin percatarse que no puede existir ningún tipo de conocimiento libre de la autoridad pues ella es elemento constitutivo de él. Si bien la autoridad no puede reemplazar al juicio propio, ello no excluye que la autoridad sea fuente de verdad.

Por otra parte, ningún  hombre puede pensar  a partir de «su sola razón» sino que comienza a pensar dentro de una determinada tradición de pensamiento o cultura. Todo hombre nace dentro de grandes ecúmenes culturales que son las que condicionan su sentido de ser en  el mundo.

Cualquiera que escucha el término autoridad inmediatamente lo asocia con la figura del que manda y su correlato aquel que obedece. La relación mando-obediencia se impone de entrada como la dupla a partir de la cual comenzamos a entender aquello que menta el concepto de autoridad. Esta última la podemos caracterizar en una primera definición como la imposición de la voluntad de un hombre sobre otro.

Pero a poco que nos detengamos a pensar vemos que esta determinación no es del todo suficiente porque nos habla más bien de la consecuencia del ejercicio de la autoridad y no de la autoridad misma. Y las definiciones para ser completas y acabadas tienen que encerrar la esencia de aquello que se quiere definir y no sólo su finalidad.

La versión autoritaria de la autoridad la vincula con la obediencia «por principio» ciega o mecánica. De hecho, esta concepción de la autoridad ha estado vinculada a las órdenes militares o religiosas sobre todo en el período de formación de sus miembros.  Autoritario es aquel que ejerce su poder para obtener la obediencia de otro.

Pero como dijimos, la naturaleza de la autoridad no se agota en la obediencia sino que hay que buscarla a partir del acto de reconocimiento de un saber superior en cualquier aspecto de la vida que un hombre realiza de otro. La superioridad del saber del otro sobre el de uno mismo es el origen de la autoridad.

La autoridad no se recibe sino que más bien es concedida por un hombre a otro. Es concedida por aquel que reconoce en el otro un saber o conocimiento superior al que él posee en la materia o tema determinado de que se trate. Nadie es autoridad en todo, se es siempre autoridad en algún orden de cosas, dominios o disciplinas, aunque ninguno de nosotros está libre de «los todólogos». La única tuttología aceptable es aquella de los padres que se ocupan de sus hijos y solo hasta los seis o siete años.

La autoridad se funda en el saber reconocido de alguien y en la necesidad que ese conocimiento genera. El centenario filósofo Hans Gadamer (1900-2002) escribió: La autoridad correctamente entendida tiene que ver no con la obediencia, sino con el conocimiento.

El hombre desde el momento en que reconoce a otro como autoridad confía en que lo que dice es cierto, es verdadero. Es por ello que la autoridad presupone el conocimiento o saber de aquel que la ejerce, mientras que la obediencia manifiesta el poder, nos está indicando el ejercido concreto de la autoridad de aquel que la ejerce.

Así, la autoridad que como ejercicio se manifiesta en el plano político-social pudo ser definida muy acertadamente por filósofo escéptico Giuseppe Rensi (1871-1941) en su libro «Filosofía de la autoridad» (1920) como: «el acto que determina lo que de hecho vale como justicia y moral (…) entre opuestas verdades teóricas racionalmente posibles es la autoridad la que decide lo que de hecho debe valer como si fuese la justicia, el bien, la verdad» [1].

La objeción que nace desde la politología y la sociología al observar que en nuestras sociedades no todas las autoridades dicen la verdad, pues existen autoridades que infunden conocimientos falsos para manipular el control de las personas, objeción que también puede aplicarse al control y manejo de grupos sociales menores. Esta objeción es difícil de remontar. Hay que hacer la distinción entre potestas y auctoritas. La autoridad en tanto es entendida como poder puede mentir y de hecho miente para logar la obediencia, pero la autoridad en tanto auctoritas, es decir, en sí misma se funda en la verdad. Pues conocimiento es siempre verdadero, un falso conocimiento es un desconocimiento.

Si bien la autoridad genera obediencia, ella no es obediencia, ésta es la consecuencia del ejercicio de la autoridad. Pero, ¿la autoridad tiene por finalidad sólo el logro de la obediencia o busca o puede logar algo más?

Una vez más tenemos que aplicar el viejo principio metodológico de la filosofía clásica distinguere ut iungere (distinguir para unir) y así discriminar entre bienes externos e internos. La autoridad en el campo de los bienes externos puede en una práctica mal hecha (una pseudo investigación) lograr prestigio, fama y dinero. Hay tantísimos académicos de pacotilla que padecemos hoy día. Pero, por el contrario, la autoridad en los bienes intrínsecos solo se puede afirmar realizando bien la práctica en cuestión. Los bienes internos a determinada práctica solo se pueden obtener realizando bien esa práctica.

Así, ha podido afirmar ese gran filósofo escocés Alasdair MacIntayre (1929) que la virtud (analógicamente la autoridad) solo puede ser definida en relación con las prácticas y con sus bienes internos.

Y estos bienes internos no son solo para el que los realiza sino bienes para toda la comunidad. Una autoridad, aun la más aislada,  es siempre una autoridad socialmente reconocida.

Así el pseudo investigador del ejemplo, estos especialistas de lo mínimo del Conicet y las academias, usurpadores de becas, prestigios y canonjías podrán tener un curriculum abultado y ganar buen dinero, pero aquello que nunca tendrán es la satisfacción de haber podido ampliar los conocimientos de sus disciplinas metodológicamente garantizados por la práctica de investigar y la autoridad que los guía.

Vemos entonces como la naturaleza o esencia de la autoridad se nos muestra a dos puntas: por un lado en el reconocimiento del superior por el inferior y por otro el servicio del superior al inferior para el logro de una práctica bien hecha. La finalidad última de la autoridad sería el progreso existencial de aquellos que la acatan. Se da por cumplido así el último sentido etimológico de auctoritas que los romanos entendían como reconocimiento, respeto y aceptación, que deriva del sustantivo auctor-creador, autor, instigador, a su vez derivado del verbo augere que significa aumentar, hacer progresar.

N. de la R.
Alberto Buela (Argentina) es profesor de Filosofía, autor de numerosos libros, ensayos y artículos. Asimismo, es miembro de CEES (Centro de Estudios Estratégicos).



“La España necesaria” frente a la España prescindible

José Manuel G. Torga (9/9/2008)
«La España necesaria» es un tomito, lanzado con el cuño de Editorial Universitas, dentro del cual hay ideas clarificadoras y muy útiles, en momentos en que una densa polvareda de despropósitos dificulta la visibilidad conceptual de la nación de nuestra nacencia, herencia y querencia.



Los planes de guerra en Irán y la pérdida de poder estadounidense. Del fracaso de los neoconservadores al nuevo realismo

Arshin Adib-Moghaddam  (9/9/2008)
CUANDO IRÁN lanzó las pruebas de misiles Shahab hace unas pocas semanas, muchos analistas interpretaron el hecho como otro indicador del intransigente desafío de Irán a la comunidad internacional.

Sí, es cierto que Irán ha construido un autosuficiente complejo militar-industrial, que está produciendo en masa tanques, cazas a reacción y



Las guerras por el control de los recursos naturales. El 90 por ciento de las víctimas de los conflictos son civiles

Mabel González Bustelo (1/9/2008)
LA ABUNDANCIA DE RECURSOS NATURALES ha contribuido a alimentar conflictos armados en un buen número de países en desarrollo. Se trata principalmente de recursos minerales como el petróleo, los diamantes y otras piedras preciosas, pero no solamente: la lista incluye las maderas nobles, productos agrícolas como el cacao y drogas ilícitas como la cocaína y el opio.

Desde Angola y la República Democrática del Congo (RDC) a Camboya, pasando por Afganistán o Colombia, un buen número de países han sufrido y sufren conflictos relacionados con el control de los recursos. Aunque en algunos casos muy graves estos conflictos finalizaron, otros siguen en marcha y muchos más pueden surgir en



Multiculturalismo o Interculturalismo

Sin Acritud…
Alberto Buela (30/8/2008)
Hace ya bastantes años que venimos combatiendo la idea del multiculturalismo como una categoría ideológica de dominación nacida desde los antropólogos culturales usamericanos, por la cual se exalta a las minorías por el hecho de ser minorías en desmedro de las mayorías populares. Y de dominación porque lo que se busca con su utilización política es quebrar la idea de comunidad nacional en una multitud de minorías o grupos minoritarios, políticamente de más fácil manejo que un poder nacional centralizado.



Kosovo y el camino a la guerra en Georgia. El Kremlin envía un claro mensaje político a Occidente y a su zona de influencia

Rafael Calduch Cervera (27/8/2008)
EL ATAQUE DE LAS TROPAS GEORGIANAS a Tsjinvali, capital de Osetia del Sur, el pasado 8 de agosto de 2008, constituyó el inicio de un breve pero intenso conflicto armado extendido a Abjasia, que la intervención de las tropas rusas ha resuelto militarmente con una aplastante derrota del ejército Georgiano de la que tardará años en recuperarse.

«Resulta sorprendente la iniciativa de Shajasvili de optar por el uso de la fuerza en lugar de recurrir a la negociación con Rusia». La insensata decisión del presidente Shajasvili de utilizar la violencia para acabar con las tendencias secesionistas de ambas regiones, lejos de resolver el problema lo ha agravado haciendo, probablemente, irreversible la independencia de abjasios y osetios a medio plazo.

SORPRENDENTE INICIATIVA DE SHAJASVILI
Ni la contundente y decisiva reacción de Moscú, ni la tardía y diplomática respuesta de Estados Unidos y la UE a la intervención militar de Tbilisi han sido distintas de las que cualquier analista podía prever. En cambio, resulta sorprendente la iniciativa de Shajasvili de optar por el uso de la fuerza en lugar de recurrir a la negociación con Rusia que, por razones análogas de rechazo a las tendencias secesionistas, nunca había reconocido la independencia de ambas regiones.

«El desarrollo de los acontecimientos habría sido claramente distinto si en la reciente cumbre de la OTAN se hubiese aceptado la propuesta norteamericana de incluir como miembro a Georgia». La información disponible sugiere que esta decisión fue la resultante de una conjugación de varios factores: un creciente temor y rechazo a la influencia rusa en ambas regiones, una flagrante sobrevaloración de la capacidad militar georgiana y, finalmente, la errónea convicción de que enfrentados a los hechos consumados, tanto Estados Unidos como la UE terminarían respaldando incondicionalmente la actuación georgiana.

¿Y SI GEORGIA HUBIERA ENTRADO EN LA OTAN?
Naturalmente, el desarrollo de los acontecimientos habría sido claramente distinto si en la reciente cumbre de la OTAN, celebrada en Bucarest (2 al 4 de abril de 2008), se hubiese aceptado la propuesta norteamericana de incluir como miembro a Georgia. Obviamente, conscientes de la fragilidad de las condiciones de paz en la zona y tratando de evitar verse involucrados en un conflicto directo con Rusia, los aliados europeos más importantes, con el Reino Unido al frente, se opusieron abiertamente a las intenciones del presidente Bush.

«El precedente de Kosovo ha jugado un papel crucial en la actuación del gobierno de Tbilisi». La frustración de las expectativas del presidente Shajasvili de integrar su país en la OTAN, debieron desempeñar un papel sicológico decisivo en el convencimiento de que si no rompía de forma inmediata y abrupta el status quo, el tiempo terminaría consolidando la realidad de la independencia de ambas regiones, como acababa de ocurrir en Kosovo.

En efecto, el precedente de Kosovo ha jugado un papel crucial en la actuación del gobierno de Tbilisi. Aunque no quiera o no se pueda reconocer oficialmente, tanto Washington como Bruselas son conscientes de que el apoyo y posterior reconocimiento de la declaración unilateral e ilegal de independencia de Kosovo, les priva de la autoridad política y jurídica para rechazar ante Moscú su apoyo a la independencia de Abjasia y Osetia del Sur.

EL EJERCITO RUSO SE PROFESIONALIZA
En último extremo, el mismo argumento que llevó al Enviado Especial para Kosovo, Sr. Ahtisaari, a proponer en su informe al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas la independencia como única solución para Kosovo, ignorando el mandato de la Resolución del CS 1244, se podía aplicar al caso georgiano, a saber:

«La independencia es la única opción para un Kosovo (Abjasia, Osetia) políticamente estable y económicamente viable. Sólo en un Kosovo (Abjasia; Osetia) independiente podrán ser las instituciones democráticas plenamente responsables de sus actos y rendir cuentas de ellos. Esto será de importancia vital para asegurar el respeto del estado de derecho y la protección eficaz de las minorías. Si persiste la ambigüedad política estarán en peligro la paz y la estabilidad de Kosovo (Abjasia; Osetia) y de la región. La independencia es la mejor salvaguardia contra ese peligro. También es la mejor oportunidad para establecer una asociación sostenible a largo plazo entre Kosovo (Abjasia; Osetia) y Serbia (Georgia).»

«La política exterior practicada por el Kremlin durante la etapa de Yeltsin y, también, durante la etapa de Putin ha respetado todos los compromisos asumidos con la UE y Estados Unidos». En cuanto a Rusia, resulta evidente que la intervención georgiana en Tsjinvali le ha servido en bandeja la oportunidad de demostrar la voluntad de aplicar su doctrina del extranjero vecino (Near Abroad Doctrine) y de mostrar la capacidad operativa de su ejército en pleno proceso de profesionalización. Los dirigentes políticos y militares del Kremlin han enviado un mensaje político inequívocamente claro tanto a las potencias occidentales como al resto de las repúblicas de la antigua Unión Soviética, especialmente a aquellas con las que existen conflictos como Ucrania, Moldavia (Transniester) o Lituania (Kaliningrado): cualquier alteración unilateral de los intereses de seguridad o de la influencia rusa en los países de su entorno, será respondida unilateralmente por Moscú con todos los medios necesarios. Incluido el uso de la fuerza, en cambio cualquier solución negociada con la participación de los dirigentes rusos será respetada y cumplida.

MOSCÚ HACE LO MISMO QUE WASHINGTON, LONDRES Y PARIS
Es frecuente escuchar en las cancillerías occidentales alusiones a la vuelta de la guerra fría y las argumentaciones sobre la necesidad de no hacer concesiones a los dirigentes rusos porque suelen ser interpretadas como una muestra de debilidad. Semejantes declaraciones traducen más el arraigo de los estereotipos políticos del pasado bipolar que el análisis de una realidad del presente. La política exterior practicada por el Kremlin durante la etapa de Yeltsin y, también, durante la etapa de Putin ha respetado todos los compromisos asumidos con la UE y Estados Unidos pero al mismo tiempo, y esa es la gran diferencia entre ambas etapas, ahora está haciendo valer sus intereses nacionales con la misma firmeza y convicción que lo hacen los países europeos y la Casa Blanca.

En esta defensa de sus intereses está utilizando, de forma deliberada y sutil, todos los instrumentos de poder (blando y duro) de que dispone, desde la propaganda hasta el recurso a la fuerza, pasando por la presión diplomática o económica. Nada distinto de lo que practican Washington; Londres o París, pero sí muy diferente de aquella época en la que la amenaza nuclear estuvo siempre presente como la última razón de toda decisión política internacional.

N. de la R.
Rafael Calduch Cervera es catedrático de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid y director del Master en Relaciones Internacionales y Comunicación de la misma universidad. Ha realizado un doctorado en Ciencias Políticas y Sociología y preside la consultora «Análisis Estratégico Internacional».
Este artículo se publica gracias a la gentileza del autor y de Safe Democracy.



Lo políticamente correcto y la metapolítica

Alberto Buela (16/8/2008)
En estos días nos ha llegado desde varios lados un reportaje al militar franco-ruso, ahora devenido ensayista, Vladimir Volkoff sobre lo políticamente correcto. Las respuestas que da Volkoff son acertadas pero insuficientes, pues él limita lo políticamente correcto a un problema del decir: «circula a través de nuestro vocabulario. El vocabulario políticamente correcto es el principal vehículo de contagio».




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