EconomÃa
Manuel Funes Robert (30/7/2012)
Todas las protestas y lamentos de las masas afectadas por los nuevos recortes no habÃan inmutado al BCE hasta ahora, que al contrario, le servÃan de pretexto para mantener su polÃtica de inhibición a la hora de entender las necesidades naturalmente crecientes de financiación de la economÃa comunitaria.
Pero ha bastado una alusión débil e inconcreta a la desaparición del euro para que el BCE haya salido al paso declarándose obligado a hacer cuanto sea necesario para que eso no ocurra. El euro es una moneda que nació justamente con la unión monetaria, es su pieza básica, cuya emisión quedaba al 100% en manos del BCE, titular último de la cantidad de euros en circulación.
El peligro para el euro es que desaparezca como moneda de alguna de las naciones que lo utilicen bien porque Bruselas lo imponga por no cumplir las condiciones de ajuste, bien porque los paÃses victimas decidan salirse por su cuenta para librarse del castigo del ajuste continuo y creciente. Pero los paÃses que por uno u otro procedimiento queden libres del euro y recuperaran su vieja moneda tendrán unas ventajas que sorprenderán a la comunidad y podrán convertirse en causa para que otros paÃses abandonen también el euro y es que su salida les devolverá su soberanÃa monetaria. Les liberará de la obligación de los dictados de Bruselas y para colmo se formará un precio entre el euro vigente para los demás paÃses y la moneda resucitada que favorecerá intensamente las exportaciones al paÃs que se sale hacia el área de los paÃses que no se salen.
Y este es el temor de Bruselas, el que ha provocado que el BCE afirme que su cambio de polÃtica si fuera necesario para que esos escenarios no se produzcan. El miedo está más en Bruselas que en los paÃses comunitarios.
El BCE es el titular legÃtimo para crear la liquidez que se necesita que por no haberlo hecho en la medida necesaria le hace responsable de la crisis y el endeudamiento soberano de los paÃses miembros. Lo paradójico es que para defender el euro y resolver la crisis se precisa el aumento tan necesario como sea preciso de la cantidad de euros en circulación. A más euros, menos peligro para el euro.
Esta es la solución de los dos problemas se demuestra por el impacto fulminante de las dudas del BCE en las bolsas y en el rating. Desgraciadamente todavÃa las fuerzas que imponen los mercados privados, cuya vida y negocio dependen del dinero escaso y caro siguen presionado. De entrada, en Madrid, el ministro de Defensa dice que la prueba del éxito de la polÃtica de ajuste, es el descrédito masivo a nivel popular, disparate comparable a la polÃtica de combatir la enfermedad con dosis adiciónales del la propia enfermedad. Pero hay otra frase que procede del presidente del Bundesbank: «no pasa nada porque España pague el 7% de los intereses de su deuda». Y mientras España, emite deudas un dÃa si y otro también, encontrando siempre inversores dispuestos a suscribirlas a tan usurero ratio, el BCE lleva a siete meses seguidos sin invertir un euro a favor de los paÃses miembros necesitados, obligándolos a que la deuda no solo permanezca sino que crezca dÃa tras dÃa.
En este momento pesa sobre España la carga de 40.000 millones de euros solo en tipos de interés acumulados, carga que podrÃa sea nula si el BCE hiciera su trabajo.
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