El estallido se frena por el apoyo familiar y el asociacionismo pero el malestar se dispara

Contenedores volcados en la barriada de Huelin, Málaga. (EFE)

España
Isabel Morillo (1/11/2020)
Los altercados se sucedieron en varias ciudades en el segundo estado de alarma; tras las protestas hay radicales vinculados a la extrema derecha que prenden la mecha social.

Contenedores ardiendo. Cargas contra la Policía. Violencia radical. Son imágenes que han recorrido España de sur a norte esta semana en el arranque del segundo estado de alarma del país por el covid. Sociólogos, epidemiólogos e investigadores sociales avisan de que de momento el civismo es mayoritario en el país pero que, conforme avance la brecha social y el deterioro económico, cada vez aparecerán más grupos aislados, desbordados y al límite. Un clima que se repite en los países vecinos de Europa y donde pescan los populismos y los partidos de extrema derecha, que se mezclan con grupos radicales de la órbita del fútbol y los negacionistas, los antisistema y aprovechan protestas de sectores hundidos y desesperados por la pandemia, como el ocio nocturno. Una amalgama peligrosa en una sociedad cansada, hipersensible y cada vez más desconcertada.

El martes en Sevilla, en un importante barrio obrero de la ciudad, Pino Montano, con un fuerte tejido asociativo, las protestas convocadas de forma pacífica para defender al pequeño comercio acabaron con bengalas y petardos, algaradas y quema de contenedores. Al día siguiente, el barrio, a través de sus principales asociaciones vecinales, dejó muy claro que ellos no estaban detrás de ese estallido violento pese a que el lema que corrió por las redes fue «el barrio lucha por su libertad«. La Policía sigue investigando. Se identificó a dos individuos relacionados con grupos ‘supporters’, ultras. Al día siguiente, la Policía detectó convocatorias similares en otros barrios obreros de Sevilla que fueron inmediatamente desactivadas.

Desde el Gobierno telefonearon a la Delegación del Gobierno en Andalucía para interesarse por el calado de lo ocurrido. Interior vigila de cerca todas estas protestas que se han repetido, cada vez con más violencia por toda España con rasgos similares. El jueves fue en Bilbao. El viernes los disturbios de Barcelona, con una veintena de heridos, fueron mucho más graves que los de Sevilla. Esa misma noche las imágenes de Burgos, en el barrio del Gamonal, también fueron escalofriantes con la Policía perseguida por violentos radicales. En Zaragoza, Santander o Valencia hubo manifestaciones contra el estado de alarma en la noche del viernes y la escena se repetía este sábado en ciudades como Vitoria, Bilbao, Madrid, Barcelona o Logroño: contenedores quemados, ataques contra la Policía y proclamas contra las restricciones impuestas para frenar el virus.

En el caso de Barcelona, directamente el líder de Vox en Cataluña, Ignacio Garriga, aseguró que no eran «negacionistas» sino «trabajadores en el paro, padres sin nómina para alimentar a sus hijos, autónomos que no tienen trabajo«. Grupos, señaló, «condenados a la miseria«. Tras la avalancha de declaraciones del resto de partidos políticos criticando que se jalearan las actitudes violentas, el líder de Vox, Santiago Abascal, vinculó las protestas con «menores extranjeros y radicales«. La Policía no tiene ningún indicio ni prueba en ese sentido.

Hablar de estallido social, de momento, está «fuera de lugar«, dicen los expertos, pero hay que estar atentos. Son episodios esporádicos, muy concretos, pero que en pocos días se han extendido de forma importante. El sociólogo y politólogo de la Universidad de Granada Ángel Cazorla asegura que está más que demostrado el civismo de la sociedad española. Más allá del covid, recuerda que España es uno de los países con más alto índice de trasplantes, un alto grado de asociacionismo y que da muestras importantes de solidaridad ante cualquier catástrofe nacional o extranjera.

Frustrar expectativas
Otra cosa que apuntan los expertos es cómo se están gestionando actualmente las expectativas de la ciudadanía. «Cuando se frustran las expectativas entramos en una nueva dimensión«, advierte Cazorla, «además se está planteando la lucha contra un enemigo que es el covid, que efectivamente lo que hace es situar a los ciudadanos en una posición enfrentada a algo y eso puede llegar a actitudes que en algún momento pueden ser más violentas«, señala el investigador de la Universidad de Granada. «Hasta ahora creo que esa frustración está contenida. Hay elementos que hacen de dique de contención, el propio carácter cívico de la sociedad española pero también las asociaciones de barrio, de voluntarios, las ONG, las familias. Los españoles tenemos una cultura muy parroquial de cercanía, de proximidad y eso también evita ese estallido«, concluye.

«Hay diques de contención frente al estallido social, la familia, el asociacionismo, voluntarios, ONG… El problema son los grupos que se van aislando»

El peligro, advierten los sociólogos, está en todas las personas que se quedan fuera de esto. «Hay que preocuparse ya por lo que está ocurriendo y por lo que puede ocurrir en el futuro por el deterioro de tipo socioeconómico que se está produciendo. Hay un grupo de población que se está aislando de todo lo que ejerce de freno. Conforme esto se amplíe el peligro de que la respuesta sea violenta o no cívica puede ser creciente también«, avisa Cazorla.

Las ‘colas del hambre’
«En el confinamiento de la primavera ya vimos las colas del hambre y la organización solidaria vecinal. La gente ya sabe de esto. Si estamos otra vez en las mismas y nadie ha hecho nada para mitigar esto es normal que haya gente que esté ya al límite. Ahora las revueltas no van a ser como la de ‘los Cayetanos’  del barrio de Salamanca de Madrid y se mezclará gente que intente pescar y arrimar el agua a su molino. Revueltas o protestas de la gente más desfavorecida en la que se metan antisistema, grupos radicales, independentistas, empresarios que quieran que el toque de queda no les afecte a sus negocios, del ocio nocturno por ejemplo, y eso creará una amalgama de personas que manifiesten su malestar de diferentes maneras«, advierte Xavier Coller, catedrático de Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).

«Ahora las revueltas no van a ser como la de ‘los Cayetanos’ del barrio de Salamanca de Madrid. Estamos ya en otra fase»

En España, recuerda Coller, es uno de los países en los que más se protesta. Las encuestas reflejan que la sociedad está bastante cansada y desorientada. «Está cansada porque llevamos mucho tiempo de restricciones y porque la pandemia está durando más de lo deseable; y está desorientada porque al dejar en manos de las comunidades autónomas las decisiones, aunque haya un paraguas estatal, nos encontramos con casos como el de Castilla León, Castilla-La Mancha o Madrid que comparten fronteras y unas hacen unas cosas y otras, otras. Hasta el propio alcalde de Madrid ha confesado que tiene que preguntar a su concejal para saber qué tenía que hacer«, sostiene el catedrático de la UNED. «Nos encontramos con una población que está cansada, afectada por el covid y con cierta confusión sobre lo que se tiene que hacer. Y, en medio de todo ello, en Europa, con una falta de liderazgo notable«, apunta.

Está comprobado que cuando una sociedad que ha creado una clase media, un estado del bienestar con todas sus comodidades, ve peligrar todo esto surge la extrema derecha. «En España creíamos que era impensable. Algo inimaginable. Parte del voto a Vox se fundamenta en esa brecha de desafección, de alejamiento. El germen de todo esto es la clase media en proceso descendente«, recuerda Cazorla. La pandemia llega cuando se estaba empezando a superar una crisis económica brutal que ya había tambaleado todo el sistema.

La España de los balcones
Hay un estudio interesante que habrá que hacer en algún momento, avisan los investigadores sociales, que trate de ver la incidencia del covid y la posición social. Tanto desde un punto de vista sanitario, si hay una incidencia en el número de contagios y en la gravedad, si esto tiene que ver con la posición social. Pero también que analice los efectos de la pandemia sobre la ruptura de una paz social, de la destrucción de las expectativas de esa clase media. Aún es pronto para tener conclusiones, pero el malestar se vigila y no para de crecer.

Claro que, respecto a la primera ola y la España que salía cada día a los balcones, hay otro clima. «Los rasgos de una sociedad no cambian de un día para otro, no va a cambiar drásticamente de la primera a la segunda ola, aunque cada vez las sociedades son más volátiles, más líquidas y hay muchos actores en juego que también pueden influenciar o alterar este comportamiento«, avisa Cazorla. Apunta a los medios de comunicación y a lo ocurrido con la ya famosa fiesta de la entrega de premios de ‘El Español’, que mostró a los políticos en un encuentro de gala donde se cumplieron las medidas de seguridad y las restricciones, pero que los proyectaba de fiesta la semana que entraba el estado de alarma. «El calado mediático que pueda tener esto puede infuir en un comportamiento menos cívico de la ciudadanía, si ve que sus políticos no actúan correctamente. Hay que tener mucho cuidado con estos comportamientos y también con la proyección mediática, porque a veces también los medios pueden sobredimensionar mensajes y es peligroso porque se pueden estar alentando actitudes que no son constructivas. Estamos en una sociedad hipersensible«, señala el sociólogo de la Universidad granadina. La mañana después de los altercados de Pino Montano, vecinos, comerciantes, hosteleros del barrio a los que preguntó este periódico defendían el carácter pacífico de su malestar pero también dejaban claro que esas imágenes «de los políticos en los palacios como en una boda«, palabras textuales de una vecina que grabó los sucesos desde su ventana, eran «indignantes«.

Fuente: El Confidencial.

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