Nasser Bourita quiere tomarnos el pelo

Mohamed VI y Juan Carlos I.

Sáhara Occidental(España)
Diego Camacho (10/2/2021)
El ministro de Asuntos Exteriores marroquí Nasser Bourita escribía, en El Mundo el pasado 4 de febrero, un extenso artículo propagandístico sobre la decisión de Trump de reconocer la soberanía de Marruecos sobre el SÁhara occidental. La idea es llevar a la opinión pública española la racionalidad de una decisión que solo presenta ventajas para todos. Sus razonamientos se sustentan en premisas falsas o irrealizables y constituyen un ejercicio de blanqueamiento de la ocupación ilegítima del territorio, sustentada por el apoyo de los EEUU y Francia, con la complicidad cobarde de los gobiernos de España desde Arias Navarro en adelante. Veamos.

La soberanía de Marruecos sobre la última colonia española no promueve la estabilidad, como afirma Bourita, todo lo contrario, mientras parte del pueblo saharaui quiera ejercer su derecho a la autodeterminación, ninguna fuerza ajena puede secuestrar legítimamente ese derecho reconocido a todos los territorios no autónomos en el texto fundacional de la ONU, consideración que tiene el Sáhara occidental.

La ocupación por parte de Marruecos en 1975 fue un acto de fuerza ilegítimo, un nuevo acto colonialista en el que influyeron varios factores: la guerra fría, la hegemonía en el Magreb, la agonía del general Franco, la inestabilidad por la que atravesaban España y Portugal, la inestabilidad de Hasan II en el trono, la apuesta decidida de EEUU y Francia en apuntalar el trono alauí, la necesidad que tenía Juan Carlos I de apoyo internacional para subir al trono y que hizo que nuestras obligaciones como metrópoli fueran relegadas a un segundo plano y los fosfatos. Ante este cúmulo de circunstancias favorables para sus intereses, Hasan II supo aprovecharlo y generó un interés nacional en el reino que atenuó el descontento social y apaciguó a los que deseaban derrocarlo.

Los acuerdos de Madrid firmados por España con Marruecos y Mauritania fueron papel mojado, aunque sirvieran de coartada. La ONU nunca reconoció su validez.

El dictamen de la Corte Internacional de Justicia de la Haya fue claro al negar vínculos de soberanía histórica “de Marruecos o del conjunto mauritano sobre el Sáhara occidental” y por lo tanto dando validez internacional al derecho de autodeterminación del pueblo saharaui, como se reconocía en las múltiples Resoluciones de la ONU que habían sido aprobadas en los años anteriores. Este dictamen fue obviado por los EEUU gracias a la complicidad de Henry Kissinger, secretario de Estado, que preguntado por su presidente Gerald Ford le mintió con todo el descaro al decirle “que había sido favorable a Marruecos”. A partir de ese momento el apoyo factico de USA y Francia, con la colaboración silente de España, gozó de una falsa legitimidad que propició la marcha verde, los acuerdos de Madrid y la ocupación ilegal de un territorio no autónomo que debía estar protegido por la ONU, en lugar de ser sometido a una neo colonización apoyada por dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

La propaganda de Bourita se centra en la concesión de una autonomía caso de consolidarse la soberanía marroquí sobre el territorio y menciona las consultas del sultán con las diferentes administraciones norteamericanas, se le olvida mencionar las que también ha mantenido con el inquilino del palacio del Elíseo en París. Todas estas administraciones “han apoyado la autonomía como solución a este diferendo” sigue diciendo el ministro.

Un diferendo internacional existe cuando hay dos o más partes que litigan por la protección de sus derechos, no es el caso. El Sáhara occidental es un territorio no autónomo pendiente de descolonizar y con el derecho a la libre determinación mediante la convocatoria de un referéndum reconocido explícitamente:

En la Carta de la ONU (párrafo 2º del artículo 1º y artículos 55 y 56).

Según las Resoluciones de la Asamblea General con carácter general: 1.514, 2.160, 2.621, 2.625.

Según las Resoluciones de la Asamblea General específicas para el Sáhara: 2.072 (1965), 2.929 (1966), 2.354 (1967), 2.428 (1968), 2.591 (1969), 2.711 (1970), 2.983 (1972), 3.162 (1973), 3.292 (1974).

Según los dictámenes del Tribunal Internacional de Justicia: de 21 de junio de 1971 y de 16 de octubre de 1975.

Marruecos por su parte es un país que invade por la fuerza un territorio, organiza una colonización y edifica un muro de 1.500 Km. En definitiva, no existe diferendo internacional, sí existe un pueblo que es invadido y otro que es invasor con el único respaldo internacional que le prestan activamente dos miembros del Consejo de Seguridad y pasivamente la antigua metrópoli.

Una situación de facto, ilegítima y obtenida por la fuerza al margen de la legalidad internacional, no puede legitimarse por el tiempo transcurrido y por la violación continuada del Derecho. Hacerlo sería vaciar de contenido a la ONU y a la protección de los Derechos Humanos universales.

En relación con la autonomía propuesta por el sultán, Bourita sabe perfectamente que para conceder una autonomía es preciso, antes, poseer lo que se va a descentralizar.

Marruecos es una fuerza de ocupación no parte de un diferendo, al no tener ningún respaldo jurídico internacional.

También sabe el ministro marroquí que, con arreglo a la estructura del sultanato una autonomía real es impensable en su país. Marruecos tiene un régimen totalitario pues el poder ejecutivo, legislativo, judicial, religioso, la Defensa y las Relaciones Exteriores convergen en el sultán. Sí existe una superestructura, creada con la ayuda francesa, que da el pego a las personas mal informadas pues cuenta con su Constitución, con sus elecciones, con sus jueces y con sus partidos. Aunque toda decisión relevante en esos campos la toma el sultán, sin que exista ningún órgano independiente que pueda ejercer el mínimo control sobre el capricho del monarca. Una pérdida de poder por parte del rey marroquí, concesión de la autonomía que propone Bourita, supondría la disminución de su prestigio, la pérdida de su baraka y a corto plazo su estatus de Comendador de los creyentes. La prueba la tenemos en el tratamiento no autonómico dado al Rif, en los tres reinados desde la independencia, a pesar de los problemas que esa región ha ocasionado al Makhzen en más de 60 años.

Pero el mayor fracaso de Rabat respecto al Sáhara ha sido su incapacidad, en 45 años, de integrar a unos nómadas de su misma cultura y religión en su sociedad. La colonización del territorio o el intento de integración de los jóvenes en sus principales ciudades no ha funcionado al considerar a los saharauis como socialmente inferiores.

Nasser Bourita, ministro de Asuntos Exteriores.

Como he anotado más arriba, el esfuerzo diplomático marroquí se orienta a ser considerado como una de las partes del conflicto, cuando es la causa. Pretende un reconocimiento a una ocupación en base al tiempo que llevan allí y cuyo símbolo de aceptación por los hijos de las nubes es el muro construido con la ayuda de Israel.

Bourita en un verdadero alarde achaca a los críticos a la solución autonómica en “hacer caso omiso a las consecuencias humanitarias”. Parece olvidar los más de 500 saharauis desaparecidos antes de 1990, algunos de ellos lanzados desde helicóptero al océano Atlántico o enterrados en cal viva, como reconoció en 1982 un ministro de Hasan II. O la masacre del campamento de Gdeim Izik, a las afueras del Aaiún en 2010, en una operación conjunta de policías y colonos sobre unos saharauis indefensos.

Las piezas que le faltan a la diplomacia marroquí, después del apoyo obtenido por Trump, son dos: la primera que el presidente Biden no revoque la decisión de su predecesor, en contra de esa revocación actuará el lobby de los Clinton en base al respaldo incondicional de EEUU a Israel; la segunda que España como antigua metrópoli se adhiera a la solución autonómica propuesta por Rabat, de hacerlo el gobierno de Sánchez sería aventajado continuador de la política iniciada por Arias Navarro sobre el Sáhara.

N. de la R:
l autor es coronel del Ejército, Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense y escritor.





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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826

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