El vicepresidente Teodoro Nguema Obiang entrega ayudas en metálico a los damnuificados del 7M. Foto Oficina del PDGE.

Guinea Ecuatorial
Abaha (7/4/2021)
Datos oficiales, de la UNDAC (Departamento de Naciones Unidas para la Coordinación y Evaluación de Desastres), cifran el número de fallecidos en la catástrofe originada por las explosiones en el Cuartel Militar de Nkoantoma, en 107 personas. Y así lo informa esa institución: “107 personas perdieron la vida debido a las explosiones, que también causaron grandes daños en áreas residenciales y en el recinto militar. Más de 700 personas resultaron heridas, incluidas mujeres y niños, en el cuartel del ejército y en las zonas residenciales cercanas al complejo militar”. Dato que el régimen de Guinea Ecuatorial se ha apresurado a  hacerlos suyos.

La UNDAC ha hecho un profundo análisis sobre la trágica situación, del que se destaca que actualmente la zona donde se produjeron las explosiones puede tener contaminadas sus aguas debido a los resto dejados que se han esparcidos varios kilómetros. En el estudio se reconoce el problema del desplazamiento masivo de personas que habitaban en la zona que abarca el territorio dañado, en consecuencia cientos de personas se han desplazado hacia el interior del país. Y a estas alturas, después del fatídico 7M, muchas familias siguen viviendo en sus casas, dañadas por las explosiones, con peligro de derrumbarse.

Por otro lado, el problema sanitario y alimentario se ha visto seriamente agravado sin que hasta ahora haya habido una acción urgente y organizada para eliminar esas graves secuelas.

La misma fuente (UNDAC) informa que más de 6.000 niños y niñas han podido perder este curso escolar, sin que se vislumbre la reparación o construcción de 25 escuelas y centros de educación destruidos o parcialmente deteriorados a causa de las explosiones.

Cientos de heridos permanecen sin haber recibido atención hospitalaria y otros, que la habían recibido, se han visto obligados a volver por problemas sobrevenidos a causa de que sus heridas persisten y no mejoran. Además, varios cadáveres se encuentran sin identificar, aunque desconocemos si están en cámaras frigoríficas o no. Otro problema, no menor, se cierne sobre Bata y es la eliminación de los residuos sanitarios (vendas, jeringuillas, gasas, envases de medicamentos, etc.).

Si a esa serie de problemas unimos los infectados por la COVID, el panorama que se cierne sobre el pueblo guineano es bastante penoso. A estas alturas, desconocemos el número de personas que han sido vacunadas y si ese proceso continua o se ha paralizado. Ayer martes  se reunió con carácter urgente el Comité Político de Vigilancia y Respuesta a la Covid-19, que preside el vicepresidente Teodoro Nguema Obiang, para “optar nuevas estrategias que permitan limitar su propagación en el país”, ante el “notable incremento” del número de afectados.

En consecuencia, el gobierno guineano ha decretado el cierre de fronteras durante tres semanas a partir del día 15 de este mes.

Sabemos de las dificultades que entraña dar respuesta a una tragedia como la sufrida por la población de Bata, pero lo que es incalificable es la falta de una acción inmediata, eficiente y eficaz. Y eso es lo que está sucediendo en el país.

Las cosas no se arreglan echando la culpa a otros, sino más bien aplicándose en la labor de analizar la situación, tomar medidas y actuar en consecuencia.

Si el clan de Obiang (familia, amigos y lobistas) ha “ganado mucho dinero”, conseguido por su cercanía al poder y la corrupción, y hm podido edificar palacios suntuosos, comprarse yates, aviones, coches de alta gama, innumerables de lujo dentro y, sobre todo, fuera del país, deben poner dinero ahora para restablecer las heridas (físicas, síquicas y económicas) causadas al pueblo guineano por esa tragedia.

Si han tenido dinero para pagar las informaciones y “trabajos” que les ha hecho el excomisario Villarejo y otros, deben tenerlo para evitar la otra pandemia que puede venir, la de la desnutrición, la de no tener donde vivir, la carencia de una sanidad que cure sus heridas y trate de evitarles ser contagiados por la Covid; dotándoles de mascarillas, geles hidroalcohólicos y vacunas. ¡Para todo eso hace falta dinero!

Si en su lucha por el poder,  Teodoro Nguema Obiang (Teodorín) y su hermano  Gabriel Mbaga Obiang Lima, gastan ingentes cantidades de dinero en conseguir “informaciones” y en difundir “desinformaciones”, y en contratar a importantes despachos de abogados, deben poner dinero para ayudar a su pueblo. Si hay dinero para tratar de impedir que Cándido Nsue y Crispín Edu Tomo comparezcan ante la Audiencia Nacional de España, justo es que lo haya para construir escuelas para los niños y niñas de Guinea Ecuatorial y para reparar o hacer nuevas viviendas para sus familias.

¿Competirá Gabriel Mbaga Obiang Lima, ministro de Petróleo de Guinea Ecuatorial con su hermano, entregando dinero a los damnificados?

Presionado el gobierno guineano por su ineficacia en la gestión de la pandemia y de la catástrofe del 7M, se ha visto obligado a efectuar “gestos” para tratar de calmar el descontento y el malestar del pueblo. Y ¿qué mejor acción que entregarles un dinerillo? Dicho y hecho. El vicepresidente guineano organizó, con toda la parafernalia del régimen, una Mesa, presidida por él, que estaba llena de cajitas de plástico amontonadas, con dinero dentro –desconocemos la cantidad-, para entregarlas a los damnificados del 7M. Desconocemos de qué ministerio ha salido ese dinero, a qué partida presupuestaria se asigna, y qué trámites administrativos ha llevado.

¿Se imaginan ustedes, queridos lectores, en un país medianamente serio, que el vicepresidente o cualquier ministro, presida una mesa para entregar “cajitas de plástico” con dinero a damnificados  por una catástrofe?

Fotos y más fotos, aplausos, desfile de damnificados, risas, humillaciones… Todo una clara muestra de la incapacidad del régimen para controlar, coordinar y solucionar los problemas causados por su mala y larga actuación durante más de cuarenta años y ahora sobrevenida por la pandemia y los sucesos del 7M.

Es penoso, pero clarificador de la situación de Guinea Ecuatorial, ver a la presidenta de la Fundación Constancia Mangue M´Nsue Okomo, la primera dama, Constancia Mangue de Obiang, entregando “ayudas” a los damnificados. Madre e hijo parecen querer emular la acción de Cáritas Diocesanas. Penoso, lamentable y, sobre todo, vergonzoso.

En breve, la visita del vicepresidente a cuarteles militares, la irrupción de Israel, el viaje del presidente del Gobierno español Pedro Sánchez a Angola y Senegal,  y, sobre todo la segunda parte de los clanes que luchan por el poder.