MIBURSO

Sáhara Occidental
Brahim Baba Yosef
(5/11/2025)
El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas centró la atención internacional la semana pasada tras celebrar intensas sesiones destinadas a decidir sobre la renovación de la MINURSO, la misión encargada del organización de un referéndum en el Sáhara Occidental. El proceso estuvo marcado por fuertes tensiones diplomáticas y posiciones encontradas entre los Estados miembros.

Desde la presentación del primer borrador, quedó patente el intento de Estados Unidos -autor del texto- junto a Francia y en apoyo a Marruecos, orientar la resolución hacia una prórroga de tres meses y reforzar la propuesta marroquí de autonomía como única vía negociadora. Sin embargo, la mayoría del Consejo rechazó ese enfoque, exigiendo modificaciones para ajustarse al marco legal de la ONU y a las resoluciones previas sobre el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui.

Un segundo borrador, que ampliaba el mandato a seis meses, también encontró resistencia, especialmente por parte de Argelia, Rusia y China. posibilidad de un veto ruso, Washington presentó una tercera versión que finalmente fue aprobada: una prórroga de un año que mantiene la misión y abre la puerta a alternativas más allá de la autonomía.

Marruecos celebró la resolución como un éxito diplomático, al interpretar que refuerza su propuesta de autonomía como base de negociación. Por su parte, el Frente Polisario valoró positivamente la renovación, pero insistió en que no participará en ningún proceso que no contemple claramente el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación mediante un referéndum.

Pese a la aprobación, analistas señalan que el texto presenta ambigüedades y que su aplicación será compleja. El principal desafío radica en conciliar los conceptos de autonomía y autodeterminación, una cuestión jurídica que seguirá generando debate en el futuro.

Tras examinar detenidamente la resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y los resultados de la votación, pueden extraerse diversas conclusiones relevantes. En primer lugar, la abstención de Rusia y China puede interpretarse como un veto implícito, lo que evidencia que el texto no goza de consenso internacional pleno.

En segundo término, la renovación del mandato de la MINURSO por un periodo anual, manteniendo sus atribuciones tradicionales, pone de manifiesto el fracaso de la narrativa marroquí que buscaba limitar la misión o reorientar su naturaleza. Asimismo, la definición expresa de las partes en conflicto supone un revés para el discurso oficial de Marruecos, que intenta incorporar a Argelia como parte directa en la discusión.

Finalmente, la mención al derecho a la autodeterminación en dos oportunidades -aunque vinculada al concepto de autonomía- refleja que la decisión última sobre el futuro del territorio corresponde al pueblo saharaui, conforme al derecho internacional y al marco de descolonización de la ONU.

Lo cierto es que, más de cinco décadas después del inicio del conflicto, la cuestión del Sáhara Occidental continúa siendo considerada por la ONU como un proceso de descolonización pendiente. Y mientras las grandes potencias intentan influir en el proceso de descolonización, el Frente Polisario reafirma su determinación a seguir defendiendo, por medios políticos y legítimos, lo que considera un derecho irrenunciable: la independencia del pueblo saharaui.

 


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