
Sin Acritud…
Ángel Luis Martín (30/11/2025)
Durante una conversación con un buen y querido amigo, marxista- leninista-estalinista, se me ocurrió mentar a Hanna Arendt. La reacción de éste fue fulgurante:
-Una sionista, una burguesa.
Pensé que últimamente se estaba produciendo la muy peligrosa confusión de aunar judaísmo con sionismo y que al ser judía Arendt, mi amigo se deslizaba por esa pendiente simplificadora. Pero solo le manifesté mi duda sobre el supuesto sionismo. Más tarde y al abrigo de la tranquilidad, decidí investigar sobre el asunto. El resultado, consultadas diversas fuentes, se lo transmití a mi amigo:
No, Hanna Arendt no fue sionista; incluso fue calificada como antisionista por criticar la fundación de Israel y la conculcación de los derechos del pueblo palestino.
No hubo contestación, así que me remití al consabido quien calla, otorga.
En aquella conversación y tras la acusación pasional a Hanna Arendt, llevado por un afán provocador, le dije a mi amigo que solo le faltaba afirmar que la pobre Arendt también, además de sionista, podría ser trotsquista. Esta vez, el color rojo cubrió la piel de su rostro y se le dilataron las pupilas:
–Trotski fue un traidor, un burgués.
-Pero si fue el creador y el máximo dirigente del Ejército Rojo que hizo posible el triunfo de la Revolución.
-Un traidor.
Movido por la curiosidad, quise indagar sobre Hanna Arendt:
Vivió de 1906 a 1975, autora de obras de gran importancia como “Los orígenes del Totalitarismo” (entonces recordé que fue esa palabra, totalitarismo, la que indignó a mi amigo porque, según él, era una acuñación burguesa y capitalista).
La aplicación del concepto “totalitarismo” por parte de Hanna Arendt tanto al nazismo como al estalinismo, sin duda, debía tener mucho que ver con la animadversión de mi amigo.
Lo realmente curioso y paradójico es que este concepto no fue inventado por esta autora sino por resistentes al fascismo italiano y por un destacado marxista como Antonio Gramsci.
Mussolini hizo suyo el concepto y lo incorporó a su ideario, enalteciéndolo sin rubor.
Mi amigo no hizo comentarios al respecto y optó por el silencio.
En cuanto al “burguesismo” de Arendt, habría que establecer un inusitado paralelismo con Rosa Luxemburgo, también mujer, judía y rechazada por el mismo sanedrín dogmático que profesa un credo vaticanista, eclesial y diríase que papal pese a su ateísmo: una pretendida ciencia social, mecánica y determinista, una pseudociencia, en realidad, que llaman materialismo histórico.
Pero Rosa Luxemburgo es una marxista absoluta aunque herética y Arendt, profesa un republicanismo democrático radical que defiende el desarrollo de organizaciones sociales ciudadanas de tipo horizontal que protejan la libertad y los derechos, que controlen a los políticos y al Estado. A semejanza de Rosa Luxemburgo, salvando la ideología revolucionaria de ésta.
Es Antonio Gramsci el que escribe sobre la necesidad de realizar alianzas con otros grupos sociales para construir una hegemonía nueva que sustituya al capitalismo.
El dogmatismo produce totalitarismos y éstos producen dolor y sufrimiento. No existen los herejes, existen los tiranos sociópatas.
Hanna Arendt descubrió el sostén del Mal, su banalidad; la facilidad con la que el tirano o el Sistema incrusta en las mentes la docilidad y la normalización de lo execrable.
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