Yoismo.

España
Eva Mayen (20/4/2026)
El problema no es la primera persona pues es legítimo su uso. Es un recurso literario de comprobada eficacia, utilizado por grandes escritores y muy originales articulistas, desde Mariano José de Larra a Paco Umbral.

En el caso que nos ocupa, el artículo de Esteban Cabal, el llamado “yoísmo” no es un recurso, es un refugio. Cada párrafo, o siendo benevolentes, cada tres párrafos, gira en torno a una vivencia del autor autoafirmante de sí mismo. Sin ánimo de transgredir las buenas maneras pero a falta de otro vocablo, no queda más remedio que llamarlo, de forma cortés, petulancia.

El artículo de marras queda así enmarcado, en refugio del monólogo complaciente muy alejado de lo que podría haber sido una mirada singular.

Súmase el tono sentencioso, la ausencia de profundidad sin desarrollo ni tensión intelectual.

Cuando lo manido, llevado a altas cotas de vanidad, es expuesto y escrito, queda solo el sonrojo del lector; la cruda evidencia de los resultados que las egolatrías desenfrenadas producen; la ceguera insana ante la propia obra, ajena al pudor de uno mismo. Los efectos del “yoísmo” son perniciosos y penosos.

El artículo, apenas puede aspirar a otra cosa que a ser olvidado con la misma rapidez que se consume.

Si la profundidad fuese un requisito, no pasaría de charco en verano; aunque el autor lo considere océano de talento. Diríase que confunde eco con talento: se escucha mucho pero no dice nada.

De esta manera, entre tanta primera persona y muy menguada sustancia, logra el milagro de escribir mucho sobre sí mismo y poco o nada de relevancia sobre todo lo demás.


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