España, 22-02-2018

En contra de lo que se cree, a veces la realidad supera a la ficción: La Bandera de Tischla

Foro del sargento Brahim Burgi hecha en los Campamentos de Refugiados Saharauis, donde murió no hace muchos años. La guerra no pudo con él, pero sí una motocicleta.

Sáhara Occidental
Javier Perote (13/12/2017)
Hace tiempo, cuando los mozos iban a la mili, lo peor que les podía tocar era África.  África era la guerra, el Barranco del Lobo. En las calles, las niñas saltaban a la comba cantando:… “Pobrecitas madres cuanto llorarán al ver que sus hijos a la guerra van” …. y seguía y seguía.

Tischla está al sur del antiguo Sáhara Español en  el Tiris al Garbía. Tierra de luz y sol. Allí no llegó la guerra de Marruecos, pero años después, en el 58, sí hubo enfrentamientos  con  numerosas  bandas armadas ─ el  Ejército de Liberación─. Un tal Ben Hammu las mandaba.

Algunos puestos españoles esparcidos por el desierto quedaban indefensos y se temía  repetir un nuevo Anual -España ya tenía en su historia numerosos héroes; no hacían falta más- se dio la orden de abandonar algunos, y que  otros quedasen guarnecidos solamente por tropas nativas.

Burgi, el sargento al mando del destacamento de Tischla,  no entendía que para defender en el Sáhara los intereses de España se retirase precisamente a los soldados españoles y abandonasen solos y casi desarmados a los soldados saharauis. Parecía que debía ser al revés. Pero Burgi era militar  y aunque no le gustó ni entendió, acató la orden y se mantuvo en su puesto.

El Comandante Troncoso, durante un vuelo de reconocimiento, pudo observar que en Tischla aún ondeaba la bandera española. Se suponía que el puesto ya debía de haber sido abandonado pero, al parecer, no era así.

¿Quién era aquella gente alborozada que desde tierra hacían señas al avión con los brazos en alto?

¡Es Burgi mi comandante, seguro que es él!─ las palabras salían emocionadas.

Estaban rodeados pero, Troncoso no se lo pensó dos veces y ordenó al piloto tomar tierra.

¡Vamos a rescatarlos!

Yo no puedo hacer eso mi comandante, me juego la carrera.

Troncoso hizo ver su condición de Delegado del Gobierno y se impuso. Al piloto le costó poco aceptar la orden; en el fondo, también le gustaba la idea de rescatar a aquellos compañeros. Minutos después, levantando pequeñas nubes de polvo, el avión rodaba por la pista hasta las puertas del fuerte. El piloto no para los motores, pues no es seguro que los pueda arrancar otra vez. Un grupo de saharauis se acerca a la carrera gritando.

¿Quiénes son?

¡Peligro! ¡Ya están cerca! ¡Calma!, son los nuestros pero no está Brahim.

¿Qué ha ocurrido? La situación es crítica, eléctrica, y los nervios van a estallar. Es imposible esperar más, están rodeados. Por fin aparece el sargento, lleva un envoltorio en las manos.

Ya en el avión, le reprocha el comandante la tardanza.

Vamos a ver Brahim: ¿Se puede saber dónde te habías metido…? ¡Menudo susto nos has dado!

Javier Perote en los Campamentos de Refugiados Saharauis.

Brahim Sidahmed uld Burgui, sargento de la Policía Territorial, una vez calmada la tensión tras el reciente ajetreo, deshace con calma el envoltorio que llevaba en las manos y muestra al comandante la bandera que escasos minutos antes ondeaba en el mástil  del fuerte. Brahim se había retrasado para arriarla con los debidos honores y que no cayera en manos del enemigo. Brahim no podía abandonarlo todo y salir corriendo, porque lo que de él se esperaba era todo lo contrario.

Hay quién ha puesto interés en hacer ver que Brahim obró movido por su  gran patriotismo y amor a España, que seguro que sí lo tenía. Pero lo que hizo Brahim, probablemente tuvo más que ver con un gran amor a su propia dignidad.

Brahim Burgi estaba seguro de que no les abandonarían; siempre creyó que Troncoso iría a rescatarlos.

Brahim merece un respetuoso recuerdo.

“Alah Yarhamuca”.

Nota del autor:
Este relato, en que de nuevo se juntan tres reyes magos: el comandante, el piloto y el sargento, parece un cuento de Navidad. Pero no fue un cuento, fue verdad. Felices Fiestas.


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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826