El FMI, la comunidad internacional y una transición política en paz y libertad

Vladimir Putin con Teodoro Obiang Nguema y su mujer en la primera cumbre Rusia-África

Guinea Ecuatorial
Abaha (23/10/2019)
El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha descrito la situación de Argentina como más que penosa, y eso que Macri era, y debe ser todavía,  su hombre para dirigir los designios de ese país. Ahora, el FMI ha clasificado a Argentina como la séptima economía del mundo con recesión profunda, situándose en el de más inflación después de Venezuela, Zimbabue, Libia, Irán, Nicaragua y Guinea Ecuatorial. A estas alturas nadie puede negar que cuando el FMI entra en un país para prestar su “ayuda”, ese país acaba más en la ruina de lo que estaba.

En su informe sobre las Perspectivas de la Economía Mundial, el FMI prevé un crecimiento económico en 2020 para todos los países africanos de habla portuguesa (CPLP), con la excepción de Guinea Ecuatorial, que lleva en recesión desde el año 2015 y que está previsto que dure, como menos, hasta 2024. El FMI sitúa a Guinea Ecuatorial dentro de la CPLP, algo que nos parece ilógico e irreal, pero es así.

La recesión en Guinea Ecuatorial camina de forma imparable sin que nadie pueda predecir sus consecuencias, que, sin duda, acabarán inexorablemente en un cambio político.

Para Guinea Ecuatorial, el FMI estima que seguirá con un crecimiento negativo hasta 2024, “manteniendo la serie de tasas de expansión negativas del PIB que comenzó en 2013, con una interrupción en 2014”.

Con esas negras perspectivas, Teodoro Obiang Nguema necesita con urgencia un préstamo del FMI para aguantar estos negros años que s ele avecinan. Situación que se une a la precaria salud del dictador y la escasa aceptación que tiene su heredero Teodorín (Teodoro Nguema Obiang), cuestionado dentro y fuera del país.

Con los consejos que le dan sus “amigos” españoles –entre ellos Miguel Ángel Moratinos, José Bono y José Luis Rodríguez Zapatero– y sus asesores internos, Obiang Nguema trata de mostrar una imagen de su régimen lo más cercana al resto de los países de su entorno, pero fracasa en ello. Su despiadado sistema de gobernar le impide lograr cualquier mejora.

La menor crítica que surge en su entorno la solventa el dictador con absoluta crueldad. No admite la disidencia. Y, por si fuera poco, los enfrentamientos por el control de las empresas estatales o privadas, no hace más que aflorar la avaricia y la codicia de la familia Obiang y su entorno político.

Las soluciones nada salomónicas de Obiang Nguema, para solucionar esas trifulcas por el dinero siempre acaban con la cárcel, la tortura o la desaparición de los más lejanos de su entorno. La familia es la familia. Y de momento, los únicos vencedores.

Presionado por el exterior, Obiang se ha visto obligado a tratar de acercar  a su entorno a cierto sector de la oposición en la diáspora, sobre todo en España. Las llamadas Mesa de Diálogo –van ya seis- han sido un auténtico fiasco, aunque en la última de ellas, con el apoyo de la Unión Africana, su apuesta fue más firme que nunca. El dictador quería a toda costa sentar en su Mesa a destacados líderes guineanos. Si lo conseguía, el FMI y las demás instituciones internacionales le apoyarían.

El angoleño Sebastiao Da Silva Isata, recién elegido presidente de la CDI (Comisión de Derecho Internacional) de la Unión Africana fue el encargado de hacer las gestiones necesarias para llevar a puerto ese objetivo. Con la bolsa llena de dinero y promesas se reunió en tres ocasiones con varios líderes de grupos políticos opositores al dictador guineano. Dos de esas reuniones tuvieron lugar en París, la tercera en Madrid, en un hotel de la cadena NC cerca de la estación de Atocha.

El ofrecimiento del político angoleño fue que los opositores guineanos acudieran a Malabo para ocupar su silla en la Mesa de Diálogo organizada por el dictador Obiang Nguema. En el intercambio de opiniones de unos y otros, surgió la petición de uno de los asistentes de que irían a cambio de 20 millones de euros. La propuesta dejó boquiabiertos a todos. Nadie sabía nada de esa propuesta ni se había hablado anteriormente de ello. Fue una “espontaneidad”.

Teodoro Nguema Obiang, Teodorín, militar a dedo.

Da Silva Isata dijo que se lo transmitiría a Obiang Nguema. Con seguridad lo hizo, pero el asunto no avanzó pues el dictador quería que los líderes guineanos fueran a Malabo y allí se negociaría todo. A partir de ahí, hubo un cierto desencuentro entre algunos opositores. Nos reservamos, de momento, algunos datos sobre todo ello, ya que no queremos dañar la Mesa de Diálogo de la Oposición que se está fraguando.

El MLGE III R (Movimiento de Liberación de Guinea Ecuatorial III República) cumplió el 20 de Octubre un año de su presentación oficial en España, aunque se creó en 2015 en Guinea Ecuatorial, donde funcionó clandestinamente.

El Partido del Progreso se pregunta en un artículo publicado en su página de internet, si se dan las condiciones para un proceso de tal calibre como es el de una transición en paz y libertad. Y, lamentándolo mucho, tenemos que decirle que no se dan esas condiciones. Quizás de ahí venga su apuesta por recurrir a algo tan etéreo como es la comunidad internacional.

La Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, enuncia cada uno de sus artículos así: “Toda persona tiene derecho a…”.  Pero si casi ninguno de esos derechos –por no decir todos-, se cumplen, ¿qué hacer? ¿Poner la otra mejilla?

El caso es que ya no nos quedan mejillas que poner. Pero hay otras opciones.





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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826

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